Opinión

¿Resolver o ganar?

La gestión efectiva de una crisis no debe verse afectada por los intereses o aspiraciones personales de los líderes. | José Antonio Sosa Plata

  • 15/10/2020
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El número de enfermos y muertos ocasionados por la pandemia del covid-19 en México es una tragedia. No se puede calificar de otra manera. La situación tampoco admite matices retóricos cuyo propósito es tratar de ocultar tan lamentable realidad. Sin embargo, éste y otros acontecimientos dramáticos por los que ha pasado el país durante los últimos años han acentuado su uso político con fines electorales.

Hay que reiterarlo. La politización de los efectos ocasionados por fenómenos naturales, económicos y sociales es algo normal en la democracia. Lo que no es conveniente ni aceptable es que se rebasen los límites legales o éticos de los sucesos, sobre todo cuando se afectan en forma negativa las acciones que se requieren para resolverlos.

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La experiencia ha demostrado que durante una crisis larga, compleja e incierta como la que hoy enfrentamos es poco recomendable mantener una agenda concentrada solo en los temas que se derivan de ésta. De la misma manera, es preciso mostrar que la situación está bajo control y que las instituciones del país siguen funcionando, a pesar de las limitaciones que genera la propia crisis.

En contraste, lo que estamos viendo en algunas de las noticias políticas de los últimos días es un contrasentido. No corresponden con la lógica de una estrategia profesional. Pero lo peor son las consecuencias que la ambición de algunos personajes está dejando en la sociedad cuando anteponen el objetivo de ganar posiciones en las elecciones del próximo año, y no de resolver la problemática tan delicada en la que aún estamos.

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La polarización y el choque de opiniones son parte de la normalidad política. Cierto. Pero cuando los problemas son complejos, casi nunca los procesos de gestión para resolverlos resultan tranquilos o pacíficos. En ocasiones, incluso, se recurre a la violencia física, la presión, la mentira o el chantaje. También a la desinformación y a la difusión de noticias falsas. 

Por eso, lo que algunos personajes políticos no logran entender es que este tipo de pleitos solo logran afectar aún más la alta sensibilidad social que existe cuando se vive una crisis. Evadir la responsabilidad, tratar de desviar la atención o de plano no aceptar la magnitud de los problemas es lo que menos les conviene en términos de imagen y reputación. Más si se considera que el impacto de las emergencias y desastres “afectan la vida y la salud de las personas, los bienes patrimoniales, el medio ambiente y el desarrollo económico” (Jimeno: 2018).

Si quieres aprender más: Manuel Jimeno Aranguez. La función de inteligencia en la gestión de emergencias y catástrofes. Documento de trabajo del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional. España, Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEE), Septiembre de 2018.

Hay quienes todavía no lo aceptan. Pero lo cierto es que no gana mucho quien solo reclama, obstaculiza o insulta. Quien ve a un enemigo en cada adversario. Quien se aferra a tener siempre la verdad absoluta y la razón. Quien no acepta con facilidad la crítica, mucho menos los cuestionamientos. Quien piensa que su labor consiste exclusivamente en descalificar, en provocar o se concentra solo en los errores cometidos por el adversario.

La crisis de liderazgos que se vive en el país se explica en buena medida por la falta de visión y de capacidad para hacer propuestas viables para mejorar la calidad de vida de la mayoría. La congruencia de los gobernantes y sus opositores nada tiene que ver con su capacidad para adaptarse a las nuevas circunstancias. Si la realidad cambia en el escenario convulso de una crisis, es plenamente justificable corregir las ideas y ajustar o cambiar las propuestas de solución en vez de aferrarse una y otra vez a lo dicho.

Te recomendamos: Rafael G. Vargas Pasaye y Armando Rocha. "La politización de la vocería de crisis". Este País, 24 Agosto 2020.

Los estudios internacionales que se han realizado en materia de información y gestión en situaciones de emergencias y desastres han documentado experiencias y proyectos concretos para elaborar estrategias, tácticas y narrativas. Después de varias décadas de aprendizaje continuo, no es necesario “descubrir el hilo negro”.  Abundan los diagnósticos y propuestas de las y los especialistas en la materia.

Por lo tanto, antes de dar inicio a las acciones polarizadoras o de conflictos estériles y peligrosos, se recomienda revisar y replantear las estrategias de choque. Aunque parezca una obviedad, en escenarios de crisis lo que más conviene es resolver primero la crisis. Existen modelos y fórmulas creativas que permiten conciliar la búsqueda de los mejores resultados con la lucha por el poder.

Consulta: Gestión de la información y comunicación en emergencias y desastres. Guía para equipos de respuesta. Organización Panamericana de la Salud, Panamá, Julio 2009.

Quien se aprovecha sin límites o escrúpulos de una emergencia para desacreditar o derrotar al adversario, no tendrá la legitimidad para gobernar. Y sin legitimidad, el riesgo de la ingobernabilidad o de la falta de apoyo ciudadano siempre estará presente.

En tiempos de crisis, lo que verdaderamente importa es dar los mejores resultados posibles. La confianza y la credibilidad se incrementan cuando se incide directa o indirectamente en las soluciones; cuando se respetan las leyes y se cumplen las reglas; cuando se negocia y se debate en un marco de respeto y civilidad; cuando se logra la empatía y la mejor interlocución con todas y todos, incluidos los adversarios.

Recomendación editorial: Ignacio Jiménez Soler. La nueva desinformación. Barcelona, Universitat Oberta de Catalunya (UOC), 2020.

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