Es curioso pero el apoyo a la legalización de la marihuana proviene de distintos espectros del espacio político en los Estados Unidos. Por un lado, los libertarios de Alaska la apoyan debido a que no quieren que el Estado intervenga en ningún aspecto de sus vidas. Los progresistas, por su parte, consideran mejor que sea precisamente el Estado el que regule ese mercado para reducir los riesgos y los daños del consumo de esa sustancia.

 

El apoyo a la causa proviene también de los líderes de la comunidad negra de ese país, ya que el combate a las drogas ha servido de pretexto para criminalizar a ese sector de la población norteamericana. Perseguir a las drogas ha sido particularmente útil para fortalecer la política de encarcelamiento masivo que persiste en esa nación. La población apoya de manera mayoritaria la medida, especialmente los electores más jóvenes, de los cuales cerca del 80% está de acuerdo.

 

Buena parte de los estadounidenses piensan que los daños que ocasiona el tráfico ilícito son menores en comparación con los que ocasiona su consumo, siempre y cuando sólo se permita a mayores de edad, no se promocione y se informe de las medidas que se pueden tomar para reducir sus daños entre los consumidores. También se identifica que el acceso legal a la marihuana evita el contacto con distribuidores ilegales peligrosos que además ofrecen también otro tipo de sustancias de mayor riesgo. Si a nosotros nos preocupa la guerra contra las drogas por los efectos nocivos en las comunidades productoras, a ellos les queda clara que la prohibición pone en mayor riesgo a los consumidores.

 

El martes pasado, Oregon y Alaska aprobaron la producción, venta y consumo legal de la marihuana, lo que ya sucede en los estados de Washington y Colorado. Mientras que el Distrito de Washington aprobó la posesión, cultivo e intercambio gratuito de dicha sustancia. El modelo de Denver, el primero en ser implementado, ha tenido éxito y puede ser replicado. Se trata de un sistema en el que se produce y procesa marihuana en espacios cerrados y se vende a mayores de edad en cantidades limitadas.

 

La policía está directamente involucrada en el proceso de supervisión y es capaz de trazar cada una de las plantas y monitorear a todo el personal que labora en dicha actividad. La venta está gravada con un impuesto adicional que se destina al financiamiento de centros de ayuda en adicciones y a rehabilitar escuelas. Denver pudo construir este sistema de aprovisionamiento seguro gracias a que primero aprobó el uso medicinal de la marihuana que ha sido recetada a cientos de miles de personas en tratamientos de cáncer, esclerosis múltiple, epilepsia, dolor crónico, etc.

 

Esto significa que la veintena de estados que ya permiten el uso medicinal pueden construir una transición más o menos sencilla hacia el uso con otros propósitos. Hasta el momento no hay evidencia alguna de un incremento sustancial en el consumo de la cannabis y mucho menos del crecimiento de algún tipo de delito. Tampoco se registra algún crecimiento de padecimientos de carácter mental o un aumento de personas que demandan atender un problema de consumo abusivo de esa sustancia.

 

La aceptación de la legalización de marihuana parece ser irreversible en Estados Unidos después de los resultados del martes. Incluso en Florida, en donde no fue aprobada la iniciativa de uso medicinal, el apoyo fue de 57%, pero se requería el 60% de votos a favor por tratarse de una enmienda constitucional. La reforma a la política de drogas no solamente ha sido insinuada por el presidente Obama y abiertamente apoyada por el New York Times, sino que los ex presidentes Carter y Clinton forman parte de la comisión global de ex mandatarios y personalidades locales que buscan cambiar el enfoque de la guerra contra las drogas.

 

El martes, California también votó hacer de la posesión un falta no grave, y seguramente votará la legalización en dos años junto con los estados de Massachusetts y Maine. Actualmente, el prohibicionismo es un paradigma que lejos que generar un consenso, como el que se tenía en los años noventa cuando se pensaba en la posibilidad de un mundo libre de drogas, está seriamente cuestionado por los principales líderes de opinión globales. Fernando Savater, por ejemplo, se manifestó en ese sentido en México el fin de semana.

 

Prácticamente nadie fuera de las agencias encargadas de combatir drogas defiende las actuales políticas y el debate sobre el tema es la constante en las democracias occidentales. El modelo de legalización estadounidense no es el único que se ha experimentado en el orbe. Holanda ha tenido buenos resultados en su política de separar la venta de la marihuana del resto de las drogas y Portugal también en la estrategia de descriminalizar la posesión y consumo de toda droga ilegal.

 

En México, el debate es, a ratos, intenso. Los es en este momento por las torpes declaraciones del nuevo comisionado de adicciones, que antes dirigía la policía, y por los resultados electorales en Estados Unidos. Lo que no hemos hecho es tomar medidas concretas para regular el mercado de la marihuana del país y como respuesta a lo que está sucediendo con nuestros vecinos.

 

Salvaguardar la salud y los derechos de los consumidores tampoco ha sido una prioridad. El comisionado Mondragón los considera delincuentes y “lacras sociales”. Urge que el país tome medidas como medir con seriedad la magnitud y características de los consumidores de drogas, introducir más, nuevos y mejores esquemas de ayuda a consumidores problemáticos, trabajar en esquemas efectivos de prevención y proporcionar información útil para que los que han decidido consumir drogas incurran en menos riesgos.

 

Pero, sobre todo, urge alejar a los consumidores de los criminales que son los que proveen drogas, sin ningún control de calidad sobre las mismas y que normalmente ofrecen un carta de productos que generan riesgos mayores a la cannabis. El debate ya es una realidad en México, lo que faltan son acciones concretas basadas en una nuevo política de drogas. En la ALDF ya hemos propuesto legislación concreta que, de aprobarse, serviría para que los capitalinos estén en menor peligro, dado que las drogas existen y seguirán con nosotros por siempre.

 

@vidallerenas



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