Opinión

¿Qué viene después de las elecciones?

Para todos y cada uno deberá venir después de las elecciones la madurez para formar una relación de cordialidad y colaboración. | Sandor Hernández

  • 05/07/2019
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Debe venir la calma, según el adagio de la tormenta. El periodo de 2016 a 2019, se ha caracterizado por agrupar distintos procesos electorales en el país. Las redes sociales y los medios de comunicación masiva, dieron cuenta seguramente a cualquier persona que en Puebla o Aguascalientes se desarrollaban elecciones; que meses atrás se votaba para la presidencia de la república; y poco antes, en el Estado de México y otras entidades más. Hoy se pone distancia a las campañas electorales al menos por corto tiempo, al casi concluir los procesos electorales en las seis entidades que tuvieron votaciones en 2019.

Para las autoridades electorales, vendrá un periodo de valoración, estadística, educación cívica, mejorar en la operatividad de sus estructuras, de compilación y análisis de criterios generales e idealmente de participación activa en las posibles reformas electorales. Para los actores principales de las elecciones y la ciudadanía en general, vendrá un respiro en el que cada uno deberá identificar su campo de acción en la vida democrática del país.

Para la ciudadanía, deberá nacer el interés de participar en foros para la mejora del Estado y sus leyes. En particular tendrán el reto de recordar las promesas de campaña de los candidatos y hacer patente su exigencia, no obstante su voto no se haya dirigido a ellos; finalmente la promesa de campaña es un compromiso público impersonal, cuya obligación no tiene más sanción que el descrédito, y en un futuro no lejano, el posible castigo en las urnas; si es que en su momento la memoria de corto plazo, no da por liquidadas los obligaciones pasadas con un nuevo y atractivo ofrecimiento de campaña. 

En días pasados en clases del doctorado, se comentó acerca de una innovación que pretende hacer China al implementar un sistema de crédito social ciudadano (CSC), posiblemente basado en la serie de ciencia ficción Black Mirror, en la cual, una persona por medio de algoritmos puede ser castigada o premiada en su puntuación de acuerdo a su comportamiento ético y social, generando consecuentemente un marcador público de confiabilidad. Si bien para un ciudadano común podría discutirse si atenta o no contra sus derechos humanos un esquema así, posiblemente el ámbito público sí requiera una medida similar a esa ficción, donde se anote el cumplimiento de las promesas de campaña de los que se postulan a un cargo de elección y acceden al servicio público.

Para los contendientes de las elecciones, ganadores y perdedores deberá venir un examen de sus aciertos y errores, y trasladarlos a sus fortalezas y debilidades. Por otro lado, deberán asumir el rol de construir y reconstruir su historia donde les corresponda, de acuerdo a la decisión que la ciudadanía tomó en las urnas.

Ganadores o perdedores, mayorías o minorías, gobernantes u opositores, sea cual sea su identificación deberá venir para cada uno la madurez para formar una relación de cordialidad y colaboración, en la construcción y supervisión de la función pública; la transparencia en las instituciones y la conformación de las leyes o sus reformas.

Ambas perspectivas deberán propiciar la pluralidad y consenso en la construcción pública, evitando con ello que la directriz abarque sólo una visión. En lo particular, la edificación de una nueva reforma electoral lleva ya ese matiz, el discurso inicial dirige su rumbo a la reconformación del sistema electoral a partir de la desaparición de las instituciones estatales, anexando las funciones de estas a una estructura nacional, motivando el interés en la calificación de que son instituciones costosas e innecesarias, pero sin fundarse en una conclusión concreta y objetiva que muestre que esa proyección estructural futura sea necesariamente, y sin lugar a dudas, mejor que la presente.

Una reforma del calado que se propone, no sólo encierra la reconformación de la administración electoral y sus procedimientos, en el fondo atiende a la democracia como un principio fundamental constitucional y a la participación ciudadana, cuyo diseño debe implicar para el Estado, una visión robusta y plural en la que quienes crean la norma, también escuchen a la ciudadanía en general y en concreto a los distintos operarios de la ley de acuerdo a su competencia, tomándolos en cuenta como fondo y no como forma.

Vale la pena retomar la idea central que expone Javier Cercas cuando analiza la entrada que se da en España a las distintas expresiones ideológicas y sectores de la sociedad en la construcción del Estado en su libro: Anatomía de un instante, en esencia refiere que una democracia sin todas las posiciones ideológicas sería una democracia recortada, tal vez internacionalmente aceptable, pero nacionalmente insuficiente.      

BIBLIOGRAFÍA: Cercas, J. (2009), Anatomía de un instante. Barcelona, España: Random House Mondadori S.A.