Opinión

¿Que siga la función?

El entretenimiento político es una actividad legítima, atractiva y muchas veces rentable. | José Antonio Sosa Plata

  • 30/07/2020
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Tal y como se esperaba. El regreso del avión presidencial a nuestro país se convirtió en una noticia de alto impacto. El cálculo político que hizo el presidente Andrés Manuel López Obrador fue correcto, pues le quita un poco de presión a las crisis sanitaria, económica y de seguridad que enfrenta el país desde hace varios meses. 

La noticia se sumó a otras que están directamente vinculadas con su propósito importantísimo de acabar con la corrupción, uno de los objetivos de su gobierno y de la estrategia de comunicación que tiene como eje sus conferencias de medios matutinas. No hay duda que, hasta la fecha, el presidente mantiene el control de una buena parte de la agenda política nacional.

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Sin embargo, el hecho también despertó ciertas críticas por parte de algunos políticos y líderes de opinión debido al sentido dramatúrgico —a partir de "espectáculos" bien montados— que están adquiriendo los temas que son de su mayor interés.

Unos dicen que el gobierno está haciendo un "show político", retomando modelos de comunicación basados en el escándalo. Otros, que con la difusión de este tipo de noticias solo pretende distraer a la opinión pública para "eclipsar" los graves problemas que enfrenta su gobierno

Lo cierto es que la noticia como espectáculo es una actividad profesional legítima, útil y necesaria. Se vale. Un evento de campaña electoral, un informe de gobierno, la gira política, la entrevista, la conferencia de medios y el debate son —entre muchos otros formatos— representaciones histriónicas que, cuando están bien concebidas, diseñadas y producidas son altamente valoradas por la ciudadanía.

La clave está en que la noticia-espectáculo se apegue a un Código de Ética, que cumpla con su misión informativa y, sobre todo, no rebase los límites que establece la ley en materia de libertad de expresión: ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros, provoque algún delito o perturbe el orden público.

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El entretenimiento político es una puesta en escena propia de la democracia moderna —y de las libertades que de ella emanan— porque favorece el "culto a la noticia", que no busca más que a las audiencias ávidas de conocer los pormenores testimoniales o audiovisuales de las historias en las que se ven involucrados los corruptos

El "show" involucra a personajes principales y secundarios. La puesta en escena se desarrolla en medio de escenarios de conflicto, bien diseñados para un mejor "lucimiento" de los actores, de manera particular para quienes obtendrán los beneficios de las noticias que le dieron forma y estructura. 

Lee más: Aruguete, Natalia. "La narración del espectáculo político: pensar la relación entre sistema de medios y poder político". Austral Comunicación, Diciembre 2013.

Las narrativas en que se basan los espectáculos políticos deben surgir de historias reales. Para que sean más efectivas, tienen que generar intrigas y fuertes emociones de rechazo en las audiencias. El reto es producir una reacción de indignación o condena social en contra de los personajes corruptos involucrados y una empatía con las víctimas.

Dicho en otras palabras, para que el escándalo político cumpla con su cometido es preciso identificar y caracterizar muy bien a los personajes corruptos. La información en la que éstos se ven envueltos debe ser dramática, impactante, indubitable y profundamente emocional. Además, los hechos tienen que ser contados en forma directa, clara y muy sencilla. 

En todo caso, el desenlace lógico y esperado debe ser el repudio colectivo, la sanción o el castigo de las autoridades. Por lo tanto, sin la polarización de opiniones o la estigmatización de los culpables no hay escándalo. Sin escándalo no hay espectáculo. Y sin espectáculo no hay entretenimiento político.

Consulta: Rocío Zamora y Juan Antonio Marín Albaladejo. "La representación simbólica del escándalo político. Hacia una tipología de los marcos periodísticos (frames) utilizados en la narración del escándalo de corrupción política". Revista Razón y Palabra, Número 73, Agosto-Octubre 2010.

El espectáculo político potenció sus efectos en la sociedad a partir del gran impacto noticioso que lograron los llamados videoescándalos en los primeros años del siglo XXI. La transición política y la reconversión tecnológica alentaron que este modelo de comunicación transitara a los medios digitales sin problema, aunque sus efectos son diversos o volátiles. 

Sin embargo, su uso extensivo a nivel mundial ha incrementado la difusión de noticias falsas. Asimismo, ha incrementado la pérdida de credibilidad y confianza en muchos de los líderes y medios que las difunden de manera irresponsable.

Te recomendamos: Manuel Castells. "Los medios y la política", en Revista Telos No. 74, Fundación Telefónica, Madrid, España, Marzo 2008.

Por otra parte, la saturación informativa ha contribuido a la trivialización de la política y, en consecuencia, a potenciar la crisis de legitimidad que experimentan una gran cantidad de gobiernos, partidos y liderazgos políticos en el mundo.

México no ha sido la excepción. El abuso en la difusión de escándalos —aún en medio de situaciones de crisis— no ha sido una de las mejores tácticas de las estrategias de comunicación exitosas. Hasta ahora nada ha superado a la comunicación franca, asertiva, la que se basa en hechos, resultados tangibles y argumentos sólidos.

El instrumental, las acciones y narrativas para ganar votos, mantener una buena reputación y fortalecer la confianza de la gente es extenso. Lo que procede, entonces, es hacer un análisis de eficacia de lo que se está haciendo y corregir pronto porque el actual escenario político, económico y social es sumamente adverso. 

El espectáculo puede aportar mucho, cierto, pero tal vez no en la medida que algunos quisieran.

Recomendación editorial: Salomé Berrocal Gonzalo (Coordinadora). Politainment. La Política Espectáculo en los Medios de Comunicación. Valencia, España, Editorial Tirant, 2017.

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