Ha concluido la primera mitad de la campaña, y el PRI no ha podido superar el tercer lugar en que lo ubican prácticamente todas las encuestas -salvo alguna que otra que lejos de generar una percepción de crecimiento más bien provoca suspicacia- aunque con diferentes márgenes respecto a quienes ocupan los primeros lugares.

Ayotzinapa y la Casa Blanca

Los analistas coinciden en que si bien el candidato de la coalición "Todos por México" no cuenta con una personalidad atractiva para la ciudadanía y que su estrategia de campaña dista mucho de ser atinada -por el contrario, parece que ha ido dando tumbos mandando señales encontradas, pues por momentos pretenden presentarlo como un ciudadano sin partido para luego "arroparlo" con personajes sumamente cuestionados que además reflejan lo más rancio del corporativismo priísta-, el problema en realidad no radica tanto en José Antonio Meade a quien incluso se le reconocen algunos atributos positivos que no son fáciles de encontrar en el medio político.

El lastre que arrastra la campaña de Meade, y que se considera sumamente difícil de superar, está en el enorme rechazo al gobierno del partido que lo postula y en particular del Presidente Peña Nieto quien tiene el nivel más bajo de aprobación en la historia, los escándalos de corrupción protagonizados por gobernadores que en algún momento se les llegó a presumir como los ejemplos del "nuevo PRI". Tampoco se puede pasar por alto la "casa blanca" de la esposa del primer mandatario, la desaparición de 43 estudiantes en Iguala o el socavón de Morelos, por mencionar tan sólo algunos casos que fueron detonando el rechazo de la sociedad, y que han hundido la campaña del candidato oficial a la que no se le conceden muchas posibilidades de resurgir.

Estado de México

Por eso no se entiende que hace unos días, en un evento en el Estado de México que se anunció como el relanzamiento de la campaña, Meade haya pedido a la militancia tricolor que lo ayudaran a repetir la "hazaña" de ganar las elecciones por la gubernatura de ese estado el año pasado, pues representa precisamente esa forma de hacer política y de operar campañas con la que la gente está harta, contrastando con la imagen que se supone busca proyectar.

Recordemos que esa ha sido una de las elecciones más cuestionadas de los últimos tiempos por la injerencia gubernamental, la utilización de programas sociales manipulando la situación de pobreza de millones de mexiquenses así como por el abuso del aparato de justicia para atacar a la oposición -que al parecer también han tratado de aplicar, aunque infructuosamente en la elección presidencial-.

Sin duda los resultados en el Estado de México fueron una bocanada de oxígeno para el PRI-Gobierno después del estrepitoso revés que sufrieron al perder 9 gubernaturas en 2016, pero si lo analizamos con detenimiento veremos que el éxito fue muy relativo, ya que a pesar de todos los recursos que destinaron en dicha elección -tanto del gobierno federal como de las entidades gobernadas por el partido oficial- por tener una carga simbólica muy importante al ser un bastión tradicional del PRI así como el estado del que surgió el Presidente, ganaron con un margen muy estrecho ante una candidata prácticamente desconocida. De hecho, en la votación por partido, Morena superó al PRI quien perdió más de un millón de votos respectó a la elección anterior, y apenas alcanzó el triunfo debido a la alianza con el PVEM, PANAL y PES.

Misma fórmula

Aunque muchos analistas han considerado que la única opción que tiene Meade está en deslindarse del actual gobierno y asumir una postura crítica, tal parece que, en la desesperación, ha decidido apostar por la estructura del Revolucionario Institucional y el modus operandi empleado en el Estado de México, lo que me parece va a terminar irremediablemente en una fallida y triste apuesta.

Cuidado con la incitación al odio y a la violencia

@agus_castilla | @OpinionLSR | @lasillarota




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