Opinión

¿Que siga la función?

La consulta popular del 1 de agosto no será parteaguas en la historia de México. | José Antonio Sosa Plata

  • 21/07/2021
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La consulta popular del próximo 1 de agosto fue calificada por The Economist como una teatralidad o “parodia del Estado de derecho”. La crítica es acertada, pues la mayoría de las acciones políticas que vemos todos los días en las noticias de los medios de comunicación se pueden ajustar a esta interpretación, aunque no todas sean susceptibles de duda o cuestionamiento porque, a final de cuentas, son legales y también legítimas.

El recurso técnico es ancestral. Concebir y difundir la actividad política como un espectáculo teatral es una forma de relación entre los actores políticos y la sociedad a la que nos hemos acostumbrado. Es más: el fenómeno se llega a percibir como algo atractivo y absolutamente necesario. La política real y la representación de la política son acciones que se fusionan, mimetizan o funden a través de la comunicación política. Son inseparables.

La teatralidad política no busca llegar a la verdad, sino a las emociones de la gente. Las ideas y argumentos de las puestas en escena son importantes, pero el recurso del melodrama va más allá. En algunas ocasiones, pretende persuadir a la población sin que en realidad se produzcan los grandes cambios que se están anunciando, sin que se reconozca que hay promesas o situaciones que se puedan resolver a partir de las expectativas de la gente.

Por si no lo leíste: Consulta popular, "AMLO prefiere el teatro que la sustancia": The Economist.

Por lo anterior, en el espectáculo político importa más el simbolismo que el esclarecimiento de la verdad. Importan más los golpes de impacto mediático para mantenerse en el poder que ir a fondo en los procesos de toma de decisiones de los temas más relevantes de la agenda nacional. Importan más las percepciones subjetivas sobre la capacidad que tienen las autoridades que dar las soluciones que se requieren en el marco de una crisis.

La teatralidad como modelo está presente en la mayoría de los formatos e instrumentos de la comunicación política. Está en los eventos públicos, en los que la escenografía se apropia del manejo del espacio y el tiempo. Está en las conferencias de medios, en donde el lugar principal es ocupado por un vocero, quien desempeña un papel protagónico. Está en los debates, en donde aparecen con gran nitidez el conflicto, la intriga, el suspenso, la expectativa y la tensión. Pero cuando el espectáculo sustituye a los resultados, entonces se pierde la credibilidad y confianza.

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La consulta popular es una puesta en escena mucho más compleja y sofisticada. Sin quitarle un ápice de la gran relevancia que tiene para una democracia, la dramaturgia que se construye con ésta cumple con todos los requisitos de una gran representación, con un elemento adicional: la audiencia espera un desenlace que podría ser útil y valioso para su futuro, a sabiendas de que en la puesta en escena habrá personajes principales y secundarios, buenos y malos, héroes y villanos, ganadores y perdedores. Igual que sucede en el teatro.

Si la comunicación política no tuviera a su disposición recursos con estas características simbólicas y a veces estereotipadas, sería menos efectiva. El problema real no está en las herramientas y técnicas de la representación, sino en la mala calidad de las puestas en escena y en el engaño burdo que se pretende con dichos recursos, como si la gente fuera tan ingenua o no los detectara. El desgaste que vimos en las Elecciones 2021 es ejemplo de que, en realidad, lo que hay son malos directores, guionistas, directores de escena, iluminadores, coreógrafos y actores.  

Consulta: Antoni Gutiérrez-Rubí. La política de las emociones, 5 Diciembre 2007.

Paradójicamente, el nuevo ecosistema de comunicación hizo más complejos los procesos de representación de la realidad. Cierto es que el desarrollo de las tecnologías va más rápido que la capacidad de los personajes políticos para adaptarse a las nuevas exigencias de la comunicación audiovisual. Pero también lo es que, en lugar de que les haya representado una ventaja, se ha acentuado la crisis de liderazgos que ya se venía padeciendo desde finales de los años noventa del siglo pasado.

Sin embargo, algunos líderes y consulares políticos han mostrado una gran capacidad para manejar los nuevos medios y atraer la atención de las escenificaciones que hacen. Han aprendido a cumplir objetivos, a mantener en alto los niveles de confianza y aprobación ciudadana y, también, a trascender. La clave del éxito parece estar en sus habilidades para transmitir significados múltiples y expandir nuestras simpatías y afinidades con las propuestas y causas de los personajes.

Lee más: Vaclav Havel. "El teatro y la política". Revista Nexos, 1 Septiembre 1997.

En el caso de la consulta popular, el presidente Andrés Manuel López Obrador no parece tener duda sobre los alcances y limitaciones que tiene su idea. Sea cual sea el resultado, él tendrá varios beneficios. El primero, que sigue manteniendo un gran control en el manejo de los grandes temas de la agenda nacional. Con sus acciones y mensajes ha podido bajar la atención en el escenario multicrisis que estamos viviendo, aunque no se haya resuelto todavía ninguna de las más importantes. 

En el mismo sentido, poco parece importar si la gente acude en forma masiva a las urnas o no. La consulta popular no será punto de inflexión ni parteaguas en la historia de nuestro país. Si acude a las urnas más del 40 por ciento del padrón electoral y el resultado es vinculante, veremos el segundo acto de esta puesta en escena que no necesariamente derivará, según lo ha dicho el presidente del INE, Lorenzo Córdova, en enjuiciar a los expresidentes del país. 

Te recomendamos: Ernesto Schoo. "La teatralidad y la política son inseparables". La Nación, Argentina, 19 Noviembre 2005.

Si ese fuera el caso, lo más probable es que se forme “una comisión de la verdad” o se utilice un conjunto de “instrumentos no jurisdiccionales que pudieran generar una salida a conflictos y sucesos dolorosos para el país”, como lo afirmó el presidente Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arturo Zaldívar. “Los procesos judiciales no se consultan –dijo– pero sí se puede consultar a la gente si quiere o no que se llevan a cabo procedimientos de investigación o de sanción nacional”.

En contraste, si el próximo 1 de agosto acude a las urnas menos del 40 por ciento de la lista nominal, tal vez el espectáculo político no sea tan atractivo. Pero eso no significa que no habrá segundo acto. Lo habrá, sin duda, porque las autoridades de los tres poderes mantendrán intactas sus facultades y obligaciones para seguir procediendo contra quienes hayan cometido cualquier delito. Es lo que procede porque así lo establece la Constitución y solo se tendría que ajustar el relato público.

Recomendación editorial: José Pedro Galvaou de Sousa. La representación política. Editorial Marcial Pons, Barcelona, España, 2011.

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