Opinión

Pigmentocracia

El tema de la discriminación por color de piel sigue causando escozor en la sociedad. | Leonardo Bastida

  • 17/08/2019
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Desde hace tiempo circula un video en YouTube titulado “Muñeco blanco, muñeco negro”, el cual muestra una breve investigación realizada por la agencia 11.11 Cambio Social en la que a un grupo de niñas y niños se les muestran dos muñecos: uno cuyo color de piel es blanco y otro cuyo color de piel es negro. Las preguntas eran qué muñeco consideraban bonito y cuál feo, cuál bueno y cuál malo, entre otras. La mayoría señaló al muñeco de color de piel negra como malo y feo.

El video fue ampliamente cuestionado por diversos sectores, por considerar que las respuestas eran inducidas y que entre las niñas y los niños no podía existir un racismo. En contra argumentación, se dijo que el video pretendía mostrar como desde los juguetes se construían prejuicios, pues, entre otras cosas, su origen estuvo motivado en la imposibilidad de encontrar en las jugueterías de México, un muñeco cuyo tono de piel no fuera blanco.

En días recientes, de la noche a la mañana, tras una mención en medios de comunicación, se puso en boga un término surgido en la academia de las ciencias sociales, pigmentocracia.

Un concepto propuesto en 2014 por el sociólogo Edward Telles, de la Universidad de California, tras recabar y analizar datos sobre un amplio rango de cuestiones étnico-raciales en cuatro países de Latinoamérica: Brasil, Colombia, México y Perú. Naciones en las que se consideró había un grueso de población indígena o afrodescendientes considerable.

La investigación derivó del Proyecto sobre Etnicidad y Raza en América Latina, cuyo objetivo era, según palabras del propio Telles, “conocer el sentimiento de identidad y pertenencia de las sociedades por su color de piel, así como sus oportunidades”, además de los contextos de discriminación y desigualdad en las sociedades de América Latina. Para lograrlo, el estudio se basó en encuestas y preguntas respecto de percepciones sobre discriminación, preguntas sobre opinión pública, y sobre minorías étnico-raciales, políticas y movimientos sociales, lográndose obtener datos que no era posible vislumbrar mediante las bases de datos existentes como censos y encuestas.

Lo anterior representó un enfoque novedoso y a este se sumó la implementación de una paleta de colores con 11 diferentes tipos de tonalidades de piel para que a través de su observación, se pudiera percibir si el color de la piel afecta a la estratificación social y a la discriminación. Al respecto, el propio Telles, también autor de Raza en otra América, libro por el cual fue galardonado con el premio a mejor publicación por la Sociedad Americana de Sociología, reconoció que la metodología desató debates, pero no descartó su eficacia,

Una medición similar fue llevada a cabo por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, la Comisión Nacional de Derechos Humanos, la Universidad Nacional Autónoma de México, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, a través de la Encuesta Nacional sobre Discriminación 2017 (Enadis, 2017), la cual mostró que “el tono de piel es un motivo de discriminación que puede afectar a las personas en distintos ámbitos de su vida”.

Lo anterior se sustentó en datos como que de la población participante de entre 18 y 59 años, que se declaró con tonalidad de piel más obscura, 33.5 por ciento tiene educación básica incompleta; del grupo con tonalidades intermedias el porcentaje es de 24.4 por ciento, y de 18 por ciento para aquel con tonalidades más claras.

En cuanto el acceso a la educación superior, 16 por ciento de la población con tonalidad más obscura cuenta con nivel de educación superior; porcentaje que aumenta a 22.7 por ciento para población con tonalidad intermedia; mientras que de las personas con tonalidad más clara, la cifra sube a 30.4 por ciento. Una brecha superior a los 14 puntos por encima del primer grupo.

El tema de la discriminación por color de piel sigue causando escozor en la sociedad. Muchas personas han refutado esta realidad mostrada por estudios como el de la Enadis 2017 y el de Telles. Sin embargo, desde diferentes visiones, como la de la investigadora Sirin Adlbi Sibai, quien retoma la teoría de la decolonización surgida en América Latina, y que desde hace años ha cuestionado visiones hegemónicas del feminismo a través de su libro “La cárcel del feminismo” (Akal, 2016), no se puede aspirar a un mundo igualitario si no se toma en cuenta que en el mundo contemporáneo las cuestiones raciales también generan contextos de desigualdad.