En principio la noticia suena bien. El elevado número de ciudadanas y ciudadanos que han manifestado ante el Instituto Nacional Electoral (#INE) su intención de contender como candidatos independientes a la Presidencia de la República, revela un escenario inédito en nuestro sistema político.

Casi 40 aspirantes

Sin embrago, la lista se irá depurando en los próximos meses por los múltiples y muy complicados requisitos que la ley les impone.

El reto más grande está en las firmas

En un plazo de 120 días tendrán que demostrar el apoyo de por lo menos el uno por ciento del listado nominal del Padrón Electoral, es decir, casi 900 mil firmas, en por lo menos 17 entidades del país.

Tal proeza la podrán lograr unos cuantos

Si esta es la realidad, entonces la pregunta obligada es: ¿Qué se esconde detrás de esta inesperada respuesta política?

Ojalá fuera el despertar de una ciudadanía inconforme

Pero la realidad indica que no es así. Si bien la emergencia nacional que se enfrenta por los terremotos de septiembre abrió una ventana de oportunidad para transformar nuestro modelo político, lo cierto es que los aspirantes a la candidatura independiente no surgieron de esta situación.

Tampoco son consecuencia del hartazgo de la gente en la política

Y mucho menos del "despertar de la conciencia" de una sociedad que quiere acabar con la inseguridad, la corrupción, la impunidad,  desigualdad e inequidad que no se han podido superar con la alternancia durante las últimas dos décadas.

Ojalá fuera el preámbulo del gran cambio que el país necesita

¿Cuántos no quisieran ser partícipes, colaboradores o testigos del punto de inflexión que permita devolver a la actividad política la confianza que se requiere en una democracia?

El golpe de timón que hace falta es deseable, pero aún no es posible

Asistimos simple y sencillamente al reacomodo natural de los grupos políticos en la lucha sin precedente por la Presidencia de la República y los 3 mil 325 cargos públicos que elegiremos en el 2018.

Ni más ni menos

A pesar de las grandes ilusiones y expectativas que generaron algunos independientes en las elecciones de los últimos dos años, son muy pocas las posibilidades de que alguno de ellos encarne o sea el líder de una gran transformación. 

La misión estratégica es clara

Si bien la decisión no aplica a todos los aspirantes, es evidente que quienes están promoviendo este escenario buscan la división de partidos y grupos que, según las encuestas, han logrado altos niveles de competitividad.

Divide y vencerás

Y si a la división se suma la dispersión, los movimientos incidirán —como ya lo están haciendo— en la conformación final de las candidatas y candidatos oficiales que habrá en el primer trimestre del próximo año.

Quienes entienden las reglas del juego lo saben muy bien

Para muchos de quienes se han registrado no hay duda de que sus posibilidades de pasar a la segunda fase son nulas. Otros están conscientes de que, aún con las firmas de apoyo, el triunfo es imposible en un sistema dominado por los partidos. Por lo tanto, lo más seguro es que en México no tendremos en 2018 un presidente o presidenta independiente.

La posibilidad existe, pero el éxito es poco probable

Las equivocaciones del gobierno federal o de las principales fuerzas y alianzas políticas tendrían que ser muy grandes para ser desplazados de las cúpulas del poder. Evidentemente, un número importante de independientes ganará posiciones importantes a nivel estatal o municipal, en el Congreso Federal y en los locales, pero no serán parte todavía de un nuevo paradigma porque los obstáculos actuales lo impiden.

El cambio de fondo, por lo tanto, deberá esperar otros años más.

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