En los últimos días la renuncia de Margarita Zavala al PAN así como los intercambios de acusaciones con el presidente de este partido, Ricardo Anaya, han acaparado la atención de los medios de comunicación y de los analistas, por el impacto que pueda tener en las elecciones presidenciales del próximo año. Sin duda la decisión de Margarita de buscar la candidatura independiente modifica el escenario político, aún no del todo claro, y, de manera natural, nos lleva a preguntarnos cuáles son sus posibilidades reales y qué efectos tendrá en Acción Nacional y, por consecuencia, en el proyecto del Frente Ciudadano por México.

Aunque la dirigencia ha insistido que las instituciones deben estar por encima de intereses personales, que a lo largo de sus 78 años de vida no es la primera vez que el PAN atraviesa por momentos difíciles de los que ha logrado salir avante, y tan es así que después de perder la Presidencia de la República en 2012 ha obtenido importantes resultados electorales y se mantiene en los primeros lugares de las preferencias entre los partidos, como también es cierto que hasta ahora no se ha producido una salida masiva de militantes, me parece que sería un error asumir una actitud autocomplaciente.

Para empezar, es de reconocer que el PAN no cumplió con las expectativas ciudadanas en el ejercicio del gobierno y por el contrario incurrió en prácticas que siempre condenó, lo que desde entonces generó una crisis de identidad que se fue agudizando con las feroces disputas por el control del partido que a la fecha no ha podido superar, lo cual constituye una responsabilidad compartida de los grupos hoy antagónicos. Tampoco debe pasarse por alto que la permanencia en Acción Nacional de algunos integrantes del "calderonismo" (incluyendo quizá al ex presidente), seguramente provocará que se intensifique el conflicto interno con el consecuente impacto en la percepción pública.

Por otra parte, no se puede subestimar la renuncia de Margarita pues además de ser una figura muy identificada con el PAN que durante mucho tiempo encabezó la lucha de las mujeres panistas y su papel como primera dama es ampliamente reconocido, su imagen afable, trato cercano y buen manejo con determinadas audiencias le han permitido lograr un muy buen nivel de posicionamiento en las encuestas.

Es innegable que desde el PAN acumuló un importante capital político, pero habrá que ver si es realmente propio y puede llevarlo consigo, sobre todo ahora que tendrá que enfrentar la prueba del ácido en su nuevo papel como independiente. Lo cierto es que aún no conocemos cuál es su visión de país, qué propone, cómo se manejará en contextos de mayor exigencia, qué posición asumirá ante los cuestionamientos de la administración de Felipe Calderón y los presuntos acuerdos políticos con Elba Esther Gordillo y un sector del PRI (por eso para muchos lo que representa es la continuidad del status quo) y hasta el momento no ha dado señales de que pretenda presentar una agenda transformadora que es lo que demanda la ciudadanía.

En lo que respecta al Frente, que desde el principio muchos daban por muerto y sin embargo se ha logrado colocar a la cabeza de varias encuestas, su principal reto estriba precisamente en trascender la lógica de los partidos y articular un verdadero proyecto de nación con propuestas serias y compromisos claros (evitando incurrir en los lugares comunes o en planteamientos demagógicos a partir de la coyuntura) que involucren a figuras relevantes y organizaciones de la sociedad civil, así como un proceso transparente para la definición de las candidaturas. Si lo logran, es probable que puedan resistir con éxito tanto los conflictos internos de los partidos que lo conformen, como los embates con los que desde distintos flancos han tratado de dinamitarlo.

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