Opinión

Quid pro quo

El trasiego de drogas a EU y la migración del centro y del sur del continente, ponen en ruta de colisión a México y EU. | Francisco Rivas

  • 05/06/2019
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Los problemas de convivencia entre personas son comunes. Si somos vecinos, los ruidos, el manejo de la basura y hasta dónde estacionamos un vehículo, puede ser un estresor que puede escalar hasta una auténtica relación de violencia.

Entre los países vecinos también suele ser difícil la vecindad, nuestro país y Estados Unidos han vivido momentos tensos a lo largo de la historia por temas territoriales, de agua, migración, tráfico de drogas, etc.

En los últimos 30 años, el fortalecimiento de la cooperación económica y comercial había derivado en una mayor cercanía entre países, por ejemplo, tras la crisis económica en 1994, el gobierno del presidente Clinton ayudó a rescatar la economía mexicana.

Tras el inicio de la escalada de violencia en nuestro país, los mexicanos una vez más exigimos que nuestro vecino del norte asumiese su corresponsabilidad en las dinámicas que nos llevaron a vivir niveles inaceptables de homicidios y otros delitos, así como en soluciones conjuntas.

Debemos recordar que, en parte, la violencia que los mexicanos hemos vivido en la última década se debe a que el vecino del norte representa el mercado más grande de drogas y armas del mundo y que, a partir de la intervención de EU en el Caribe, Centro y Suramérica, tuvo como efecto el fortalecimiento de los cárteles mexicanos de la droga.

13 años después de la escalada de la violencia en México, el trasiego de drogas a Estados Unidos y la migración del centro y del sur del continente, de nuevo ponen en ruta de colisión a nuestros países. El gobierno del presidente Trump plantea subir de manera dramática los aranceles a los productos de origen mexicano si nuestro país no muestra resultados en frenar las drogas y las personas que intentan llegar a su país.

El presidente Trump omite considerar varios aspectos

Primero. - Que México no tiene la obligación de frenar a los migrantes que buscan llegar a su país, es absoluta soberanía de cada país establecer su política migratoria.

Segundo. - Si EU sigue siendo el principal mercado de drogas, será difícil frenar el flujo de narcóticos hacia ese país.

Tercero. - Si la política de control de armas en Estados Unidos sigue siendo laxa y no hay un esfuerzo por inhibir que las armas y el dinero producto de las drogas que se venden en ese país lleguen a México, los delincuentes podrán seguir amedrentando o comprando autoridades, sin que se pueda cerrar el círculo vicioso.

Todo ello no exime a nuestro país de la necesidad de establecer un plan para hacer frente a dichos retos y frenar esas amenazas.

Bajo la lupa

El pasado 22 de mayo presentamos el documento Cimientos de las políticas de seguridad: primeros pasos y tareas pendientes, donde se analizó la totalidad de las conferencias matutinas del presidente López, el Plan Nacional de Desarrollo, la Estrategia Nacional de Seguridad y el Plan Nacional de Seguridad.

Entre los hallazgos principales, identificamos que el actual gobierno manifiesta diferentes posturas según el documento que se consulte, por ejemplo, en cuanto al fenómeno migratorio, en un documento se plantea su protección, en otro su inhibición y en otro más se habla de un franco combate y una criminalización del migrante.

En los documentos no se hace referencia al importante mecanismo de cooperación entre los dos países denominado Iniciativa Mérida, un instrumento que tiene como fin apoyar la construcción de paz en nuestro país.

A este respecto, las contradicciones también se han manifestado en las posturas y declaraciones que el Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Durazo, y el presidente López han hecho acerca de su continuidad.

Acerca del combate al tráfico ilegal de armas, los planes y estrategias del gobierno federal no plantean medidas o soluciones, no hay un diagnóstico ni indicadores claros para resolver este fenómeno.

En cuanto al narcotráfico, si bien el Plan Nacional de Desarrollo plantea de manera innovadora y positiva una transformación de la postura que nuestro país tiene acerca de las drogas, donde se busca enfrentar el fenómeno desde una visión de salud pública más que de un combate a través de las instituciones de seguridad y justicia, hay una absoluta ambigüedad acerca de qué drogas y qué parte del proceso plantea el gobierno legalizar, y hay una carencia de recursos designados para que el sector salud pueda cristalizar este compromiso.

De igual forma, otro aspecto que se plantea de manera confusa entre los varios documentos es el que se refiere a la persecución de los denominados Objetivos prioritarios -los principales capos de la delincuencia organizada-, ya que en un documento se plantea dejar de perseguirlos, pero en otro se pretende continuar con su persecución.

Trump y AMLO: corresponsables

Ante la debilidad de una política nacional y los innegables problemas que acarrea la violencia en nuestro país, el discurso del presidente Trump y sus acusaciones acerca de que si en México son los delincuentes quienes gobiernan, puede sonar como legítimo para obligar a nuestro país a través de una extorsión comercial, a tomar medidas unilaterales sin que ellos actúen y asuman su parte.

Ante esto, México debería aprovechar el momentum y exigir que Estados Unidos inhiba el ingreso a nuestro país de armas y dinero, al tiempo que enfrenten desde la salud pública la disminución del consumo de drogas.

Además, es tarea del gobierno del presidente López subsanar las deficiencias y contradicciones de planes y estrategias de combate a los delitos.

Sin estas dos partes, más allá de los daños económicos para los dos países y de bienestar para nuestras poblaciones, ambos presidentes pasarán a la historia como corresponsables de la terrible violencia que sigue viva en nuestro país.

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