Opinión

Pregúntele al general

El aspirante a ministro quemó sus naves con el sector militar.

  • 01/12/2015
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Hace una semana el procurador de Justicia del Estado de México, Alejandro Gómez Sánchez, aspirante a ocupar una de las vacantes que a partir de hoy quedan en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), compareció ante el Senado de la República para exponer los motivos por lo que quiere ser ungido como ministro.

 

Colocado ante el dilema de proteger a su jefe Eruviel Ávila y protegerse a sí mismo y a la dependencia estatal que encabeza, Gómez Sánchez no tuvo más remedio que mandar por un tubo a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y a su titular, el general Salvador Cienfuegos Zepeda.

 

Lo mismo hizo, en un solo acto, con la Procuraduría General de Justicia Militar (PGJM), y con el penalista Juan Velázquez -asesor estrella de los poco eficaces abogados militares que llevaron al principio el caso Tlatlaya-.

 

El aspirante a ministro quemó sus naves con el sector militar y terminó defendiendo su postura y la de sus colaboradores en la investigación sobre la masacre de 22 civiles ocurrida el 30 de junio de 2014 en las inmediaciones de la comunidad de San Pedro El Limón, en el municipio de Tlatlaya, Estado de México.

 

Gómez Sánchez no tenía mucho de dónde elegir y entre la lealtad al jefe Eruviel, el prestigio de su administración en justicia y su nombre propio, optó por exhibir al general Cienfuegos y a su amigo Velázquez quien consiguió la liberación de cuatro de los siete militares bajo proceso acusados por el asesinato de al menos 11 de los 22 civiles ejecutados.

 

Sin lanzarse de lleno al fuego, blindando en la medida de lo posible su participación en los hechos, el procurador mexiquense citó a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) para lanzar la piedra y dejar en claro que fue personal militar y no de su procuraduría el que alteró la escena de la masacre y oculto o removió pruebas sustanciales del caso.

 

El aspirante Gómez cumplió y dio la nota, un mes después de la liberación de los soldados Álan Fuentes Guadarrama, Julio César Guerrero Cruz, Samuel Torres López y Ezequiel Rodríguez Martínez, lograda por Velázquez, defensor también del ex presidente Luis Echeverría y cercanísimo consultor jurídico del Estado Mayor de la Defensa Nacional (EMDN), hombre crecido dentro del poder.

 

Con sus palabras, el abogado de Eruviel dejó mal parado al jefe del ejército y a su abogado externo, puso en duda la liberación de los inculpados ya que no hubo elementos para seguirles procesando y además las declaraciones de las mujeres sobrevivientes resultaron contradictorias e imprecisas y colocó de nuevo a las fuerzas armadas en el ojo de un huracán que todos creían comenzaba a degradarse.

 

Gómez Sánchez salvó el pellejo en lo civil, pero lo perdió en lo militar.

 

Aunque el golpe estaba anunciado y calculado en las esferas de la política priísta, las reacciones en el ámbito de las organizaciones civiles pro derechos humanos dentro y fuera del país reavivaron un tema que el alto mando esperó rebasado precisamente por la liberación de sus soldados.

 

Las llamativas y seleccionadas entrevistas que Cienfuegos dio a medios afines a presidente de la república y la campaña mediática que el general dispuso en el extranjero para difundir desde las página de la revista Air & Space Power Journal (publicación de la Universidad de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos) debería haber bastado para redireccionar el tortuoso camino de la Sedena en este fin de año.

 

Se imponía una tregua navideña, como en el caso Ayotzinapa, pero la reedición de los abusos desde el poder, como en Tlataleolco, no se olvida.

 

Cienfuegos por su lado, con una estrategia unilateral para impedir que la Sedena, que sus soldados, sean atacados, criticados, exhibidos una vez más.

 

Eruviel y Peña por el otro, desde el poder civil, decidiendo, salvando, desgastando.

 

¿Alguna duda sobre lo ocurrido en Tlatlaya? ¿Sobre el manejo inicial de la investigación y sus posteriores zonas oscuras?

 

Sólo hay que dirigir las preguntas al interlocutor correcto.

 

@JorgeMedellin95 

 

 

 

 

 

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