Opinión

Refugiados climáticos en el desamparo

Cambio climático representa ya una amenaza real a la seguridad humana.

  • 07/01/2016
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En caso de que el ser humano no haga nada por frenar el cambio climático, según los cálculos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), en los próximos 50 años, de 250 y hasta mil millones de personas podrían verse obligadas a abandonar sus hogares y trasladarse a otras regiones de sus respectivos país o incluso a otra naciones. http://bit.ly/1OOkams

 

Los llamados refugiados climáticos se encuentran huyendo de un entorno hostil debido al clima y a los desastres ambientales, pues se han quedado sin agua y alimentos, asimismo, millones están perdiendo sus fuentes de empleo e ingresos. A pesar de lo vulnerable de su condición, en el derecho internacional no existe un estatus jurídico que los ampare y les permita solicitar asilo.

 

De acuerdo con la Convención de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados, un refugiado es una persona que “debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de su país; o que careciendo de nacionalidad y hallándose, a consecuencia de tales acontecimientos fuera del país donde antes tuviera su residencia habitual, no pueda o, a causa de dichos temores no quiera regresar a él”. http://bit.ly/1JrAwp7

 

Entonces el término “refugiado climático” no tiene ningún tipo de significado legal en el derecho internacional que ampare a los desplazados por los desastres de origen natural o causados por el cambio climático. Aunque sí existen algunos países que dentro de su legislación incluyen a los “migrantes ambientales”, en una categoría especial de personas que necesitan protección, como es el caso de Suecia y Finlandia.

 

Según las estimaciones de la ACNUR, en los últimos 20 años, los cambios en el medio ambiente o los desastres ambientales han provocado migraciones mayores que los conflictos armados, situación que podría triplicarse en los años venideros, pues existen pronósticos de grandes riesgos de sequías, inundaciones, tormentas o terremotos.

 

El último Reporte Anual del Consejo Noruego para los Refugiados (NRC, por sus siglas en inglés), indica que un promedio global de al menos 22.5 millones de personas han sido desplazadas cada año entre 2008 y 2014. Según sus cálculos, desde 2008 una persona cada segundo se ha visto obligada a dejarlo todo a causa de desastres naturales y 60 desplazados cada minuto por razones de cambio climático, siendo los continentes más afectados: Asia y América.

 

El reporte del Panel Intergubernamental de Cambio Climático presentado en Copenhague el año pasado, indica que los efectos del cambio climático plantean problemas de equidad, justicia e igualdad, ya que muchos de los países más vulnerables al fenómeno apenas han contribuido o contribuyen actualmente en las emisiones de gases de efecto invernadero, causantes del calentamiento global.

 

Lo más preocupante es que son precisamente los países más pobres quienes resultan más afectados con las consecuencias del cambio climático dada su limitada capacidad para afrontarlas, además de que sus efectos potencian las limitaciones ya existentes en estas naciones disminuyendo todavía más sus posibilidades de desarrollo.

 

En diciembre de 2015 se aprobó el primer tratado internacional sobre cambio climático en París, en el que 150 países, tanto potencias como en desarrollo, se comprometieron de manera histórica a transitar conjunta y coordinadamente hacia una economía baja en carbono, a contener el incremento de la temperatura por debajo de los dos grados centígrados e incluso a desarrollar esfuerzos para limitar el aumento de la temperatura a 1.5 grados centígrados.

 

Aunque muy necesarias y urgentes, estas políticas destinadas a paliar los efectos del cambio climático, no son suficientes para evitar los impactos ya existentes, hoy en día también es ineludible la aplicación de medidas para favorecer la adaptación de las comunidades más pobres al fenómeno, por ello el establecimiento de un sistema de financiamiento que ayude a los países vulnerables a afrontar los riesgos, es quizás la única forma como el norte podría saldar su deuda con el sur.

 

Este tema no sólo debe ser analizado desde perspectivas científicas, económicas o políticas, es necesario verlo desde puntos de vista éticos, morales y humanos, así lo afirmó el Papa Francisco en su encíclica ecológica revolucionaria: Laudato Si'. Los legisladores de México tiene la palabra, y nosotros la sociedad esperamos sus resultados ante esta problemática que representa ya una amenaza real a la seguridad humana de un número cada vez más creciente de personas.

 

@simonvargasa

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