Opinión

¿Qué hacer con el teletrabajo?

Las empresas más innovadoras son también las que tienen culturas menos tradicionales. | Leonardo Martínez

  • 30/06/2021
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Lo primero que me viene a la mente cuando pienso en el teletrabajo es el citadísimo microcuento del escritor guatemalteco Augusto Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio estaba allí”.

Este poderoso e intemporal microrrelato se presta para toda suerte de situaciones e interpretaciones. Lo mismo se puede aplicar al acoso y a la violencia contra las mujeres en los espacios laborales, que a las bondades y beneficios que ofrece el trabajo remoto. Ambos son fenómenos que siempre han estado allí, pero para mucha gente aparecieron cuando algo hizo que esa misma gente empezara a despertar de un pesado y prolongado letargo.

En el caso de la violencia y el acoso sexual contra las mujeres en el ámbito laboral el catalizador fue el movimiento #MeToo; en el caso del teletrabajo fue la pandemia que todavía no acabamos de padecer.

La separación física de los espacios destinados al hogar y al trabajo tiene una larga historia que le permitió ir agarrando una poderosa inercia que había sido imposible de romper. Aunque esa separación puede presentar ciertas peculiaridades basadas en la cultura local, lo cierto es que en todas las ciudades del mundo el origen de fondo es el mismo: se trata de una forma de organización social que asignó a las mujeres el espacio doméstico y a los hombres el espacio laboral. Es, de facto, la distribución de los espacios concebida y aplicada por el sistema patriarcal.

Las consecuencias generadas por este esquema de usos del suelo a nivel mundial han resultado desastrosas para la salud de los seres humanos en particular, y del planeta en lo general. La gran mayoría de las ciudades del mundo son ecosistemas urbanos de baja eficiencia y alta entropía, lo que significa, entre otras tantas cosas, que su construcción y su funcionamiento propician enormes desperdicios de recursos territoriales, económicos y ambientales, y que su diseño es causa de originen en la generación de severos congestionamientos, pérdidas de tiempo y de productividad, altos costos de transporte y de infraestructura, importantes sobreconsumos de energía, peligrosos niveles de contaminación atmosférica y, por si faltara algo, en una contribución importante en el calentamiento global. En suma, hablamos de ciudades de todos los tamaños que propician y mantienen una baja calidad de vida para millones y millones de personas.

La obligatoriedad del distanciamiento social como medida de prevención en la lucha contra la pandemia, hizo que una proporción inusitada de personas tuviera que buscar la manera de trabajar desde casa. No fue, evidentemente, un ejercicio planeado sino una reacción inescapable a una situación de emergencia que tomó al mundo por sorpresa. A partir de marzo de 2020 algunas ciudades en otros países se confinaron por completo y otras, como la Ciudad de México, no lo hicieron porque la emergencia se vio absolutamente rebasada por la incompetencia de las autoridades. Pasada esa primera etapa de confinamiento extremo, las empresas y muchas personas que trabajan de forma independiente tuvieron que buscar formas de reiniciar y normalizar sus actividades. El resultado fue una nueva variedad de esquemas híbridos de trabajo in situ y remoto que a lo largo de un año ha demostrado en los hechos no sólo su viabilidad, sino toda una gama inusitada de beneficios para las empresas y para las personas económicamente activas.

Evidentemente no todo ha sido miel sobre hojuelas. Es sabido que el confinamiento forzoso ha generado un preocupante incremento de la violencia doméstica en contra de niñas y mujeres, y que son estas últimas quienes se han visto más afectadas por la pérdida de empleos. Pero esas concomitancias del machismo y del sistema patriarcal son temas de fondo para otras ocasiones.

Es cierto también que ni todos los trabajos son susceptibles de hacerse remotamente, ni todas las empresas quieren migrar a esquemas que lo incluyan. Hay trabajos que por ahora sólo se pueden hacer in situ, como los de las consultas médicas, el manejo de mercancías en bodegas y almacenes, acomodadores de productos y cajeras en supermercados y oficios de albañilería, plomería y pintura, por mencionar algunos. Y con relación al segundo punto, hay empresas que repudian el trabajo remoto no porque no lo puedan hacer, sino porque éste no funciona para sobar el ego de sus ejecutivos.

Pues sí, no es broma, la cultura organizacional es determinante en la decisión de cómo abordar el trabajo remoto. Las empresas más innovadoras son también las que tienen culturas menos tradicionales y por tanto más modernas. En los Estados Unidos, por ejemplo, empresas como Twitter, Dropbox, Shopify, Reddit y Google se adaptaron rápidamente a las circunstancias y han podido aprovechar las ventajas del trabajo remoto manteniéndolo como una opción igualmente válida para la mayoría de sus empleados.

Por el contrario, las empresas con culturas tradicionales se han mostrado muy reacias a reconocer los beneficios del trabajo remoto. Las petroleras y las financieras son buenos ejemplos: Phillips 66 regresó a todos sus empleados a las oficinas unas semanas después de haber iniciado el confinamiento general y Blackstone, JPMorgan y Goldman Sachs han pedido a sus empleados que regresen a las oficinas este verano, a pesar de ser de las empresas que mejor se podrían adaptar al trabajo remoto. No hace falta recordar que los altos ejecutivos de este tipo de empresas suelen ser machos que necesitan pavonearse entre los pasillos de sus enormes oficinas para ser admirados y envidiados por sus empleados, para luego reunirse con sus pares en algún sitio exclusivo a tomarse un Scotch de 18 años y fumarse un habano. Y se lamentan, eso no se logra cuando hay que conectarse con un Zoom.

Las ventajas y los beneficios del teletrabajo son muy importantes e incluyen una variedad de ámbitos; pueden sobrepasar por mucho los costos del mismo y ser detonadores no sólo de cambios en los estilos de vida sino también de cambios en el funcionamiento de las ciudades. Siempre han estado allí, pero la mayoría de las personas apenas los está descubriendo porque la pandemia las acaba de despertar.

Este texto es sólo una probadita inicial del tema pues hay una multitud de aspectos y datos que comentar. Creo que vale mucho la pena, seguiremos en ello.

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