Opinión

Recursos inhumanos

Cómo transitar de los “recursos inhumanos” a una auténtica gestión del capital humano, en la que las personas sean el motor del desarrollo. | Jaime Rochín

  • 11/06/2020
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Tras haber cumplido 50 años, Alain Delambre es despedido como director de recursos humanos en una empresa mediana después de 30 años de lealtad corporativa; con el paso del tiempo, al no conseguir un trabajo adecuado a su experiencia, nuestro personaje pasa de la depresión a un estado constante de ira y resentimiento que lo separa de su familia. 

Sin embargo, una luz de esperanza aparece en su camino, cuando después de superar algunas etapas, es invitado a participar en la fase final como reclutador en una gran empresa, para lo cual deberá participar en un juego de roles, donde se probará la fidelidad de los ejecutivos a través de simular un acto terrorista de toma de rehenes. Los hechos posteriores, llevarán a Delambre a situaciones límite, que nunca hubiera imaginado vivir. Este es el punto de inflexión del libroRecursos inhumanos” (2010), de Pierre Lemaitre (2010), y que ahora llega a Netflix en la miniserie del mismo título.

La historia, maravillosamente escrita y muy bien llevada a la pantalla, es tremendamente dura y aleccionadora sobre las trampas e injusticias del mundo corporativo, en donde muchas veces las personas terminan siendo instrumentalizadas y sus derechos son violados impunemente.

Los dilemas que enfrenta Delambre en “Recursos inhumanos”, revisten especial actualidad frente a la situación que están viviendo muchas empresas y sus trabajadores a partir de la llegada de covid-19. Hoy, todos somos (o podemos ser) Alain Delambre. Ante la crisis que están viviendo muchas empresas pequeñas y medianas (y el propio gobierno), se corre el riesgo de tomar decisiones poco estratégicas que pueden devenir situaciones inhumanas que afectan a los grupos más vulnerables.

En este caso, la víctima es un hombre, mayor de 50 años. En efecto, este grupo de población (al que por cierto, pertenece el autor del texto) tiene mayor riesgo de ser discriminados al buscar o conservar un empleo: el mercado laboral mexicano les excluye. Esto, a pesar de que, en México está prohibida toda discriminación motivada por edad. La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) ya resolvió sobre la inconstitucionalidad de establecer un rango de edad para ocupar un puesto de trabajo, por considerar que es discriminatorio y limitante de los derechos laborales; por lo tanto, tampoco es razón para ser despedido.

En México, sin embargo, la desigualdad laboral se manifiesta especialmente en el género, ya que muchas mujeres son despedidas por embarazo, o por exigirles horarios que no son compatibles con la atención de la familia, porque en México, ellas siguen asumiendo la responsabilidad casi exclusiva del cuidado de los hijos y la atención del hogar. Lo anterior, se vuelve especialmente grave a partir de las medidas de “distanciamiento social”  ya que al trabajar desde casa, se tienen que ocupar simultáneamente del trabajo y del hogar, sin contar que muchas de ellas son víctimas de violencia al interior de su vivienda, que ahora es también su centro de trabajo.

Por ello, hoy mas que nunca es imprescindible que las empresas actúen con perspectiva de derechos humanos, que involucren a todas las partes interesadas en los procesos que les afectan y se comuniquen con claridad las acciones tomadas y las razones de ello, así como la temporalidad estimada; pero sobre todo, es indispensable que se trate a las personas con dignidad y respeto, considerándolas como un fin y no como un medio. De este modo, transitaremos de los “recursos inhumanos” a una auténtica gestión del capital humano, en la que las personas sean el motor del desarrollo.

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