Opinión

¿Qué pasó el domingo en las urnas de la Ciudad de México?

Este domingo el electorado capitalino mandó un mensaje contundente: que su apoyo en el pasado no será incondicional en el futuro. | Alejandro Encinas Nájera

  • 07/06/2021
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A grandes rasgos, son muy buenas noticias para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador: el electorado le ratificó su confianza y volvió a otorgarle la mayoría en la Cámara de Diputados. Con ello, ha fracasado el intento de la oposición por obstaculizar sus políticas sociales y de infraestructura a través del control del presupuesto de la Federación. Mención aparte merecen los avances en gubernaturas y en Congresos locales. Basta decir que, en una sola jornada electoral, la 4T pasará de gobernar 6 entidades, a entre 15 y 17.

La nota disonante es la Ciudad de México, nada menos que el bastión histórico del progresismo, lugar en el que el proyecto que hoy gobierna el país encontraba refugio y respaldo popular cuando la correlación de fuerzas le era adversa en el plano nacional. 

No hay tiempo para lamentos. Desde hoy debe comenzar la ruta para recuperarse de esta debacle. Una ruta que en vez de buscar culpables, comience por reflexionar en colectivo las razones que propiciaron que un electorado históricamente progresista decidiera en esta ocasión utilizar a los partidos de derecha como instrumento para castigar a las fuerzas gobernantes. Comparto algunas ideas iniciales:

1. Línea 12

Gracias a un ejercicio eficiente de gobierno, entre cuyas acciones destaca la campaña de vacunación contra covid-19, Claudia Sheinbaum se encontraba en su punto máximo de aprobación. Entre diciembre y abril, siete de cada diez capitalinos valoraban positivamente su administración. Tras el colapso de la Línea 12 del Metro, su nivel de aprobación descendió 22 puntos (49%). Es evidente que esta lamentable tragedia modificó las valoraciones políticas de un sector significativo de votantes capitalinos. Lo que resulta una incógnita es por qué estos cambios en las preferencias se reflejaron más en demarcaciones centrales que no fueron directamente afectadas, y no tanto en Tláhuac. 

2. Los conflictos internos

El proceso de selección de candidaturas fue excluyente y cupular, lo cual condujo al desánimo y desmovilización de las bases partidistas. A quienes lucharon por la fundación de este movimiento, les pidieron disciplina y unidad al tiempo que postulaban a personajes como el hermano de Belinda: alianzas tan pragmáticas como vacías en resultados. En algunos casos, se eligieron como candidatos a perfiles que no ganaron encuesta alguna, y que ya con la candidatura en mano se durmieron en sus laureles, no hicieron campaña y confiaron su victoria al arrastre de la popularidad del presidente. En otros casos, se optó por postular a liderazgos corporativos, modelo que demostró haber caducado entre un electorado capitalino que vota cada vez con más libertad. Las fracturas llegaron a tal punto, que diversos liderazgos aliados hicieron el vacío, y otros incluso operaron en contra. Sin duda, faltó inclusión y oficio político. 

3. El ánimo cambió de bando

En esta ocasión, el voto conservador salió de manera más decidida que los votantes de izquierda. Para muestra, en Benito Juárez, bastión del panismo, y Cuajimalpa gobernada por el PRI, las tasas de participación fueron superiores al 63 por ciento, mientras que Iztapalapa, joya de la corona de la izquierda capitalina, fue la segunda demarcación con menos participación ciudadana (45.3%). 

4.- Descuido a las clases medias

Como nunca antes, un muro invisible divide al oriente del poniente de la ciudad. Algo se está haciendo bien para ratificar la alianza con los sectores populares: políticas redistributivas, infraestructura y espacio público donde más se necesitaba, e inclusión de sectores históricamente invisibilizados. Sin embargo, la alianza histórica entre la izquierda y amplios sectores de las clases medias en esta ocasión se fracturó. Y esto por varias razones: en primer lugar, por los efectos económicos y en el empleo derivados de la pandemia. En segundo lugar, tenemos que admitir que muchas alcaldías morenistas han sido ineficientes en la gestión urbana: pavimentación, alumbrado público, banquetas, recolección de basura, parques y jardines, así como otros temas sensibles para los sectores medios. 

En tercer lugar, al margen de que sea cierta o no, se ha generado la percepción de que el gobierno se ha alejado de las agendas de la sociedad civil, de los defensores de derechos humanos, y del feminismo. Podemos incluso suponer que el voto de castigo por todo el desgaste ligado a Salgado Macedonio no se depositó en las urnas de Guerrero, sino en las de la Ciudad de México. Por último, se trata de un electorado con niveles elevados de acceso a información de todo tipo, por lo que pudo ser susceptible a las campañas de guerra sucia. 

En democracia no hay ganadores ni perdedores absolutos, y los triunfos y las derrotas no son permanentes ni definitivos. Preocupa sin duda el avance de la derecha nada menos que en la cuna de los movimientos urbano populares, LGBT y de libertad de expresión. Pero es claro que su crecimiento no se debe tanto a su mérito y oferta programática como a los errores y omisiones que se cometieron de este lado. Estos resultados son un llamado urgente a la reflexión, a la autocrítica, pero sobre todo, a reinventarse de cara a un electorado capitalino que el domingo mandó un mensaje contundente: que su apoyo en el pasado no será incondicional en el futuro

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