Opinión

¿Quién gana con el juicio a Trump?

Pareciera que la intención de alargar el juicio es dañar la imagen de Trump, a fin de presentarlo ante el electorado como un político poco ortodoxo. | Alicia Fuentes

  • 31/01/2020
  • Escuchar

Conforme avanza el proceso del juicio político en el Senado estadounidense no es difícil que se pueda imaginar que Donald Trump sea destituido como 45º presidente de Estados Unidos. Pero es tal la animadversión que mucha gente siente por Donald Trump, que pocos han caído en la cuenta de que, si éste es destituido, el vicepresidente Mike Pence llegaría a la Casa Blanca.

Abogado de 60 años, Mike Pence fungió como congresista durante 12 años antes de convertirse en gobernador de Indiana en 2013, su estado natal. Llegó a la vicepresidencia después de que Donald Trump ganó las elecciones en 2016. Hasta ahora, Pence ha mantenido un perfil mucho más discreto que Trump y su labor como vicepresidente se ha centrado en asuntos internacionales. Aunque su trabajo como vicepresidente dice poco, el lector puede hacerse de una idea más amplia del que podría ser el 46º presidente de Estados Unidos con su trayectoria y posturas políticas.

Pence se describe asimismo como “conservador de principios”, característica que refleja en sus acciones políticas con una clara influencia religiosa. Pence ha afirmado que Estados Unidos debe seguir lo que él denomina “plan de Dios”. En su concepción, el hecho de que su país se aleje de este plan lo puede llevar a la “destrucción de la civilización”.

En esta misma lógica, Pence se ha opuesto radicalmente al aborto y al matrimonio entre parejas del mismo sexo. Como congresista, solicitó eliminar el financiamiento a Planned Parenthood, una organización que proporciona servicios a las mujeres para decidir sobre su vida reproductiva. Como gobernador firmó leyes que permitían el aborto sólo en casos en que la vida de la madre estuviera en peligro; aunque estas leyes fueron anuladas le permitieron abrirse camino entre los conservadores más radicales en Estados Unidos. Ya como vicepresidente, Pence apoyó abiertamente la “marcha por la vida”.

Respecto a la diversidad sexual, durante su paso por la Cámara de Representantes impulsó una enmienda constitucional para prohibir el matrimonio entre parejas homosexuales y solicitó que los fondos para el VIH no fueran destinados a “personas con comportamientos proclives al contagio del SIDA”. Asimismo, como gobernador Pence firmó leyes que pretendían encarcelar a parejas del mismo sexo que pidieran casarse o, incluso, permitir la discriminación por razones religiosas a personas de la comunidad LGBTI.

En temas alejados de cuestiones religiosas, Pence ha mostrado una postura poca definida. Por ejemplo, en el caso de la inmigración, entre 2006 y 2007 Pence estuvo de lado de una posible reforma migratoria para permitir a extranjeros trabajar temporalmente en Estados Unidos; pero hacia 2014, se unió a un grupo de republicanos para impugnar una orden ejecutiva de Barack Obama que protegía a alrededor de 5 millones de indocumentados de ser deportados. Sin embargo, en 2015, cuando Pence todavía no se unía a la campaña electoral de Donald Trump, estuvo en contra de impedir la entrada de musulmanes a Estados Unidos.

En asuntos sociales, como congresista, Pence se opuso al Obamacare, pero como gobernador pidió ampliar los programas Medicaid y Medicare para que los más pobres accedieran a los servicios de salud y fortaleció el Healthy Indiana Plan, cuyos objetivos son similares al Obamacare.

En temas internacionales, Pence fue uno de los que apoyó la Ley Patriota de George Bush después de los atentados del 11 de septiembre y aprobó la resolución que permitió el envío de tropas estadounidenses a Afganistán; asimismo, apoyó la invasión a Irak y ahora está a favor de la guerra contra el terrorismo y el narcotráfico.

Salvo en las cuestiones religiosas, los distintos escenarios en los que ha actuado Mike Pence muestran que él se mueve conforme a lo que más le conviene y, aunque los estadounidenses que votaron por Donald Trump y por él esperarían que una administración Pence sea una continuación de la de Trump, es complicado saber a ciencia cierta la forma en la que Pence podría dirigir la política de Estados Unidos. Lo que es claro es que no supondría un cambio que altere los fundamentos de la actual administración. De hecho, algunos demócratas piensan que con Pence se podría recargar aún más a la derecha.

En poco tiempo sabremos si el juicio político a Trump continúa y si los demócratas lograrán atraer más republicanos a su causa. Sin embargo, el escenario político electoral se alteraría con la llegada de Pence a la Casa Blanca, pues Trump podría presentarse como un candidato victimizado por la maquinaria estatal que él dice combatir.

A estas alturas y ante la unidad del bloque republicano a pesar de las evidencias, más pareciera que la intención de alargar el juicio es dañar la imagen de Trump sin derrotarlo en el Senado, a fin de presentarlo ante todo el electorado como un político poco ortodoxo, por decir lo menos, en la interpretación de la ley y de sus atribuciones.