Opinión

PRI: ‘Y cuando el dinosaurio despertó…’

El PRI que hoy es oposición no sabe ser oposición. | Joel Hernández Santiago

  • 06/03/2019
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Quién lo iba a decir. Hoy queda muy poco, casi nada, de aquellos aniversarios priistas que eran fiesta, estruendo, color, orgullo, arrogancia del poder, sonrisas, abrazos, besos, música, cohetes, bailes interminables, oratoria encendida y cargada de elogios en boca propia, maracas y globos de colores-tricolores: todo era algarabía los 4 de marzo, incluido aquel mítico discurso del candidato Luis Donaldo Colosio en la Plaza de la Revolución y que quería emular a Martin Luther King en aquel: “Yo tengo un sueño…”…

[“Mítico” porque se atribuye a ese discurso en el que el candidato priista parecía confrontar al gobierno de Carlos Salinas de Gortari (PRI-1988-1994), la posible razón de su homicidio, aunque parece que no, pues el presidente del país había dado el visto bueno al documento un día antes].

Y eso, los 4 de marzo de cada año en Insurgentes Norte y Violeta, sede del Partido Revolucionario Institucional (PRI) todo era el canto de la victoria permanente; como si nada pudiera acabar con esa fortaleza política e institucional; como si el tiempo no hubiera transcurrido desde 1929 cuando Plutarco Elías Calles dio forma a una sola organización política (PNR) que bajo el manto de los preceptos revolucionarios aglutinaría a los grupos y partidos políticos dispersos por toda la república y así acabar con las confrontaciones regionales, las luchas por el poder, las competencias mal habidas y los gobiernos de unos y otros.

Y así, desde 1929 todo era miel sobre hojuelas en un Partido que se adueñó del poder político en México, por las buenas o por las malas, pues ya se sabe que en su imperio nacional no se ponía el sol, y lloviera o tronara el PRI era el gran poder ‘omnímodo’, ‘pluscuamperfecto’, lo mismo ‘chicha que limonada’, que se dice. Había PRI para todo, de todos colores y sabores, aunque se vistiera de Revolucionario e Institucional. Podía ser “izquierda o centro izquierda o conservador o neoliberal”.

Y así mantuvo su gran poder político durante más de setenta años en los que premiaba o castigaba; en los que bajo su sombra el poder era la forma y el fondo, la riqueza del poder y del dinero: todo iba junto. Y, con excepciones como fue el gobierno del general Lázaro Cárdenas, la Revolución fue pretexto aunque no esencia política o social. Nada. En el fondo no había que presumir una Revolución que no fue Transformación y que sí llevó al poder al grupo político contrario a las exigencias sociales de Zapata o Villa.

Pero sus abusos, sus excesos, la corrupción interna e institucional o burocrática terminaron por indignar a millones de mexicanos que ya querían cambiar y, por lo mismo, decidieron mirar hacia otro lado: hacia la derecha conservadora del Partido Acción Nacional (PAN) que en 2000 se hizo con el poder y puso ahí a Vicente Fox un presidente impresentable, primitivo, echado para adelante y sin sentido político o social. Y su mujer, que gobernó junto a él sin ton ni son…

Pero nada: el castigo al PRI seguía y en 2006 por las buenas o por las malas se hizo del gobierno de nueva cuenta con Felipe Calderón, que ocupó casi todo su tiempo en hacer una guerra, para encender la guerra aún más. El presidente cruel. Que por su propia cuenta sacó al Ejército mexicano para enfrentar al crimen organizado aunque al final el paisaje después de la batalla le fue adverso y perdió la presidencia.

En 2012 el PRI regresó con Enrique Peña Nieto, el que habría de hacer un gobierno excepcionalmente malo, sin sentido de gobierno y sí con mucho sentido del poder político mal entendido, para beneficio propio. La gente lo supo y lo deploró y lo expresó en las boletas electorales el 1 de julio de 2018: Peña Nieto rebasó los límites.

Lo que queda del PRI

Lo poco que queda del PRI se va desbalagando y muchos de sus ‘fieles seguidores’, ’beneficiarios históricos’, ‘operadores políticos’, ‘militantes o simpatizantescambiaron bandera una vez que el PRI ya no les garantizaba ni poder, ni dinero; y se fueron a Morena, y siguen llegando a Morena, porque su expectativa es la de que ‘esto va para largo’. ¿Pero de veras fueron priistas? ¿De veras son Morenistas?...

La celebración de este 4 de marzo en la sede del PRI en la Ciudad de México no pudo ser más patética. Saludos al viejo estilo pero con caras largas. Grupos de aplaudidores históricos, que a un silbido comienzan la algarabía de utilería; que aplauden a más no poder y guardan silencio abrupto, como cuando el aspirante a presidir al Revolucionario Institucional, José Narro Robles les hizo la seña de que ‘ya estuvo bueno’.

Y ahí estaban más en sordina que en estruendo. Más en negra conciencia que en victoria; miembros de un partido que es tercera fuerza política y que, humillado, aspira a recuperar el aliento sin ser unidad y mucho menos capaz de sentirse oposición y serlo con dignidad y respeto, como factor de equilibrio en democracia. No. El PRI que hoy es oposición no sabe ser oposición.

Y ya se encaminan a decidir su nueva dirigencia mediante consulta a sus militantes, a sus bases, a sus históricos seguidores, aunque ahora sean menos que nunca antes.

Y cuatro quieren presidir la batalla político-electoral que sigue: José Narro Robles, ex rector de la UNAM y ex secretario de Salud; Ulises Ruiz, el viejo estilo beligerante y de confrontación, con un pasado muy nebuloso durante su gestión como gobernador de Oaxaca y un presente más con ambición que con ideología. Ivonne Ortega, la ex gobernadora de Yucatán y el campechano Alejandro Moreno Cárdenas. De ellos saldrá quien intentará darle los auxilios para revivir o los últimos auxilios antes de desaparecer de plano.

En todo caso el PRI pasa por su peor momento en toda su historia. Y el PRI quiere recuperar el terreno perdido. Le será extremadamente difícil por su pasado y por sus errores graves, los que ellos reconocen pero que aun así no olvidan porque es parte de sus genes políticos.

Ya veremos qué sigue con este partido político si como diría Tito Monterroso ‘… cuando despertó aún estaba ahí’ o si sus pugnas internas por el poder lo llevan a su aniquilación final. Eso lo habrán de decidir los priistas: ni más, ni menos.

Huexca: “Y venimos a contradecir…”

@joelhsantiago | @OpinionLSR | @lasillarota