Opinión

¿Qué sentido tuvo la masacre de Niza?

La masacre de Niza: ¿fortaleza o debilidad yihadista?

  • 22/07/2016
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El pasado 14 de julio, el conductor de un camión de mercancías se lanzó sobre una multitud de personas que disfrutaban en la ciudad de Niza (Francia) de los fuegos artificiales con que finalizan los festejos del día patrio. El camión arrolló a cientos de ciudadanos y 84 perdieron la vida. El conductor del camión, un joven tunecino que también contaba con la nacionalidad francesa, fue posteriormente abatido por la policía. A pesar de las endebles credenciales del asesino como fundamentalista religioso, el Estado Islámico (EI) ha reivindicado el atentado terrorista. Sin duda, a esta organización no le importó que el atacante hubiera tenido problemas con la ley por delitos menores relacionados con el consumo de drogas. Al igual que ocurre con otras muchas organizaciones que perdonan los pecados de sus antaño rivales por el simple hecho de cambiar de bando, para el Estado Islámico el asesino se purificó a través de su ataque, y eso es suficiente para justificarlo y reivindicarlo.

 

¿Qué sentido tiene la masacre de Niza? ¿Qué pretenden conseguir los asesinos con este tipo de ataques indiscriminados? Para responder estas preguntas, necesitamos entender la estrategia del yihadismo armado, y sobre todo, las diferencias entre sus dos ramas principales: Al Qaeda (AQ) y el Estado Islámico. Al Qaeda surge a partir de la derrota de la Unión Soviética en Afganistán. Tras una década de ocupación, los rusos tuvieron que abandonar el país frente al empuje de las insurgencias locales, muchas de ellas de orientación islamista. A partir de la experiencia soviética, Bin Laden, un financiero saudí,  y Al-Zawahiri, un médico egipcio, se convencieron de que la única forma de acabar con los regímenes despóticos en Oriente Medio era atacar al “enemigo lejano”, Estados Unidos, quien estaba apoyando a gobiernos autoritarios en Egipto, Pakistán, y Arabia Saudí, entre otros. A partir del ataque contra la armada estadounidense en Yemen en 2000, y más claramente, contra Estados Unidos en septiembre de 2001, Al Qaeda se convirtió en el principal enemigo occidental.

 

La estrategia de Al Qaeda era acción-represión: provocar a Estados Unidos y sus aliados para que estos sobreactuaran y respondieran con una represión desmedida, lo cual contribuiría a radicalizar a miles de musulmanes por todo el mundo. Las invasiones de Afganistán e Iraq apuntaron en esta dirección, pero el poco interés de AQ por controlar territorio y desarrollar instituciones de gobierno alternativas contribuyó a la creciente debilidad de esta organización. El Estado Islámico, surgido como una escisión de AQ en Iraq, fue capaz de superar esta debilidad organizativa al conseguir liberar territorio primero en Siria y después en Iraq. El ideario islámico ya no sería un objetivo a largo plazo sino una realización diaria a través de las nuevas estructuras de gobierno fundamentalistas. En este sentido, el EI innovó estratégicamente al valorar más la creación de un pequeño nuevo territorio que la difusión de un discurso de originalidad limitada.

 

El Estado Islámico supera a AQ por su estrategia en tres frentes: no sólo hay que combatir por el control territorial de las tierras del Islam, sino que hay combatir con tácticas de guerrilla irregular en sus zonas de expansión, y hay que recurrir al terrorismo unilateral en las zonas donde el islamismo es minoritario, como en los países occidentales. Así, la novedad del EI es que es capaz de cubrir derrotas militares en su territorio con avances en las zonas guerrilleras y una cobertura mundial masiva de sus ataques terroristas en territorio occidental. La estrategia en tres frentes es novedosa y sin duda original: ataques que por su propia naturaleza individual estarían condenados al olvido, ganan nueva significación si pueden conectarse con una lógica violenta más amplia, como es la violencia yihadista.

 

Es por esto que las palabras del primer ministro francés, Manuel Valls, cobran un sentido adicional. Hay que acostumbrarse a vivir con el terrorismo yihadista, al igual que otros países como España y el Reino Unido convivieron durante décadas con grupos terroristas locales. En Europa hay un amplio colectivo de ciudadanos para los que el discurso de la igualdad de oportunidades es mera retórica vacía. Algunos de ellos pueden radicalizarse bajo el explosivo cóctel de la marginalización, la humillación y el fundamentalismo. Seguirá habiendo ataques en tanto en cuanto el EI siga luchando por territorio en el Oriente Medio y haya ciudadanos europeos que se sienten alineados frente a la identidad occidental dominante. Por supuesto, la expulsión del EI de las zonas que controla es condición necesaria para reducir los ataques terroristas en Europa, pero desgraciadamente, hay pocos motivos para pensar que también es una condición suficiente, es decir, que la desaparición de la organización matriz arrastre a los lobos solitarios que asesinan en su nombre. Habría quizás menos ataques y menos posibles reclutas, pero es difícil imaginar que desaparecerían en el corto plazo.

 

* Por Luis de la Calle: profesor de ciencia política en el CIDE (Ciudad de México).

 

@OpinionLSR

 

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