La tendencia es clara e inevitable. Candidatos, partidos y coaliciones tratan de despojarse del desprestigio y desconfianza que afecta, desde hace muchos años, a su actividad profesional. La ruta que han elegido es la de "ciudadanizar" algunas de sus actividades y, cuando es posible, hasta su nombre.

Ser o parecer un político afecta la reputación


También puede restar votos. Por eso, el concepto se trata de evadir sin tomar en cuenta los riesgos que entrañan los cambios o las ocurrencias para tratar de disfrazar su esencia o, lo que es lo mismo, su razón de ser.

El fenómeno es internacional


En España existe desde 2006 un partido que de plano se llama Ciudadanos, el cual está a punto de alcanzar en las encuestas a Podemos (otra fuerza surgida "desde la sociedad") en el proceso electoral de ese país. Su fortalecimiento se explica, entre otras razones, por la crisis que se enfrenta en Cataluña.

En América Latina los casos se incrementan


De acuerdo con una investigación realizada por Manuel Alcántara Sáez para el diario El País (noviembre 6 de 2017), durante los últimos cuarenta años, 26 presidentes de 136 casos analizados "no tenían relación orgánica alguna con el partido por el que fueron postulados".

La previsión es que el próximo año la cifra crecerá notablemente


Por un lado, por las candidaturas independientes. Por el otro, debido al número de ciudadanas y ciudadanos que están reclutando los partidos y coaliciones políticas para garantizar su subsistencia. Los ejemplos de lo que ha sucedido en Guatemala, Paraguay, Ecuador y Perú motivan a muchos para mantenerse firmes en la idea de "ciudadanizar" las contiendas.

Pero en México la tarea no está nada fácil


En los últimos meses se ha demostrado que no basta con llamarse ciudadano o aparentar ser un ciudadano. El carácter de independiente ha despertado la simpatía de muchos, pero el temor de los partidos a que se consoliden y ganen las elecciones ha provocado que se les impongan límites excesivos. 

La misión es casi imposible


El obstáculo principal lo tienen en la legislación aprobada y en los complicados requisitos que se exigen a quienes aspiran a un puesto de elección popular por la vía independiente. El resultado negativo lo veremos con el fracaso de casi todos los aspirantes a la Presidencia de la República para obtener las 864 mil 536 firmas que deben entregar a la autoridad electoral.

Y eso no es todo


Los cambios improvisados en materia de imagen institucional y personal están favoreciendo la confusión en diversos grupos de la sociedad. ¿Quiénes son los políticos y quiénes los ciudadanos? ¿Se puede creer que algunos personajes dejaron de ser políticos para convertirse en ciudadanos? ¿Alguno de ellos o ellas podría ganar una elección sin tener la base de una estructura política?

El reto para superar la desconfianza no es solo comunicacional


Con el nuevo paradigma que plantea el actual escenario, la #ComunicaciónPolítica tradicional no es suficiente para responder a las demandas más importantes y urgentes de la ciudadanía. Tampoco la #GuerraSucia les dará el retorno de inversión que esperan. Por el contrario, terminarán mermando más la desconfianza en las instituciones e incrementando los niveles de riesgo e incertidumbre en los procesos electorales.


En realidad, muy pocos saben qué hacer y cómo comunicarlo


Mientras el tiempo sigue pasando, aquellos que representan a nivel federal, estatal y municipal el voto antisistema tendrán las mayores posibilidades de ganar. Más aún si los partidos y coaliciones se empeñan en dar una mayor difusión a los métodos y conflictos en torno a la elección de los candidatos, que a los proyectos y propuestas concretas que den solución a la problemática de la gente.

Las necesidades y demandas más sentidas aparecen en todas las encuestas


Estos estudios demuestran que la gente apoyará más a quienes le inspiren la mayor confianza, a los que estén más cerca de su situación cotidiana, de sus preocupaciones y sus anhelos. Lo que menos contará para la mayoría será la vestimenta que porten o la imagen que proyecten, sea la de un ciudadano o de un político, pues, a final de cuentas, son y representan lo mismo.

¿Por qué?


Porque no todos los ciudadanos son políticos, pero sí son políticos todos los candidatos ciudadanos. Por lo tanto, la solución a esta realidad no está en el cambio de nombre o de apariencia, sino en el ajuste profundo de las estrategias para recuperar la confianza en la clase política.


Preguntas y comentarios a sosaplata@live.com

@sosaplata | @OpinionLSR | @lasillarota



Debe iniciar sesión para poder enviar información

Debe iniciar sesión para poder enviar información