Opinión

¿Qué esperar para las elecciones de 2021?

El panorama para todos los partidos políticos no es nada fácil. | Fernando Díaz Naranjo

  • 04/05/2020
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De acuerdo con las expectativas de la Secretaría de Salud Federal, hasta el momento en el mes de junio muy probablemente el país estaría volviendo a cierta normalidad, en donde se incluirían a las dependencias e instituciones del Estado que incorporarían a su personal, de forma gradual y con ciertas previsiones sanitarias.

Una de estas instancias es el Instituto Nacional Electoral que, si bien, ha continuado con su actividad permanente, tiene en puerta, junto con los institutos electorales locales de todo el país, la planeación, organización y desarrollo de la elección más grande de nuestra historia. Además, recordemos que en días pasados determinó suspender las elecciones de Coahuila e Hidalgo programadas para este 2020, mismas que tendrán que efectuarse cuando así lo disponga el propio INE.

Formalmente, el proceso electoral federal 2020-2021 estaría arrancando la primera semana de septiembre próximo, es decir, en tan sólo tres meses.

Para poder entender la magnitud de lo que estará en juego en nuestro país, el año que entra se estará renovando la Cámara de Diputados; 14 gubernaturas se renovarían y probablemente se adhiera una más dependiendo lo que tenga a bien resolver la Suprema Corte de Justicia de la Nación para el Estado de Baja California; en 29 estados habrá elecciones para la renovación de los Congresos locales, y en algunas entidades se renovarías las autoridades de los ayuntamientos. En síntesis, además de la elección federal, las 32 entidades federativas tendrían elecciones locales. Así el tamaño e importancia de las próximas elecciones.

¿Qué esperar para las elecciones de 2021? De entrada, el panorama para Morena, así como para el resto de los partidos de oposición no es nada fácil.

De acuerdo con una encuesta publicada en el Diario El Financiero a mediados del mes de abril sobre la intención del voto para diputados federales, Morena obtendría un 18% de las preferencias electorales seguido del PAN con un 10% y del PRI con un 8%. Varias lecturas podemos hacer de estos resultados que apunto a continuación.

Primero: la abrupta caída de Morena. Según la referida encuesta, en enero de 2019, contaba con un 44% de la preferencia electoral de la ciudadanía; incluso en abril del año pasado llegó a contar con el 46% de la simpatía ciudadana en términos electorales. Justamente, entre dicho mes y mayo del año pasado empieza a caer en las preferencias de los electores hasta llegar al 18%, es decir, 28 puntos porcentuales menos en un año.

Segundo: estas cifras no son comparables con la caída sistemática que ha tenido el presidente de la República que, a decir de Consulta Mitofsky, al 30 de abril, contaba con un 48.6% de aprobación de la población con su gestión de gobierno por un 51.1% que manifestó su desaprobación.

Evidentemente la fuerza de Morena no es Morena en sí mismo como partido político, sino la fuerza que, si bien notoriamente disminuida, tiene aún López Obrador.

Por ello, las elecciones de 2021 son clave, ya que permitirían ver la fuerza real de los partidos políticos sin la acogida de líderes y con esto, si bien Morena seguiría como primera fuerza, seguramente no le iría tan bien como ellos mismos quisieran.

Tercero: para el caso del PAN y del PRI sus cifras no registran en realidad ninguna variación. Hubiera sido conveniente que dicha medición hecha por El Financiero, hubiera registrado a otros partidos como Movimiento Ciudadano, el PRD, entre otros.

Cuarto: llama la atención el número de indecisos que alcanza casi el 60%, lo que significará, como generalmente sucede en los procesos electorales, durísimas batallas por procurar ganar el mayor número de adeptos.

Con base en lo apuntado en estos cuatro puntos, es necesario que el Legislativo fije su postura y genere el justo equilibrio que la Constitución obliga, ante diversas intentonas del Ejecutivo Federal por la aparente incursión en dichas elecciones.

De esto último, entre otros aspectos, sólo apuntamos dos:

a)    No sería nada conveniente que la denominada revocación de mandato, integrada ya en nuestra Constitución, fuera modificada para empatarse con las elecciones de 2021. Son dos ejercicios totalmente diferentes y de unirlas se viciaría el proceso electoral.

b)    Tampoco sería nada viable que fuera aprobada la modificación propuesta por el Ejecutivo Federal a la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria que busca dotar al presidente de facultades que corresponden al Legislativo.

A todos nos convienen elecciones libres, transparentes y confiables. No regresemos a aquellos tiempos de autoritarismo. Aprendamos algo de nuestra propia historia.

¡Hasta la próxima!