El pasado cuatro de junio tuvimos elecciones en cuatro estados. En Veracruz, Coahuila y Nayarit se renovaron ayuntamientos, en los primeros dos estados también se eligieron diputaciones locales, y en el Estado de México, Coahuila y Nayarit gubernaturas.

Ese mismo día por la noche, el INE en voz de su Consejero Presidente calificó la jornada electoral como exitosa, y aseguró que vamos por buen camino de cara a las elecciones del 2018.

Sin embargo, en los días siguientes a la elección, en las sobremesas, en los cafés, en los medios de comunicación y en el ambiente político la lectura de las elecciones del cuatro de junio era diferente a la del INE.

De las opiniones ventiladas en los medios de comunicación, en particular me llaman la atención dos tipos de narrativas que tratan de explicar la desazón postelectoral.

Una de esas narrativas le atribuye el conflicto posterior a la incapacidad y parcialidad de las autoridades electorales, basándose principalmente en las quejas de los actores políticos que no fueron favorecidos en esas elecciones e incluso en las declaraciones de consejeros electorales del INE.

La otra explicación le atribuye la desconfianza y descontento postelectoral a la ignorancia ciudadana. Bajo es lógica la culpa es de los ciudadanos que no saben qué es el PREP y los conteos rápidos, no saben de la distribución de competencias entre autoridades locales, ni de cómo y cuándo se cuentan los votos.

Independientemente de si coincidimos o no con alguna de estas narrativas o explicaciones del desencanto postelectoral, lo que resulta evidente es que en México no hemos podido consolidar la organización de los procesos electorales a pesar de las constantes reformas electorales, del gasto millonario en la organización de las elecciones, y del considerable aparato burocrático electoral.


El sistema político-electoral es sumamente complejo para cualquier persona que no se dedique a la materia. Más aún, si lo estudiamos se abren más dudas que respuestas sobre su funcionamiento".

Después de la reforma electoral del 2014, el INE es quien elige a los consejeros que integran a los institutos electorales de los estados (OPLES) bajo un sistema riguroso en el que no solamente se verifica su conocimiento en la materia, sino también su capacidad y habilidades de dirección. No obstante, el INE criticó públicamente el desempeño y las decisiones de algunos de estos institutos en la elección, e incluso opinó y se pronunció por cuestiones que escapan a su competencia legal, como es el caso de la apertura de paquetes electorales en una elección en la que no ejerció su facultad de asunción.

Por otra parte, las leyes electorales establecen que los programas de resultados preliminares en todo el país son diseñados, y en algunos casos ejecutados por el propio INE. Independientemente de la idoneidad de su diseño técnico, es evidente que sus funciones, propósitos y resultados no se transmitieron con claridad.

Ahora bien, si revisamos los spots correspondientes a las campañas institucionales del INE 2016-2017, no encontraremos alguno que se refiera o explique en qué consiste y para qué sirven los sistemas de resultados preliminares.

A unas horas de haber concluido la elección, por todas partes aparecían "análisis" de los números del PREP en los que aparentemente no coincidían los números oficiales, y evidentemente generaban dudas sobre la fiabilidad del instrumento y de las propias autoridades electorales.

En unos meses arranca el proceso electoral más grande de la historia moderna de México. Se trata nada más y nada menos que de 30 elecciones locales, la renovación de diputaciones federales y senadurías, además de la Presidencia de la República. Basados en el desempeño y resultados de estas cuatro elecciones, usted haga sus pronósticos.

@pacozorrilla





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