Opinión

Pluralidad o dominancia en 2021

El dilema a resolver es: encontrar el justo medio si realmente se busca la pluralidad. | Ricardo de la Peña

  • 24/08/2020
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En semanas pasadas se dio una disputa que pareció ser una muestra más bien de la real polarización política existente, que una discusión real sobre el sentido de la democracia y las acciones para su preservación en México.

Ni qué negar que hay un avance en el empoderamiento del Ejecutivo Federal sobre los demás poderes, y que mediante el recurso de artilugios diversos, insostenibles desde una perspectiva ética, pero difícilmente anticonstitucionales, un partido político, el del propio encargado de la Presidencia de la República, alcanzó una mayoría artificial en el Congreso y confeccionó las alianzas requeridas para disponer en muchas ocasiones, aunque con reparos, de mayorías absolutas que le permiten reformar a su antojo las normas que nos rigen.

La dominancia presente

Y es claro que la presencia de este bloque no necesariamente homogéneo, pero que sí se unifica en torno a la figura de su líder máximo, rompe con dos décadas de gobiernos divididos en los que se obligaba al gobernante en funciones al encuentro de pactos o mecanismos de negociación política con las oposiciones. Pero esta es la lectura formal, pues para muchos ciudadanos lo que se vivió en los años previos a la más reciente elección representó la integración de un frente unitario de las hasta entonces al menos parcialmente diferenciadas fuerza políticas que se sumaron a un único proyecto, el “Pacto por México”, que respondía más a los criterios, voluntades y pertinencias definidas por una élite, más que a las demandas expresas de la población. Tal vez este sea uno de los elementos, a veces olvidado o minimizado, que esté detrás del tsunami que barrió con el reparto previo de posiciones partidarias y entronizo a un único liderazgo donde una figura mitificada podía representarles la salida de estos ejercicios de uniformidad de un proyecto nacional no deseado.

La pluralidad posible

Y ahora se enfrenta una situación paradójica, pues la fortaleza del partido gobernante hace prever que pudiera sostener la condición de mayoría en el legislativo. Eso obliga a pensar que la mejor estrategia de quienes son sus opositores es presentar una coalición formal amplia, que pueda derrotar al partido gobernante en una cantidad significativa de distritos e impedirle el logro de su anhelada mayoría, aunque ello redunde en darle sustento a la acusación del gobernante de que todos son expresión de la misma causa calificada de conservadora. Pero he aquí que si se pretende que la unión opositora convenza a la mayoría del electorado debiera avanzar en precisar las directrices de un posible gobierno emanado de sus filas. Construir esta propuesta unificadora terminará por derruir las diferencias y unificarlos realmente bajo un paraguas del que será muy difícil que se descobijen. Esto es: la ruta contra la dominancia ajena los puede llevar a una fusión ideológica donde ya no sean distinguibles y se erijan en una mayoría tan monolítica como la que pretenderían reemplazar. Ese es el dilema que deberán resolver: encontrar el justo medio si realmente se busca la pluralidad.

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