Opinión

Rendición de cuentas para una democracia efectiva

La rendición de cuentas acaba por relacionarse con las posibilidades de existencia y mejoramiento de una democracia efectiva o sustancial. | Julio César Bonilla

  • 03/09/2021
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La rendición de cuentas como principio y conjunto de prácticas aplicables a lo público, debe entenderse en un doble sentido. Por un lado, se relaciona con la obligación de toda persona servidora pública de responder por sus decisiones y explicitar las razones que tuvo para adoptarlas; y por otro, con la obligación de responder por las faltas en que incurra en el ejercicio del servicio público.

Por ambos lados, sin embargo, la rendición de cuentas acaba por relacionarse indefectiblemente con las posibilidades de existencia y mejoramiento de una democracia efectiva o sustancial, es decir, que trascienda al texto constitucional y se exprese en la participación y el involucramiento de las personas en los temas públicos, en la medida de sus libres y particulares intereses. 

En el primero de los sentidos apuntados, la relación entre la rendición de cuentas y la democracia sustancial, pasa por las certezas que se pueden generar al poner información útil en manos de las personas en relación con los temas que les atañen, como es, justamente, el quehacer de las instituciones que, en un Estado democrático constitucional, se deben a la gente. Estas certezas permiten a las personas tomar decisiones de un mejor modo, conocer lo que se hace, por qué se hace y posibilitan una más efectiva incidencia ciudadana a través de los canales institucionales al efecto establecidos.

En la segunda de sus connotaciones, como mecanismo para el procesamiento y la eventual sanción debida de las conductas desviadas de la normalidad y la legalidad, la rendición de cuentas tiene que ver igualmente con la democracia, al tener el potencial de abonar a la confianza ciudadana y así a la legitimidad institucional que cementan la relación de representación en un sentido amplio; elementos ambos sin los cuales se desdibuja la base de desarrollo de los derechos humanos como motor de cambio social.

En la democracia a la que aspiramos las y los mexicanos, no hay cabida para recetas alternas o atajos, simplemente no hay democracia posible sin rendición de cuentas. Instituciones y personas debemos comprender desde ya que, sin ser la única, la ruta de la rendición de cuentas como se entiende este concepto el día de hoy, es una condición necesaria para el gradual pero seguro avance y consolidación de una cultura de los derechos humanos en nuestra sociedad. Una cultura que se enriquezca y alimente con la vibrante expresión de la pluralidad que subyace a nuestro México y que el Estado debe garantizar hasta en su transmisión intergeneracional cada vez más pulida y avanzada en su comprensión y explicación de sí misma. 

Rendir cuentas es incluir debidamente y rendir honor a la dignidad de los mandantes que somos todas y todos los mexicanos, incluidos nuestros anhelos democráticos.

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