Opinión

Ricky Riquín Canallín

¿Qué sucedería si Ricardo Anaya quisiera retomar su vida política? | Jorge Ramos Pérez

  • 05/08/2019
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Al paso del tiempo, en el aún joven sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador, diversos personajes con quienes tuvo clara enemistad están viendo con horror que la Fiscalía General de la República (FGR) trae la espada desenvainada.

Rosario Robles está en la picota. Enredada en el escandaloso asunto de los sobornos del empresario Carlos Ahumada, video escándalo que tiró a René Bejarano de la poderosa Secretaría particular de López Obrador en el gobierno de la Ciudad de México en el lejano 2004, la ex colaboradora de Peña Nieto hoy está en la mira.

Juan Collado, puente entre Ahumada y el ex presidente Carlos Salinas, con quien supuestamente se urdió la trama de los videoescándalos, está preso. Y en la orden de aprehensión girada en su contra aparecen embarrados lo mismo Carlos Salinas que Peña Nieto.

Curiosamente, esta semana se publicó en la prensa que se revivió un viejo caso de presunta extorsión o cobro indebido de Ahumada al PRD a través de un documento firmado en blanco por Robles. La Fiscalía General de la República de nuevo apareció en escena.

Si bien es cierto que los personajes señalados difícilmente son defendibles, también es llamativo que hayan estado involucrados en aquella vieja historia que quiso descarrilar la candidatura presidencial de López Obrador en 2006. Polvos de aquellos lodos.

Roberto Rock, en su libro La historia detrás del desastre. Crónica de una herencia envenenada, relata el reencuentro tras el divorcio entre Peña Nieto y Ricardo Anaya Cortés, ex candidato del PAN y sus aliados a la presidencia en 2018. Se reunieron durante 30 minutos pasada la elección en la que López Obrador los pulverizó y convirtió en la oposición más enana.

“Funcionarios de la PGR aseguraron que tuvieron pruebas para someter a juicio penal al también ex dirigente nacional del PAN por lavado de dinero y por mentir a la autoridad judicial, para lo cual solicitaron el aval de la Presidencia como siempre que se trataba de asuntos sensiblemente políticos. Esa autorización nunca llegó. En los hechos, el caso se congeló”, describe Rock.

En mayo de 2018, durante el segundo debate entre presidenciables, López Obrador asestó una de las frases inolvidables en torno a Anaya: Ricky Riquín Canallín.

Tras las elecciones, López Obrador se reunió con José Antonio Meade, su adversario del PRI. Tuvo palabras elogiosas para él. Y cuando se le preguntó por qué no hacía lo mismo con Anaya simplemente dio excusas.

¿Qué sucedería si Ricky Riquín Canallín quisiera retomar su vida política? ¿También sacarán el expediente que Peña Nieto congeló?

Punto y aparte. La presidencia del Senado está en la batalla. En las últimas semanas muchos senadores han ido a sus estados a rendir informes de labores. Así llaman a esas pasarelas. Nos cuentan que en una de ellas les llegó una señal del cielo: habrá designación. ¿Martí Batres será el elegido de nuevo?

Punto final. López Obrador insistió esta semana en que Felipe Calderón inició torpemente la guerra contra el narco. Lázaro Cárdenas Batel, jefe de asesores de López Obrador, era gobernador de Michoacán en 2006 cuando pidió al entonces presidente electo Calderón que rescatara a su estado natal. Y apenas arrancando el sexenio, Calderón envió al Ejército a ese estado. Lo que siguió después fue la más fracasada estrategia contra el crimen. Quizá Cárdenas Batel tenga otros datos que contar a su actual jefe de lo que ocurrió entonces. Otros polvos de aquellos lodos.