Opinión

Proyecciones de México

México tiene mucho que ofrecer, es momento de proyectarnos en el mundo.

  • 11/04/2016
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La semana pasada hablamos sobre la importancia de comunicar adecuadamente. El fenómeno de la comunicación no solamente atañe a los seres humanos, sino también a las organizaciones, a las sociedades y a los países. Tenemos que hacer un ejercicio y cuestionarnos severamente qué es aquello que nuestro país está comunicando hacia el exterior, hacia otras naciones.

 

La percepción es realidad, dice el dicho. Sin embargo, la percepción no solamente se logra con comunicación, sino con realidad –por paradójico que esto suene–. Me refiero a que nadie puede engañar a la gente y comunicar algo que no es verdad. Sería muy iluso de nuestra parte pensar así.

 

Luego entonces, siguiendo con esta línea de pensamiento, podríamos abonar a lo que escribí la semana pasada y decir que  México no solamente requiere una mejor estrategia de comunicación, sino también de un cambio en la realidad de algunas cosas. ¿Cómo cuáles, podríamos preguntarnos? Hay muchas, pero me quiero referir en este momento a nuestra política exterior.

 

También hace tiempo escribí que parece que nuestro país tiene miedo de proyectarse en el mundo. Todas las doctrinas de política exterior apuntan a que México permanezca impávido frente a los grandes acontecimientos mundiales. Yo no estoy diciendo que tengamos un régimen intervencionista y nos metamos en todo lo que no nos importa (como hacen otras naciones), pero lo que sí digo es que hay muchísimos temas que nos interesan ante los cuales hemos preferido guardar silencio. Especialmente en asuntos multilaterales, en los cuáles nuestro país tiene una opinión, pero ha preferido callar por prudencia (supuestamente). Y no creo que esto sea lo mejor.

 

México considera que haciendo esto garantizará su imagen de neutralidad, su “autoridad moral internacional” o la percepción que otros tienen de nuestra política exterior. Por supuesto que ello ha servido de mucho en algunas ocasiones, pero en muchas más no. No podemos permanecer ajenos a los grandes retos mundiales, continentales o regionales que actualmente enfrentamos. Quizá es momento de que nuestro país decida “arremangarse la camisa y poner manos a la obra”.

 

Creo que tendríamos un mejor resultado. Porque si lo pensamos bien, de todos modos nuestro país no goza de la mejor reputación en el exterior en muchos sentidos. Creo que el principal problema que nos afecta es el tema de la inseguridad y la violencia, seguido por la imagen de corrupción que nos vulnera ampliamente. ¿De qué sirve entonces mantener una política exterior de “neutralidad”, si de todos modos la gente seguirá pensando lo mismo de nosotros? Es momento de proyectarnos en el mundo.

 

La semana pasada dije que nuestro país tiene mucho que ofrecer: cultura, servicio, trabajo, dedicación, colorido, folclor, alegría, etcétera. Esta fama la tenemos bien ganada y debemos explotarla. Pero también hay esfuerzos importantes dentro de nuestras fronteras que vale la pena reconocer, como por ejemplo el constante esfuerzo de la sociedad civil organizada, las reformas que se han implementado para tratar que México sea más competitivo, la productividad que caracteriza a muchas regiones del país y la atracción de inversiones extranjeras que ello genera. Esto también tenemos que decirlo.

 

Mi teoría es la siguiente: México ha tenido una política exterior silenciosa y con poca proyección a lo largo de su historia, y que ahora le resulta difícil revertir el fenómeno y hacer frente a los retos que enfrenta. No hablo de Donald Trump, por supuesto.

 

Hablo de la imagen que tiene el mundo de nosotros y de las cosas por las que somos conocidos. Trump es uno más de la lista; más no es el único. Y por ende creo que tenemos la enorme tarea de comenzar una labor de proyección de todo lo bueno que estamos haciendo, para que nos conozcan por otras razones.

 

Tenemos un capital extraordinario. Y, cierto es, también tenemos problemas sumamente importantes y graves que ponen en jaque la estabilidad nacional. Pero no podemos quedarnos con los brazos cruzados solamente por eso. Damos para más. México tiene que cambiar los engranajes de la forma en que comunica su posición ante el mundo.

 

Porque además, siguiendo esta teoría, tenemos realidades que soportan esa percepción, pero que no están siendo aprovechadas. Ahora bien, lo complicado será explorar los mecanismos por lo que podemos hacer esta tarea. Tengo algunas teorías, que me gustaría explorar en la colaboración de la siguiente semana.

 

@fedeling

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