Pesos y contrapesos

Va apenas el primer mes de una Presidencia de setenta y uno. En los primeros días se ha vivido una vorágine que refleja más desencuentros en la forma que en el fondo, al manifestarse sentimientos intensos a favor del cambio y una creciente y en ocasiones eficaz resistencia. Ambos aspectos se expresan en forma desenfrenada y tienden a la colisión verbal, pero ello no lleva a batallas mayores en la realidad, por una contención lógica, donde más allá de las declaraciones, no se pretende incrementar indebidamente los costos del proceso para las partes, pues si se elevan, a todos les será más difícil alcanzar sus objetivos.

Los saldos del uno de julio

Es claro que el espacio político nacional quedó redefinido a mediados de año. Ello no sólo por la contundente victoria en la pista Ejecutiva y la rápida manufactura artificial de una mayoría en la Legislativa, sino por la desarticulación de las fuerzas partidarias opositoras, unas aliadas, otras dispuestas a pactar y las restantes reducidas a su mínima expresión, sin un horizonte diáfano ni un programa que proponer a la nueva sociedad mexicana.

Pero el nuevo balance no lleva irreparablemente a una nueva hegemonía ni a lo monolítico, aunque el temor a caer en ello tenga algún fundamento. En el seno del propio grupo dominante se muestran voces disidentes, puntos de vista encontrados o al menos diferenciados. No todos están avasallados, no todos aceptan ser silenciados, ni asumen los deseos de furibundos espíritus proclives a lo totalitario, que los hay ciertamente.

Y en los espacios de oposición paulatinamente van descubriendo fórmulas para expresarse o encontrar cauce a sus inquietudes, demandas, intereses. Lo logran con muchas equivocaciones, con demasiadas ausencias, sin atinar todavía a configurar una propuesta que anime al público expectante que pudiera no querer que los actuales se eternicen en el mando nacional.

Los reales contrapesos

Empero, en la disputa política y económica del presente se han manifestado con claridad quienes son los reales contrapesos, más allá de los debilitados partidos de oposición: el potencial de la sociedad de encontrar voces autorizadas que expresen puntos de vista distintos, que reclamen, que exijan, que muestren errores o demanden correcciones inmediatas. Estas expresiones logran atenuar e incluso evitar que se tomen decisiones apresuradas de quienes llevan demasiada prisa por realizar los cambios que desean, los obligan a la reflexión, a la reconsideración, a reconocer que se han equivocado, a rectificar y corregir el rumbo, aún antes de haber hecho realidad una amenaza.

Y estos contrapesos sociales no están solos, pues los mercados son reales y están allá fuera, lejos de la capacidad de control de unos cuantos. Estos mercados son capaces de vigilar, juzgar y sancionar, así lo nieguen los políticos. Y pueden elevar los costos o impedir que se realice cualquier acción, programa o proyecto público. Y eso, es claro, es lo que menos desea un gobierno.

Abrir las consultas populares

@ricartur59 | @OpinionLSR | @lasillarota



Debe iniciar sesión para poder enviar información

Debe iniciar sesión para poder enviar información