Opinión

Regular las redes sociales, una tentación oficial

La tentación de regular las redes sociales y, con ello, coartar las libertades ciudadanas a una libre expresión no es nueva en el mundo. | José Luis Castillejos

  • 02/02/2021
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El tema de regular las redes sociales ha saltado nuevamente a la palestra en México donde el senador Ricardo Monreal, líder de Morena en el Senado, emitió un video en el que considera “ineludible” regular las redes sociales para garantizar esa libertad.

Pretende que se cree una legislación general que, a la postre, esté en manos del Estado lo que significa una real y abierta mordaza para los cibernautas y críticos al gobierno de Andrés Manuel López Obrador que cada vez se va volviendo intolerante ante las críticas, rayando ya en lo dictatorial.

Si bien es cierto es que hay algunos excesos en Internet, descalificaciones a políticos, pedidos de investigaciones a actos de corrupción, posturas xenófobas, racismo y campañas de odio, ello es preferible a cualquier mordaza.

Es mejor fomentar la autorregulación y campañas dirigidas a crear conciencia social más que a regular las redes.

Censurar o regular las RS es la constante tentación de AMLO que ya no desea más críticas y bajo el argumento de pretender proteger a la población crearía la figura del censor. Qué pasa y qué no pasa.

Pobre Monreal y quienes lo asesoran si creen que prosperarán con su iniciativa. La ha camuflado bien bajo el paraguas de que lo que se busca es proteger a los ciudadanos frente a empresas como Twitter que han censurado a algunos usuarios como Paty Navidad, en México, y el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Para Monreal es un derecho humano el acceso a Internet que se debe ejercer a través de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). Vaya que está descubriendo el hilo negro.

“Las redes sociales ejercen, sin duda, un poder específico sobre y través de la libertad de expresión. Puesto que, por medio de sus políticas de privacidad pueden suspender o eliminar cuentas y contenidos de manera unilateral”, indicó sobre algo que ya se sabe al suscribirse a alguna plataforma.

“Los estándares de protección a los derechos fundamentales, como es el derecho humano de la libertad de expresión en el ciberespacio, no deben ser regulados por empresas privadas (ja,ja,ja), sino por el órgano democrático y soberano. Ya que corresponde únicamente a este manifestarse respecto del catálogo de derechos humanos que derivan de la Carta Magna”, apuntó Monreal.

Ajá y… ¿qué más? ¿O sea que los ciudadanos necesitan el tutelaje del gobierno para expresarse y defenderse frente a empresas como Twitter o Facebook, entre otras?

Legislar es la única forma de proteger la libertad de expresión, esto de acuerdo con Monreal, quien asegura que se justifica su punto en torno a las redes sociales con base en los derechos humanos, para limitar los abusos de particulares en el ciberespacio.

“La única forma correcta y democrática de proteger el derecho humano de la libertad de expresión en el ciberespacio es por la vía legislativa”.

“Seguramente pronto daremos el debate y actuaremos en consecuencia”, amenazó Monreal. Pobrecito. Está más perdido que la progenitora de Cristóbal Colón así como su jefe el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador que lo mandó al ruedo a lanzar el buscapié.

Es preferible un exceso de libertad a coartarla como en Venezuela, Ecuador, Cuba y Corea del Norte. Para los cibernautas es “normal” encontrar mensajes agresivos que van desde acusar a usuarios de cometer actos delictivos, hasta menospreciarlos por sus preferencias sexuales o por sus inclinaciones ideológicas.

Lo que se debe fomentar es el respeto y la autorregulación pero nunca el control legislativo para que el Estado, posteriormente, sancione a quienes violenten desde las plataformas.

Tan deplorable es el racismo, la intolerancia, la xenofobia, el fanatismo o la apología de la violencia como la pretensión de Monreal de regular las redes bajo el camuflaje de pretender defender a los ciudadanos.

Más bien los mexicanos lo que requerimos es que nos defiendan de la clase política lacra, de la delincuencia, de los corruptos, los secuestradores, los violadores de mujeres y depredadores de niños.

Pero ¡No! Lo que se busca es callar las críticas de la prensa opositora y de quienes desde las redes sociales le dicen al presidente de todo frente a un desgobierno que cada vez más se le desmorona en plena pandemia, con una inacción y afectación económica sin precedentes.

Monreal copió mal el modelo del senador de Cambio Radical de Colombia, Antonio Zabaraín, quien sugirió en el 2019 que las redes sociales deben ser “controladas”.

Al igual que Zabaraín ahora Monreal busca frenar a los antisociales que ocupan indiscriminadamente las redes sociales y para ello hay que controlar los contenidos.

Y es que desde las redes sociales se observa todo lo que hacen los funcionarios públicos. Pero la transparencia que se pregona desde el gobierno de AMLO y que reclaman los ciudadanos termina cuando se trata de “proteger” la honra y el buen nombre de políticos corruptos, presidentes, diputados, gobernadores u otros funcionarios ineficientes.

Buscar regular las redes sociales es ocioso, ingenuo e innecesario solamente para complacer al gobernante en turno a cuyo hermanito (Pío López Obrador) lo agarraron con la billetiza en la masa y le preocupa futuras investigaciones.

Ese es el telón de fondo. Lo que debe hacer Monreal es fomentar la transparencia de la gestión pública y que los ciudadanos tengan mayor acceso a la información para evitar que se pudran las ramas del poder.

El presidente venezolano Nicolás Maduro dijo en 2017 que había que “poner orden” en las redes sociales. En China, Cuba y Venezuela se han tomado medidas para censurar o limitar las redes sociales y ahora México quiere copiar esos modelos.

Y al igual que Maduro, AMLO y su camarilla en el Senado de la República y en la Cámara de Diputados buscan evitar que las Redes Sociales se convirtieran en plataformas de odio “contra-revolucionarias” que desestabilicen la Cuarta Transformación, un modelo que da pena ajena y constituye ya una vergüenza internacional.

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