Opinión

¿Qué esperar de las elecciones de 2016?

Primera parte.

  • 19/05/2016
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De acuerdo con el calendario electoral de este año, 13 entidades federativas celebrarán elecciones constitucionales, en donde en 12 de ellas habrán de elegirse gobernador. Así, según encuestas y diversos análisis en medios de comunicación apuntan a que al menos en 6 estados: Aguascalientes, Durango, Oaxaca, Quintana Roo, Tamaulipas y Tlaxcala, la contienda electoral será, por decir lo menos, muy reñida.  No agregamos aunque sí mencionamos que en muchos municipios del país de dichas entidades donde habrá elecciones se empieza a dar una verdadera lucha por el poder.  Tampoco mencionamos el caso de Veracruz que tocaremos en otra columna.  A esto hay que sumarle el proceso “medio” democrático de la Ciudad de México en donde los ciudadanos de la Capital de la República podrán votar por una representación equivalente al 60% de una Asamblea Constituyente.

 

Con este calendario electoral, ¿qué tenemos al día de hoy? 

 

Primero: un Instituto Nacional Electoral (INE) que en la búsqueda de su supremacía otorgada constitucionalmente, parecería que el Tribunal Electoral Federal del Poder Judicial de la Federación tiene que enmendarle la plana, corregirle y hasta dirigirle el camino de manera constante, ante los medios de impugnación que le son presentados.  Valgan sólo algunos ejemplos: la remoción de las consejeras y consejeros del Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana del estado de Chiapas o el acatamiento de otorgar registro a 10 nuevos candidatos independientes a la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México.  A esto, hay que agregar los constantes reclamos de los partidos políticos, en las sesiones del Consejo General del INE por la forma en que se conducen las toma de decisiones electorales en nuestro país.

 

Segundo: La fuerte descomposición entre el INE y los mal llamados OPLE´s que con una muy mala coordinación de una Unidad del INE que a cada rato cambia de titular pretenden coordinar esfuerzos entre las elecciones locales y federales. Ahí hay gente interna muy valiosa a quien debería consultarse, en lugar de estar buscando externos que no tienen toda la experiencia electoral probada.

 

Tercero: Los partidos políticos parecen haber encontrado la fórmula, una vez más, de darle la vuelta a las infracciones que la autoridad electoral le impone al presentar de forma extemporánea sus informes de gastos, con lo que evaden la fiscalización del INE y en consecuencia, los partidos políticos pueden hacer una especie de ejercicio del costo beneficio de pagar una sanción valorando si es conveniente violar la ley para obtener algo.

 

Cuarto: La desconfianza de la ciudadanía en las Instituciones, incluyendo al INE que, a comparación de su otrora Instituto Federal Electoral (IFE), hoy tiene un descrédito importante. Una Encuesta del Grupo Reforma realizada a finales de 2014 ya rebelaba que para diciembre de 2014, el INE contaba con un 58% de poco o nada de confianza.  ¿Esto puede ser directamente proporcional a la participación ciudadana en las elecciones?  Ya veremos. Aunque a esto hay que sumarle “daños colaterales” que generan más desconfianza de la autoridad electoral, como lo sucedido con los datos del listado nominal presuntamente filtrado por un partido político. Habrá que esperar en que acaban las demandas que, según algunos medios de comunicación, ciertos ciudadanos interpusieron en razón de la protección de sus datos personales.

 

Quinto: La terrible guerra de la propaganda electoral en lugar de posicionar logros y beneficios a la población, ha establecido un esquema de desprestigio de oponentes con razones válidas o mentiras. Esto sólo confunde a la ciudadanía y puede provocar que el ejercicio del voto no sea razonado, sino una consecuencia mediática, propagandística y coyuntural, lo que puede generar consecuencias importantes. En una palabra, la propaganda realizada por muchos parecería no tener la intención de presentar la verdad, sino una ilusión inalcanzable. Las explicaciones de por que no se lograron tales o cuales promesas vendrán después, hoy lo importante es ganar la elección a como de lugar. Lejos estamos de los razonamientos de Sun Tzu en “El Arte de la Guerra” donde una tesis establece: “La política significa aquello que hace que el pueblo esté en armonía con su gobernante.”

 

Sexto: En plenas elecciones, se dan malas señales a la población de que en verdad se quiere cambiar. Ahí tenemos por ejemplo, la falta de las Cámaras para aprobar las leyes anticorrupción que, si bien ya abrieron un periodo extraordinario, el mismo está calendarizado para después de pasadas justamente las elecciones, lo que bajará la intensidad de exigencia de la población.

 

Séptimo: Las alianzas electorales. Estrategias de los partidos políticos que buscan sumar fuerzas contra algún contrincante en igualdad de fuerzas o superior. Como el caso del PAN y el PRD quienes han hecho alianzas con tal de ganarle al PRI.  ¿Le parecería amable lector una buena idea de que el PAN y el PRD se aliaran en la Ciudad de México en 2018 para cerrarle el paso a Morena?  Si eso sucede, aún así será una contienda reñida.  Lo de menos es mezclar el agua con el aceite, lo de menos es lo que digan las plataformas políticas de cada partido político, lo que realmente importa es ganar elecciones y consecuentemente: ejercer el poder.

 

Éstas y otras consideraciones más son las que permean el presente proceso electoral y en donde las autoridades insisten en confiar en las elecciones, en ir a votar, en razonar el voto, en no quedarse callado y participar.  Así las cosas.

 

@fdodiaznaranjo 

@OpinionLSR