Opinión

Río revuelto en las elecciones de EUA

Ambos partidos parecen estar profundamente fragmentados.

  • 25/04/2016
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Las victorias aplastantes de Hillary Clinton y Donald Trump en las elecciones primarias en Nueva York hacen fácil olvidarnos qué tan frágiles andan las campañas de ambos candidatos punteros en los dos partidos grandes de los Estados Unidos. Sin duda, llevan la delantera para ganar la candidatura presidencial, cada uno, de su partido, pero su camino hacia adelante está minado y peligroso para navegar.

 

En el caso de los demócratas, el peligro es un poco menor, porque Clinton tiene casi asegurado ganar la candidatura por la cantidad de votos y delegados que ha ido sumando. Pero su contrincante, Bernie Sanders, ha motivado sectores importantes del partido -jóvenes, obreros y votantes blancos en el centro y norte del país- que Clinton necesita recuperar para la campaña general contra el candidato que salga de la convención republicana. Todavía no es claro que Clinton tenga ni el deseo ni la forma para ir cerrando las cicatrices en el partido que ha dejado la precampaña, lo cual la puede dejar vulnerable en la elección general.

 

Sin embargo, es en el Partido Republicano donde la incertidumbre es mucho más honda. Ahí, Donald Trump tiene una ventaja irreversible en votos frente a su contrincante principal Ted Cruz, pero es poco probable que llegue a la convención republicana con la mayoría absoluta de delegados que se necesitan para ganar la candidatura en la primera vuelta. Y ahí radica su problema central.

 

Si bien Trump ganará el mayor número de votos en la primera ronda de la convención, una vez que pase esa ronda, la mayoría de delegados tienen libertad para votar su conciencia. Resulta que muchos de los delegados seleccionados para representar a sus estados, si bien están obligados a votar por Trump en la primera ronda, por el apoyo que recibió en la votación popular, no son afines a él. Muchos son líderes republicanos estatales y locales quienes prefieren a Cruz o John Kasich, el tercero en discordia en la competencia. Muchos de estos líderes no consideran a Trump como un republicano de hueso colorado y harían todo lo posible por parar su candidatura.

 

Así que si Trump no llega a tener mayoría absoluta en la primera ronda de votaciones entre delegados en la convención, muchos de los delegados podrían empezar a cambiar su voto a otro candidato, y hay indicios de que muchos de estos delegados lo harían para Cruz o Kasich. La posibilidad de una convención peleada y fracturada empieza a cobrar relevancia.

 

No es seguro que esto pasará. Si Trump cierra fuerte en las últimas elecciones primarias, es muy posible que los delegados se sientan obligados a apoyarlo en búsqueda de la unidad en el partido. Pero si no cierra fuerte, los delegados pueden rebelarse contra él y tratar de imponer un candidato más afín a sus valores.

 

Y entonces hay una serie de incógnitas. ¿A quién apoyarían que podría llegar a tener una mayoría de delegados de la convención? ¿Trump aceptaría una derrota después de haber ganado el número más importante de votos en las elecciones populares? ¿Se divide el partido republicano?

 

Este año, ambos partidos parecen estar profundamente fragmentados, con sectores más afines a la tradición partidaria y otros afines a mensajes populistas que prometen cambios radicales en el status quo. A final de cuentas, no sólo importa quién gana la candidatura de cada partido, pero si también puede ganar las simpatías de los seguidores de los otros precandidatos de su partido. Si no, quien salga ganador en la convención puede resultar perdedor en las elecciones generales de Noviembre.

 

@SeleeAndrew

@OpinionLSR

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