Está claro, por si alguien lo olvida, que la salud del presidente, en México, es un asunto de Estado; del interés prioritario de las instituciones del Estado.

¿Por qué razón? Porque en la persona de quien ocupa el cargo de Presidente, en este caso Andrés Manuel López Obrador, recae la mayor responsabilidad –en tanto ejecutivo y federal–, de la conducción del país.

Dicho de otro modo, que una Nación y un Estado –en México el presidente es Jefe de Estado y de Gobierno–, como el nuestro no podría ser gobernado correctamente por un presidente cuya salud parece quebrantada.

Por tanto, es de la mayor prioridad, para todos, que el electo López Obrador goce de cabal salud, tanto física como mental.

Y llama la atención que aquellas voces que antaño exigían a los entonces presidentes Fox, Calderón –y el actual presidente Peña–, que hicieran público su estado de salud, hoy guarden silencio porque suponen que en éste caso la salud de López Obrador debe mantenerse en secreto.

Si hacemos memoria recordaremos que malquerientes de Vicente Fox y de Felipe Calderón –casualmente hoy aplaudidores de Obrador– exigían por todos los medios que se hiciera pública la supuesta adicción del guanajuatense a drogas como el prozac y exigían que se conociera el nivel del supuesto alcoholismo del michoacano.

En los dos casos asistimos a una grosera especulación inventada con fines propagandísticos para demeritar la imagen de esos dos presidentes.

En el caso de Enrique Peña Nieto resulta paradójico –sino es que de risa loca–, que el responsable de especular sobre la salud presuntamente quebrantada de Enrique Peña Nieto haya sido el propio Andrés Manuel López Obrador.

Si hacemos memoria recordaremos que el 5 de junio de 2014, AMLO difundió el siguiente tuit: "Existe el rumor de que EPN está enfermo. Ni lo creo, ni lo deseo. Pero es una buena salida para su renuncia por su evidente incapacidad".

Está clara la intención política y malintencionada de López Obrador.

A caso por ello hoy, también en redes, y luego de su más reciente visita al Instituto Nacional de Cardiología, no pocos tuiteros le dieron a López Obrador una sopa de su propio chocolate.

Así retuitiaron: "Existe el rumor de que AMLO está enfermo. Ni lo creo, ni lo deseo. Pero es una buena salida para su renuncia por su evidente incapacidad".

Lo cierto, sin embargo, es que la salud de López Obrador sí parece quebrantada.

Médicos consultados coinciden en que el semblante, la dificultad para articular ideas y mantener la vertical por espacio prolongados y el evidente cansancio, son señales de una salud quebrantada.

¿Por qué el presidente electo y su grupo cercano parecen empeñados en ocultar lo evidente? ¿De qué tamaño es el quebranto en la salud de López Obrador? ¿Hasta cuándo se mantendrá el secreto? ¿Por qué nadie, en el Congreso, asume en serio una reforma que prevenga la ausencia del presidente, sea por enfermedad o incapacidad?

La salud de todos, pero en especial del presidente, debe ser prioritaria

Al Tiempo.

¿Puede gobernar, si no gobierna su casa?

@RicardoAlemanMx  | @OpinionLSR | @lasillarota


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