Opinión

¡Presidente, respete a los periodistas; no somos iguales!

El presidente sólo es mandatario, mientras los ciudadanos somos los mandantes. Y por ese pequeño detalle nos debe respeto. | Ricardo Alemán

  • 01/04/2019
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Lo primero que debe recordar López Obrador es que, en el terreno político, el presidente y los ciudadanos no somos iguales. ¿Por qué?

Porque en una democracia representativa, como la nuestra, todos los mexicanos –incluidos los periodistas–, somos los mandantes; el pueblo del que dimana el poder, según la Constitución.

Al mismo tiempo y según las reglas electorales, los ciudadanos todos –incluidos los periodistas–, mandatamos a López Obrador –mediante el voto–, para el encargo de Ejecutivo Federal. Es decir, el presidente sólo es mandatario, mientras los ciudadanos somos los mandantes. Y por ese pequeño detalle nos debe respeto.

Lo segundo que debe recordar Obrador es que le obliga el respeto a los ciudadanos, en general, y a los periodistas en particular, porque jurídicamente no somos iguales. ¿Por qué jurídicamente no somos iguales el presidente y los periodistas?

Porque cuando López Obrador insulta, difama, calumnia y ridiculiza a los periodistas, en las mañaneras, el que habla es el depositario de la máxima autoridad en México, el presidente, el mismo que juró respetar y hacer respetar la Constitución.

El mismo que, en su calidad de autoridad, viola los derechos humanos de los periodistas y sus garantías individuales, a pesar de que el párrafo tercero del artículo 1º Constitucional establece que es el presidente, precisamente, la autoridad responsable de garantizar el respeto a los derechos humanos de los ciudadanos todos, incluidos los periodistas.

Es decir, cuando el presidente Obrador interviene en su carácter de autoridad, en “las mañaneras”, y acusa, juzga y sentencia a periodistas, está violando derechos humanos y garantías individuales fundamentales de esos ciudadanos dedicados al periodismo; cuando acusa, juzga y sentencia a los medios de comunicación –en tanto personas morales–, también violenta sus derechos fundamentales.

En realidad, cuando lópez Obrador califica a los periodistas como “fifís”, “fantoches”, “conservadores”, “sabelotodo”, “hipócritas” y “doble cara”, el presidente no sólo calumnia, difama e injuria “a la persona”, sino que violenta algunos de sus derechos humanos básicos, como el buen nombre y su honor.

Lo tercero que olvida Obrador es que cuando el presidente insulta, difama, ofende y ridiculiza a los periodistas, está violando el artículo 16 Constitucional que, a la letra dice. “Nadie puede ser molestado en su persona, familia, domicilio, papeles o posesiones, sino en virtud de mandamiento escrito, de la autoridad competente, que funde y motive la causa legal del procedimiento”.

Lo cuarto que olvida López Obrador es que en todo Estado existen tres tipos fundamentales de relación entre el ciudadano, las empresas y el poder; la relaciones de “coordinación”, que se da entre civiles y particulares; la relación de “supraoordinación”, que se produce entre los iguales del poder; órganos de gobierno o del Estado, y la relación de “Supra a subordinación”, que es aquella relación que se produce entre los particulares –los ciudadanos–, y uno o más representantes del gobierno o del Estado; el presidente Obrador, en el caso que nos ocupa.

De esa manera, cuando López Obrador, actúa en “las mañaneras” en su calidad de presidente, desempeña el cargo de autoridad ejecutiva cumpliendo con su obligación de “informar” a la ciudadanía en general.

Entonces se establece la relacion de “supra a subordinación”, entre la autoridad, por un lado, y los gobernados, por el otro.

Y resulta que, según la doctrina jurídica, en toda relacion de “supra a subordinación”, el presidente o cualquier autoridad de gobierno o del Estado, no tiene el beneficio de las garantías individuales, porque no actúa como gobernado, sino que desarrolla “funciones de imperio”; es decir, de autoridad.

Por eso, en las “mañaneras”, el presidente no puede apelar a su derecho de réplica, porque ese es un derecho de los ciudadanos, no del “imperio”, o de la autoridad.

Y tampoco puede difamar, calumniar, ofender y ridiculizar a los periodistas, porque viola la Constitución que juró respetar.

Por todo lo anterior, presidente, respete a los periodistas, porque no somos iguales.

Al tiempo.

¡El peor enemigo del presidente!

@RicardoAlemanMx | @OpinionLSR | @lasillarota