Opinión

Polución atmosférica y sustentabilidad alimentaria

Contaminación atmosférica afecta exponencialmente al campo.

  • 20/04/2017
  • Escuchar

Si bien es cierto que los efectos más preocupantes de la polución atmosférica son los que ésta inflinge sobre la salud de los seres humanos, es muy importante no perder de vista que dichos efectos también incluyen diversos daños sobre los ecosistemas naturales, las fachadas de todo tipo de inmuebles, estatuas y monumentos, y de manera preocupante, sobre los cultivos agrícolas.

Este último es un tema que, a pesar de su importancia, no ha sido muy estudiado en nuestro país. Uno de los pocos estudios que han sido publicados es el que hizo el Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM (CCA) para el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (Inecc) en 2014, en el que se valuaron los impactos de la contaminación atmosférica sobre los cultivos agrícolas de los estados que conforman la megalópolis del centro del país.

Dichos impactos varían mucho, dependiendo de variables como el tipo de cultivo y las concentraciones que alcancen diferentes tipos de contaminantes en cada región agrícola. El estudio del CCA se enfocó en los cultivos de maíz, avena, frijol y sorgo en la región mencionada y sus resultados son muy ilustrativos de las pérdidas económicas provocadas por la polución del aire en esa zona.

Por ejemplo, en el período de estudio, que fue de junio a septiembre de 2011, las concentraciones de ozono provocaron la pérdida del 6% de la producción anual de maíz en el municipio de Huamantla, en el estado de Tlaxcala, y del 11% de la producción del mismo grano en el municipio de Villa de Allende, estado de México. Sí se toman en cuenta los precios pagados a los productores en esas fechas, las pérdidas económicas provocadas por el ozono a los agricultores ascendieron a 9 millones de pesos en Huamantla y a 18 millones de pesos en Villa de Allende.

Al incluir toda el área cultivable de maíz, avena, frijol y sorgo en la región de la megalópolis, las pérdidas económicas provocadas a los agricultores por el ozono en ese año de 2011 ascendieron a 287 millones de pesos para el maíz, 291 millones para la avena, 86 millones para el frijol y 210 millones para el sorgo. Si se sumaran las pérdidas provocadas por la polución atmosférica en muchas otras regiones del país, las cifras seguramente serían muy significativas en el contexto de la producción nacional de productos agrícolas.

Si bien no se ha explorado cuáles son los efectos particulares sobre el consumidor final, un escenario plausible es que la reducción de la oferta de productos agrícolas como consecuencia de los efectos de la polución atmosférica en algunas regiones del país, haya estado contribuyendo cada año en el incremento de los precios de esos productos.

Ahora bien, desde una óptica mundial y de largo plazo, este problema se relaciona de varias maneras con el tema de la sustentabilidad alimentaria, cuyo interés general se centra en la solución de los problemas que dificultan el acceso de la población a una alimentación suficiente, adecuada y oportuna. En este contexto, hay una enorme lista de factores que influyen sobre los niveles de producción y  de productividad de los procesos de producción alimentaria, como por ejemplo, el cambio climático, las tensiones generadas por los incrementos tanto de la producción de biocombustibles como de la huella ecológica de la agricultura, así como el hecho de que la falta de coordinación espacial y temporal entre muchas actividades hace que un tercio de la producción mundial de alimentos se pierda o se desperdicie, lo cual es absolutamente lamentable pues millones de personas pasan hambre en muchos países.

Recientemente se publicó un índice de sustentabilidad alimentaria elaborado por un consorcio en el que participa la revista británica The Economist, que incluyó a 25 países de todos los continentes. Los latinoamericanos incluidos fueron México, Brasil, Colombia y Argentina, y se utilizó una gran cantidad de datos para calcular indicadores sobre pérdida y desperdicio de alimentos, agricultura sustentable y retos nutricionales. Como siempre, cuando se hace con precaución, las comparaciones suelen dar información interesante.

Veamos algunos de los resultados. Entre los aspectos incluidos en los retos nutricionales, está por ejemplo el porcentaje de azúcar en la dieta de la población. Al país mejor posicionado, esto es, con el menor porcentaje de azúcar, el índice le asigna un valor de 100. Los mejores 3 países fueron Colombia con 100, Israel con 99 y China con 96 puntos. Y los 3 peores países (hasta parece chiste) fueron Estados Unidos con cero puntos, y México y Argentina con 7 puntos. En la tabla general, incluyendo varios factores relacionados con retos nutricionales, los mejores posicionados fueron Francia, Japón y Corea del Sur; los peores fueron México, Sudáfrica, Nigeria e India.

En cuanto a los retos de la agricultura sustentable, los países con las mejores prácticas fueron Alemania y Canadá; los peores fueron Egipto, Emiratos Árabes Unidos e India. México quedó a media tabla, en la posición 10, muy cerca de la posición número 15 en la tabla general sobre pérdida y desperdicio de alimentos, en la que los mejores fueron Francia y Australia, y los peores Brasil, Emiratos Árabes Unidos, Indonesia y Arabia Saudita.

En los cálculos del índice de sustentabilidad alimentaria se toman en cuenta las emisiones de gases de efecto invernadero provocadas por las prácticas agrícolas y pecuarias, pero no se incluyeron los efectos de la polución atmosférica sobre la producción y la productividad agrícolas, los cuales pueden ser factores de presión muy importantes en el horizonte de la sustentabilidad alimentaria; los ejemplos mencionados sobre los municipios de la megalópolis, así lo demuestran.


Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.