Opinión

Por qué aumentan la gasolina y las tarifas eléctricas

Aún faltan factores como la infraestructura y la inversión.

  • 04/08/2016
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Las alzas en precios de gasolinas y el consumo de energía eléctrica anunciadas la semana pasada, han hecho que todos los sectores de la población reaccionen en manifestaciones de descontento ante las autoridades hacendarias y hacia la administración de Enrique Peña Nieto.

 

La iniciativa privada, está enfocando sus baterías para detener y en la medida de lo posible, disminuir el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) argumentando que ese gravamen es única y estrictamente una medida recaudatoria sin ningún otro fin. Y por su puesto, la tributación es un beneficio que el gobierno federal seguirá manteniendo puesto que en breve perderá todos los ingresos que percibía de Pemex.

 

Los empresarios nuevamente en actitud retadora y de presión por supuesto, han salido a demandar al gobierno federal para que les exente los impuestos de ISR, ISN, Infonavit y el IMSS; en voz de la Coparmex, el alegato dicen, es sólo por la inacción por parte del ejecutivo para detener la ola de bloqueos y manifestaciones de la CNTE. El trasfondo tiene por supuesto tintes políticos, pero también muy claros en cuanto al rechazo al IEPS  a gasolinas y refrescos que se dice, este último producto tendrá incremento en su respectivo impuesto para el próximo año.

 

Volviendo al tema de las alzas, el principal causante de esos incrementos, refieren los detractores de la política económica implementada por el actual gobierno, es el IEPS que representa en el caso del las gasolinas, 6.49 pesos por litro de la tipo Magna, y que a partir de este lunes, los consumidores del carburante, debemos de pagar 13.98 pesos por litro.

 

Pero en el caso de las tarifas eléctricas, la situación es distinta, el precio está siendo afectado por el alza de los precios internacionales del gas natural, debido a que la oferta del carburante a nivel mundial, ha disminuido en los últimos meses, mientras que la demanda se incrementó debido a las olas de calor que están viviendo algunos países europeos, pues las temperaturas están por arriba del promedio registrado en los últimos años.

 

Los países miembros de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) en su conjunto, son el bloque que más demandan gas natural pues su consumo se incremento 4.7% en los primeros cuatro meses de 2016, mientras que la producción, presentó una reducción anual de 1% en el mismo periodo.

 

El dilema es que no se prevé un alza en la producción de gas a nivel mundial en lo que resta del año por lo que se prevé, que los precios sigan presionados a la alza hacia finales de 2016 cuando los países comienzan a demandar el energético para enfrentar el invierno. Estos factores junto con la incertidumbre de inseguridad o de guerra como la nombro el jefe del vaticano, están presionando los precios de los energéticos y su producción pues ante la escalada de violencia en Europa y Oriente medio sigue cayendo la extracción de hidrocarburos.

 

A toda luz, el IEPS es un gravamen excesivo, y en el corto plazo, se ve complicado que se revierta aunque algunos diputados panistas, ya han salido a proponer que se reduzca el porcentaje del gravamen para llevar el precio a 11.09 pesos por litro en el caso de la gasolina Magna y a 12.34 pesos la tipo Premiun que hoy se paga a 14.81 pesos por litro. Lo que a todas luces es un ardid político para jalar agua para su molino.

 

Pero el problema es que ese impuesto no lo absorben las empresas, generalmente se traduce al consumidor quien paga al final más por los productos y servicios gravados por ese impuesto. Recientemente, la Asociación Nacional de Productores Refresqueros y Aguas Carbonatadas (ANAPRAC), reveló que durante el mes junio, hacienda recabó 15.4% más por concepto de IEPS, en tanto que los precios de los refrescos durante 2014 se incrementaron 15%; una cifra casualmente similar y todavía falta contabilizar los aumentos a refresco en el transcurso de este año.

 

Por supuesto que el tema del incremento de estos dos insumos básicos para la economía de los mexicanos y las empresas, impactará en un alza de costos en la producción de bienes y servicios y empujarán hacia arriba la expectativa de la inflación para el cierre del año, la cual ya antes de éstas últimas alzas, había rebasado la meta del Banco de México de 3% anual.

 

¿Pero por qué no bajan los precios de las gasolinas si están bajando los precios del petróleo a nivel internacional? Esa es la pregunta recurrente entre la opinión popular. La verdad es que el problema es más estructural de lo que parece; por supuesto que los impuestos impactarán la competitividad de las empresas y el bolsillo de los todos los mexicanos, pero en ambos casos, el tema tiene que ver más con la apertura energética.

 

¿Por qué? Parece irrisorio que luego de que el gobierno se deshiciera de su principal fuente de ingresos para gasto público que eran los ingresos de Pemex, se presuma que los ingresos públicos se compensarían automáticamente en virtud de la regulación de las fuerzas del mercado; error grave quien así lo haya presupuestado puesto que para que ello ocurra, y si así sucede, el sector energético deberá de estar bien asentado y promoviendo una virtuosa actividad económica alrededor de éste y el resto de los sectores económicos.

 

Lo anterior es una simpleza si lo queremos mirar así, sin embargo, fue parte del razonamiento que derivó en la pregunta que tantas veces se realizó a promotores y edificadores de la reforma energética, en cuanto de dónde recabaría el gobierno federal de Peña Nieto o de quien venga, los recursos que dejaría de percibir de Pemex. Lo cierto es que nunca se obtuvo una respuesta clara y concreta, y tampoco se vislumbraba un plan o estrategia para ir recuperando esos ingresos para el gobierno, ni en éste ni en esta administración, ni en la que venga.

 

Lo fácil dicen algunos críticos del gobierno, ha sido implementar gravámenes como el IEPS, que a decir del sector empresarial, los hace perder competitividad. Pero el tema no acaba tampoco ahí, la reforma energética no era una barita mágica que transformaría el crecimiento y desarrollo económico de México de la noche a la mañana.

 

Todavía hay mucho camino por recorrer y uno de los temas de los que pocos hablan entorno al alza de gasolinas y tarifas eléctricas, es la falta de infraestructura para hacer eficientes ambos servicios de consumo, pues las inversiones privadas, aún no fluyen hacia esos segmentos.

 

Los empresarios gasolineros se quejan de que con el IEPS, se hace más complicado importar gasolinas baratas, pero no dicen que no cuentan con la infraestructura física para almacenar y transportar las gasolinas importadas, ni siquiera con los permisos necesarios para ello, de acuerdo al nuevo reglamento.

 

Lo mismo en el caso de la electricidad, los nuevos generadores de electricidad, podrán importar gas para producir energía eléctrica en México, pero tampoco cuentan con la infraestructura para el transporte y almacenamiento, cierto hay que apresurar el proceso de trámites para otorgar los permisos ya solicitados, pero eso tampoco sucederá en seis o nueve meses, llevará más tiempo porque implementar esa infraestructura requiere cuantiosos recursos de capital.

 

Por lo pronto, Pemex sigue rentando y ofreciendo esos servicios a los particulares y eso también incide de alguna manera en los precios al consumidor, puesto que se deben cubrir el costo logístico.

 

Lo trágico es que quizás no veamos precios bajos de gasolina en México porque aún faltan factores como la infraestructura y la inversión para pensar en que los nuevos gasolineros pueden llegar a bajar el precio del combustible; pero eso puede ser poco probable si ese proceso de desarrollo físico lleva mucho tiempo y los precios del petróleo comienzan a subir nuevamente. Si eso sucede, los precios no bajarán. Cierto una medida será comprarle esos activos a Pemex, algo que sucederá tarde o temprano, pero no todos los jugadores alcanzarán algo en esa venta.

 

En otras palabras, ahora como tantas otras ocasiones, la carrera es contra el tiempo, pues si queremos ver un día precios bajos en gasolinas y tarifas eléctricas en México como en Estados Unidos, las empresas deben desembolsar ya las inversiones y el gobierno agilizar los trámites para permisos. De postergar y prolongar estas acciones, sucederá lo mismo que con la reforma energética que tardó en ser aprobada y cuando se le dio luz verde, el mundo ya había cambiado, y el precio internacional del petróleo y el contexto económico global, comenzaron a colapsarse.

 

@ijm14

@OpinionLSR

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