Opinión

Política migratoria e incorporación de extranjeros en México

El aumento de la llegada y circulación de personas en movilidad, ha sido un tema relevante durante las primeras décadas del siglo XXI. | Alejandro García Juárez*

  • 31/07/2021
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En esta ocasión comparto un esbozo de síntesis de la problematización de acontecimientos y procesos relacionados con la presencia y circulación de diversas colectividades de migrantes, examinados en anteriores entregas. No se trata solo de una reproducción de los textos, constituye más bien un sumario de los rasgos principales de la política migratoria en México (de forma tanto histórica como contemporánea) con el objetivo de conocer algunos de los problemas y riesgos comunes continuamente experimentados por inmigrantes de origen nacional diverso, que ingresaron y residieron en el país durante la última década.

Dicho de otro modo, interesa comprender por qué el proceso de acogida por la sociedad y por el Estado es tan complicado para distintas poblaciones de nacidos en el exterior del territorio mexicano. Se podría objetar que los procesos de integración en el ámbito de las migraciones internacionales no pueden ser reducidos a una cuestión valorativa sobre qué tan completa o incompleta puede resultar la recepción que brinda la sociedad de llegada. 

Sin embargo, sobre el caso mexicano las investigaciones al respecto subrayan la multiplicidad de factores que influyen en los procesos migratorios, además de lo importante que han sido las tendencias históricas que ha seguido la formulación y seguimiento de la política migratoria. En este sentido, la ambigüedad con que diversos actores gubernamentales –y no gubernamentales—interpretan e implementan la normatividad migratoria, puede ser decisiva para el desenlace del proyecto migratorio de las personas

Por lo anterior, se examinan conceptualmente tanto los criterios restrictivos, selectivos y discrecionales que ha configurado la política migratoria de manera histórica en México, y posteriormente, se sugiere observar el despliegue histórico de la normatividad migratoria en la última década para observar los cambios (al menos en el papel), así como las continuidades observadas en las distintas experiencias cotidianas de los inmigrantes que arriban al país. 

Para no extender demasiado dicho objetivo, describiré tres ejes analíticos principales que pueden contribuir a problematizar la llegada, integración y percepción de poblaciones extranjeras a territorio mexicano. 

En primer lugar, me refiero a la discusión en torno a lo que Jorge Durand denomina modelo migratorio; concepto entendido como la imposición de políticas migratorias que moldean el contexto de fenómeno migratorio con la finalidad de lograr objetivos y corregir las desviaciones que distancien el flujo migratorio de una situación ideal esperada1. A este respecto, destaca el hecho de que en México no se está expresado de manera explícita la orientación persecutoria de la política migratoria (se dice buscar la protección de los derechos bajo un esquema de migración ordenada, segura y regular) pero en la práctica el Instituto Nacional en México (INM) manifestaba una tendencia a presentar cada vez más  extranjeros (indocumentados) respecto a años anteriores, misma que se presentó un descenso en 2020, debido a las restricciones a la movilidad aún más pronunciadas durante la pandemia. 

Tan sólo en el periodo de enero a abril de 2020, fueron presentadas un total de 32, 216 personas por encontrarse en situación migratoria irregular en el país. En 2019 durante el mismo periodo se registró un total de 51, 607 extranjeros presentados2 . Esto último llama la atención si también consideramos las estimaciones sobre el número de extranjeros devueltos a sus países de origen por la autoridad migratoria mexicana, pues la información provista por el INM a Notimex indica que en 2019 fueron devueltos un total de 39 mil 653 personas, es decir, una cantidad mayor de la que ingresó en 20203. 

Esto último ilustra que a pesar de los desafíos que los contextos de recepción manifiesten en México actualmente, el modelo migratorio caracterizado principalmente por la inmigración de tránsito y el acogimiento humanitario, sigue siendo la alternativa más viable para aquellos que deciden salir de su país de origen en Centroamérica, el Caribe, y en menor medida en Sudamérica, África y en Asia. En otras palabras, los flujos migratorios se han mantenido con regularidad.

Más que examinar el andamiaje normativo del INM, es importante interrogarse ¿por qué ha aumentado en la última década la cantidad de extranjeros presentados y devueltos por la autoridad migratoria, cuando a nivel discursivo y legal se habla acerca de los inmigrantes, migrantes en tránsito y solicitantes de refugio como figuras a las que se debe garantizar la protección de sus derechos? ¿Es contradictorio –y paradójico— este proceder o coincide con la tendencia histórica a la selectividad y restricción de las autoridades mexicanas en materia migratoria? Por supuesto que no todo el panorama es desalentador para los extranjeros, pero para ilustrarlo debe refinarse la escala analítica. 

Hasta el momento el problema concreto se mantiene en un nivel muy general sobre la realidad migratoria en México, ya que, aunque lo anteriormente descrito expone las tendencias generales de la política migratoria, es importante considerar aquellos eventos que si bien no suelen representar un cambio paradigmático en cuanto los procesos de incorporación de migrantes a nivel nacional, dotan de un nivel de particularidad digno de análisis a los lugares en dónde se han suscitado.

En segundo lugar, aquellas dificultades manifiestas en los procesos de incorporación de población extranjera tienen origen no sólo en la legislación a nivel nacional, sino en la falta de homologación entre esta escala y los programas, políticas y leyes a nivel local—para el caso mexicano más que una escala local, se trata de una escala estatal, o intermedia–.

Con la llegada de las denominadas caravanas migrantes compuestas por miles de personas originarias de los países del Triángulo del Norte de Centroamérica –Honduras, Guatemala y El Salvador— durante los últimos meses de 2018 y los primeros de 2019, las diferencias en la forma de aproximarse y accionar sobre el fenómeno migratorio se han vuelto más notorias. Por una parte, podemos encontrarnos con las posturas de habitantes y autoridades de aquellos lugares más cercanos a la frontera sur –por ejemplo, poblados como Mapastepec y Huixtla en el estado de Chiapas— que han pasado de una actitud hospitalaria y solidaria con los migrantes, al hartazgo y deseo de cierre de la frontera para no tener que lidiar más con el flujo de personas, por su magnitud principalmente4.

Por otra parte, aún sin que quede claro si la población está o no de acuerdo, en Ciudad de México las autoridades atendieron y se prepararon para ofrecer apoyo a los miles de personas que arriban a la ciudad como parte de estas caravanas. Este apoyo abarca desde la habilitación de albergues para que puedan pasar la noche y los días que permanezcan en la capital, así como asistencia médica, psicológica y legal; las autoridades incluso ofrecen información acerca de los procedimientos que deben seguir para poder estar más tiempo en la ciudad y conseguir algún permiso de trabajo y documentación para facilitar su estancia5. Desafortunadamente, otros grupos de inmigrantes, principalmente los de origen haitiano y de algunas diásporas afrodescendientes, no han logrado establecerse, aun cuando inicialmente se los recibió con los mismos criterios. 

La experiencia de las caravanas migrantes que han ocurrido en los últimos meses no sólo pone de relieve los diversos patrones que han desarrollado los procesos migratorios centroamericanos6, sino también la forma en que la cuestión migratoria despierta en los ciudadanos y funcionarios mexicanos, actitudes y acciones hospitalarias o poco solidarias en el otro extremo (por mencionar solo un ejemplo). 

Este correlato se ubica en el marco de uno de los debates que ha ocupado a los tomadores de decisiones de política pública, organismos internacionales, sociedad civil y académicos, y conforman lo que será el tercer eje analítico del presente ensayo. De manera puntual me refiero a aquella postura que cuestiona no sólo la efectividad de los modelos migratorios, sino la naturalidad con la que nos aproximamos a ellos, como si el sistema de clasificación y jerarquización de las personas y sus motivos para ingresar a un país distinto del de nacimiento y residencia habitual, fuera una entidad inmutable. 

El tercer eje, implica analizar desde una postura crítica la manera tradicional de investigar los procesos de incorporación migratoria, como si fuesen lineales y sólo pudiesen ser evaluados en términos de las categorías reconocidas por el Estado mexicano a través de su política migratoria

Será preciso mostrar que esta postura toma como punto de partida este régimen de clasificación migratoria que distingue entre inmigrante regular e irregular, inmigrante económico, solicitante de refugio, entre otras formas de movilidad y desplazamiento, como si implicaran que las personas tienen una sola posición identitaria (Nyers, 2013. 14) —en términos de si son migrantes, o alguna otra categoría— y únicamente una serie de motivos inapelables para migrar. Aunque el análisis de las dificultades en el proceso de incorporación de migrantes en México para extranjeros de determinados orígenes nacionales fue abordado en la entrega anterior, es importante retomar el argumento central a modo de conclusión. 

Cuando se piensa en la gestión de las fronteras y las poblaciones, así como en los procesos de incorporación migratoria, es importante considerar que la intervención activa de la infraestructura estatal a través de sus agencias y sus agentes, no solo reafirma la autoridad y poder del Estado para quienes residen e ingresan al territorio, sino frente a la capacidad y alcance del aparato estatal de otros países involucrados en asuntos migratorios. Esta relación entre Estados tiene diversos fondos y matices históricos, en los cuales en México se ha observado una creciente subsunción de la política migratoria a los intereses de Estados Unidos. La relación desigual que existe se reproduce de forma inversa hacia países como Honduras, Guatemala, El Salvador, y Haití, entre otros.

Es importante señalar que no todo se despliega desde la dinámica del conflicto, aunque sí de la coerción a través de programas y planes a gran escala de cooperación, los cuales, aunque suelen implicar la dominación de unos intereses estatales sobre otros, en otros contextos y regiones, al menos en las Américas, las poblaciones en movilidad pueden verse beneficiadas. 

Sin embargo, para el caso de Norteamérica, las asimetrías de poder no solo son notables en la dimensión macro que abarca todos los ámbitos de competencia del Estado, para verse reflejadas en la experiencia cotidiana de las personas que experimentan mayores o menores dificultades para establecerse o transitar por un territorio distinto al que nacieron y donde residían habitualmente. Ha sido expuesto con anterioridad, que los modelos de acogida e incorporación humanitaria representan un gran apoyo para los inmigrantes, solicitantes de refugio y otras personas admitidas por razones humanitarias, terminan una vez que las situaciones de emergencia se han normalizado.

De este modo, para entregas posteriores considero conveniente esbozar una especie de contraste histórico entre los regímenes y esquemas de intervención y política migratoria en México con otras regiones y países donde el aumento de la llegada y circulación de personas en movilidad, ha sido un tema relevante durante las primeras décadas del siglo XXI.


* Alejandro García Juárez

Doctorante en Estudios del Desarrollo, Problemas y Perspectivas Latinoamericanas del Instituto Mora.  Maestro en Sociología Política por el Instituto Mora. Licenciado en Sociología por la Universidad Nacional Autónoma de México.

1.  Durand J. (2016). Historia mínima de la migración México-Estados Unidos. 1a edición ed. Mexico. City: El Colegio de México.

2.  Instituto Nacional de Migración, 2019.

3.  Observatorio de Legislación y Política Migratoria. (2019) “México ha deportado a 39 mil 653 migrantes en 2019” Consultado en https://observatoriocolef.org/noticias/mexico-ha-deportado-a-39-mil-653-migrantes-en-2019/?fbclid=IwAR3mVOyn2d984VszcxNKiQr6F5Dq-bFOJPILz%E2%80%A6 el 14 de mayo de 2019.

4.  Villegas, P. y Semple, K. (2019) “Ya no son tan bienvenidos: una ciudad mexicana culpa a AMLO por los migrantes”. The New York Times, 22 de abril de 2019-

5.  Fuentes, D. (2019) Se alista CDMX para llegada de la “caravana madre”. El Universal, consultado el 23, 04, 2019.

6.  (Durand, 2016: 19)

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