Opinión

¿Qué más queremos las mujeres?

Vivimos en un país en el que la paternidad es una elección y la maternidad una obligación. | María Fernanda Salazar

  • 23/08/2019
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“¿Qué más quieren?” Es una pregunta que lanzan con soberbia muchos hombres cuando se refieren a la lucha de los movimientos feministas y las marchas recientes a las que han puesto atención sólo por nuestra furia. No se detienen a pensar que siempre ha sido necesaria esa rabia para que nos escuchen: un fenómeno que ocurre cuando las relaciones de poder son completamente asimétricas.

Sí, ya podemos votar. Sí, ya podemos trabajar. Si, ya podemos ser electas. Sí, ya hasta tenemos una jefa de gobierno en la capital del país que seguramente puede aspirar competitivamente a ser presidenta.

¿Qué más queremos entonces? Se preguntan casi con indignación.

Hablo a mi nombre, motivada por las experiencias de millones.

Quisiera caminar por la calle sin voltear constantemente hacia atrás para ver si un hombre me sigue y sin tenerme que cambiar de banqueta o acelerar el paso si salgo por la noche. Quisiera subirme al transporte público sin tener que cuidarme de la posibilidad de que un hombre se masturbe o  aproveche para tocarme o tocar a otra mujer. Y, si eso sucediera, que todos los demás, hombres y mujeres, levantaran la voz y lo impidieran. Quisiera vivir sin miedo a ser violada o agredida sexualmente sólo porque soy mujer. Quisiera no tener que dejar de usar ropa que me gusta para “disminuir” mi riesgo. Quisiera que ninguna mujer fuera atacada por sus preferencias sexuales o su identidad de género. Quisiera un país en el que una niña violada no sea obligada por autoridades, iglesias y comunidades, a ser madre.

Quisiera vivir en un país en el que las niñas no crezcan pensando que las mujeres pueden ser maltratadas en sus hogares y, si eso sucede, que no se sepan indefensas. Quisiera vivir en un país en el que una niña indígena no siga siendo intercambiada, vendida o forzada a casarse, ni tenga menos posibilidades de estudiar o realizar sus sueños. Quisiera vivir en un país en que una mujer con discapacidad no tenga más posibilidades de sufrir abusos o de no tener un empleo. Quisiera vivir en un país que no ocupe los primeros lugares de tráfico de mujeres, niñas y niños, que son usadas para satisfacer los deseos sexuales de hombres en todo el mundo. Quisiera vivir en un país en que los hombres no se crean con derecho a mirarnos lascivamente, sin pensar en el miedo e incomodidad que provocan. Quisiera vivir en un país en que papás y mamás dejen de repetirle a las niñas que no se vistan de una u otra manera, mientras exculpan las conductas de los niños por ser niños; haciéndoles creer que ellos sólo son víctimas de sus deseos e instintos y educándolos en la idea de que el cuerpo de una mujer puede ser su propiedad. Un país en el que los medios no reproduzcan en todo momento los estereotipos de género.

Quisiera vivir en un país en que una mujer que decide ser madre no deje de ganar hasta 40% de sus ingresos o perder su trabajo. Quisiera vivir en un país en que el espacio laboral deje de ser un espacio de acoso contra las mujeres en el que reina la impunidad y en el que llegar a posiciones más altas implica soportar el machismo de quienes creen que el mando les pertenece. Quisiera vivir en un país en el que las leyes laborales contemplen las condiciones específicas de la maternidad y los cuidados para que las mujeres adultas mayores no reciban menos pensión que los hombres.

Quisiera vivir en un país en el que si soy agredida sexualmente, la autoridad me proteja  y no me haga más vulnerable frente a mis agresores; un país en el que no se filtre la información de más del 30% de las víctimas de violencia sexual y en el que no sea el propio sistema de procuración e impartición de justicia quien cuida a los agresores. Quisiera vivir en un país en el que nuestros líderes políticos dejen de ser los primeros en reproducir el discurso contra las mujeres, señalando a las madres como las responsables del crimen o como “sucias” y “cobardes” a las madres solteras que sostienen millones de hogares: porque vivimos en un país en el que la paternidad es una elección y la maternidad una obligación.

Quisiera vivir en un país en el que no tengamos que señalar cada vez que a los organizadores de foros especializados se les olvida que habemos mujeres expertas en todo, pero deciden invitar sólo a hombres.

Quisiera vivir en un país en el que las mujeres puedan decidir libremente sus destinos y tener las mismas oportunidades de lograrlos que los hombres.

¿Suena como una lucha justa?

No son los movimientos feministas los que deben ser puestos en duda por su pertinencia. Debemos poner en la mira la construcción de la masculinidad y el sistema social que ha permitido y facilitado las situaciones extremas de violencia que enfrentamos las mujeres en todos los espacios. Debemos cuestionar los mecanismos por los cuales una autoridad mujer es capaz de actuar como sucedió en la Ciudad de México, o como lo hicieron las mujeres policías que en Michoacán golpearon a una periodista tras haber denunciado una violación.

A las mujeres nos sobran motivos para nuestra furia. Que la pinta de monumentos emblemáticos de las luchas por la libertad y la justicia, sirvan para recordarle a este país, que nos mata y discrimina, que no estamos dispuestas a parar hasta que esto cambie.

Si como hombre te preguntas ¿qué más quieren las mujeres? pregúntate mejor: ¿qué harías si perdieras el privilegio de ser hombre?

#FuimosTodas #NiUnaMenos #NoMeCuidanMeViolan