Opinión

¿Por qué leer a Wallerstein hoy en día?

Hay una probabilidad de 50% de un cambio transformador siempre y cuando quienes vivan en el futuro luchen para que dicho cambio sea real. | Leonardo Bastida

  • 07/09/2019
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De origen neoyorquino, cuya adolescencia transcurrió en la época de la posguerra, ese momento en que Estados Unidos comienza a erigirse como una super potencia mundial después de que Europa quedara devastada tras un conflicto bélico de seis años, la Segunda Guerra Mundial, en el que murieron millones de personas, surgieran tratados internacionales a favor de la paz mundial y en contra de sucesos como el Holocausto, Immanuel Wallerstein decidió estudiar sociología y se inspiró en los estudios históricos del francés Fernand Braudel para comenzar su propia trayectoria.

Así, como científico social, decidió que para poder estudiar los hechos, tenía que conocerlos de primera mano y se trasladó a África para observar los procesos de descolonización que comenzaron a llevarse a cabo desde la década de los 50 en países como Ghana. Sin embargo, tras varios años de análisis de estos fenómenos sociohistóricos, e intentar comprender el funcionamiento de los “sistemas coloniales” y las maneras en que los nuevos Estados funcionaban, se percató de que para entenderlos requería ampliar sus horizontes, y eso requería estudiar “el mundo moderno”, desde una perspectiva global.

Lo anterior implicaba tomar en cuenta múltiples aspectos en las diferentes regiones del mundo, pero también plantear la existencia de un sistema mundial que se reflejó en diversos lugares de diferentes maneras y con distintas implicaciones.

Sin embargo, para el autor de El Moderno Sistema Mundial, una obra de cuatro volúmenes, en la que parte del análisis de los orígenes de la economía-mundo europea en el siglo XVI hasta los comienzos del siglo XX, con lo que considera el triunfo del liberalismo centrante, este ejercicio reflexivo es de suma importancia ya que “en la medida en queramos un mundo más igualitario y más libertario, hemos de comprender las condiciones bajo las cuales estos estados del ser son realizables”.

En otra de sus obras, El capitalismo histórico, añadió que el capitalismo debe entenderse como un sistema histórico, en el que hay aspectos que siempre han estado cambiando, pero hay otros que nunca lo hacen, siendo la conjunción de ambos, la realidad entera.

Desde esta postura, el también fundador del Centro Fernando Braudel de la Universidad del Estado de Nueva York, analizó temas como el de los derechos humanos en sus publicaciones quincenales en diarios como La Jornada, argumentado que, prácticamente no hay ningún Estado moderno que no haya violentado los derechos humanos de sus integrantes, lo cual es una clara advertencia que en un sistema mundial como el capitalista, la categoría como tal ha tenido escasos alcances, por lo que la gran lucha sigue siendo contra el sistema prevaleciente.

De igual manera, en esos mismos espacios reflexionó sobre el feminismo, argumentado que “la opresión de las mujeres es, probablemente, la realidad social conocida que ha perdurado más”, por lo que consideraba necesario que todas las luchas particulares se conjunten en un movimiento global.

La migración, pero sobre todo, las miles de personas que desde hace algunos años han salido de sus hogares en sus países buscando refugio en otras naciones para dejar atrás la guerra, la violencia, la hambruna es un tema que Wallerstein consideraba muy importante pero era reflejo de algo mucho más amplio y con múltiples aristas.

El pasado 31 de agosto murió el también coordinador del libro Abrir las ciencias sociales, recién retirado de la escritura de columnas periodísticas en su natal Nueva York y advirtiendo que hay una probabilidad de 50 por ciento de la gestación de un cambio transformador siempre y cuando quienes vivan en el futuro luchen consigo mismos para que dicho cambio sea real.

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