Opinión

Por encimita

Ayer iniciaron los trabajos de las plenarias de la Segunda Cumbre Ciudadana. A dos años de la primera, sabemos que algunos de los acuerdos que impulsamos se plasmaron con asertividad, primero en el Pacto por México e incluso algunos en la Constitución. Otros mantuvieron el espíritu en la regulación secundaria.

  • 03/06/2014
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Gran parte de las propuestas de reformas constitucionales que se impulsaron desde el inicio de este sexenio surgieron en buena medida gracias al trabajo articulado de cientos de organizaciones de sociedad civil que conformaron la cumbre ciudadana.

Como ejemplo  podemos citar que se hizo realidad la exigencia de una reforma que devolviera la rectoría de la educación a las manos del Estado, el impulso de una reforma política, la materialización de una ley de víctimas que protegiera los derechos humanos, la autonomía del Instituto de Acceso a la Información Pública Gubernamental (IFAI) y del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE), la integración de ciudadanos al Sistema Nacional de Seguridad Pública, o la instrumentación de una reforma de cuenta pública entre otros avances.

Sin embargo, y esa es una de las principales razones por las cuales nos reunimos nuevamente, muchas de estas propuestas se diluyeron en las negociaciones legislativas o  se simularon con regulaciones mezquinas.

Una vez firmado el Pacto por México, los actores políticos abandonaron casi por completo el diálogo y la interlocución con la sociedad civil organizada. Quizá sea esa una de las razones por las cuales vemos ahora que muchos de los resultados de su materialización no correspondan con el espíritu democratizador y de respeto a derechos y libertades que impulsó nuestras propuestas.

La efervescencia de cambios constitucionales nos emocionó a muchos, pero si revisamos la regulación secundaria o las políticas públicas con las que se pretenden hacer efectivos los cambios, debemos aceptar que todavía no ha habido modificaciones de fondo, estrategia, ni de transformación institucional y por lo tanto, no hay suficientes implicaciones positivas que sean perceptibles en la vida cotidiana de los ciudadanos.

Parece que las autoridades creen que estaremos satisfechos por el hecho de que hayan incorporado a la constitución las figuras de candidaturas independientes, iniciativa ciudadana o reelección, es suficiente a la par que condicionan su ejercicio para impedir que funcionen, más que impulsar un compromiso están defraudando su palabra. La incorporación de ciudadanos al Consejo de Seguridad sin voto y con limitadísima voz, tampoco proyecta una real disposición al cambio. Y ¿qué decir de la regulación secundaria del servicio profesional docente que dejó en manos de los gobernadores las negociaciones de plazas con los sindicatos? Se advirtió a tiempo que eso podría suceder.

Asumimos la responsabilidad que como sociedad civil organizada tenemos para alertar cuando se han tomado rutas poco acertadas. Así que con un ánimo proactivo nos disponemos a entregarles un diagnóstico que incluye los siguientes temas: transparencia y rendición de cuentas; seguridad y derechos humanos; trata de personas; migración; salud; derecho a la alimentación; democracia y participación ciudadana; educación; inclusión y desarrollo;  economía y emprendimiento;  fortalecimiento de la sociedad civil.

Entendemos que para innovar y participar activamente de la discusión pública necesitamos comprometernos a mantener un diálogo abierto y permanente, que requiere de nuestra parte el esfuerzo para reconstruir la confianza en los gobiernos, pero que sólo puede suceder si quienes toman las decisiones están dispuestos a sentarse a la mesa y retomar el diálogo continuo.

Si queremos que realmente haya una democracia participativa y proactiva, requerimos representantes que asuman la importancia de impulsar una sociedad civil fuerte con posibilidades reales de incidencia sobre la vida pública.

Mientras aparenten escucharnos y atendernos, su simulación le restará a nuestro país muchas posibilidades de desarrollo, inclusión y construcción de espacios públicos armónicos y pacíficos. Será tarea nuestra no quitar el dedo del renglón. Aunque parezca que el libro ha concluido con las “reformas estructurales”, la construcción de un Estado justo y pacífico requerirá corresponsabilidad e inclusión en la toma de decisiones públicas.

 

@maiteazuela