El pasado jueves 7 de septiembre, el presidente de la República declaró al embajador en México, Kim Hyong Gil de Corea del Norte, persona non grata, otorgándole 72 horas para abandonar el país, plazo que se cumplió el pasado domingo 10 de septiembre a las 12:00 horas. Sin embargo, el embajador norcoreano no dejó el país, sino hasta el día 15 de septiembre, fecha en que se reanudaron los vuelos a Cuba, donde está programada la nueva misión diplomática de Kim Hyong Gil.

La cancillería mexicana, a través del comunicado N°341, manifestó que "con esta acción diplomática, México expresa al gobierno de Corea del Norte absoluto rechazo a su reciente actividad nuclear, que significa una creciente y franca violación del derecho internacional y representa una grave amenaza para la región asiática y para el mundo", de igual forma afirmó que "en los últimos meses, la República Popular Democrática de Corea (Corea del Norte) ha cometido flagrantes violaciones al derecho internacional y a las resoluciones del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), al realizar ensayos nucleares y lanzar misiles con tecnología balística de largo alcance."

Sin embargo, pese a ese comunicado a través del cual la Secretaría de Relaciones Exteriores señala las razones por las cuales fue expulsado el embajador norcoreano, reduciendo exclusivamente las relaciones diplomáticas con aquél país, al rubro de los negocios entre ambas naciones, no puede pasar por desapercibido, tal y como lo adelantábamos en esta columna en un artículo anterior subtitulado ¿Renegociación o ruptura de relaciones?, que el vice – presidente estadunidense Mike Pence, ha estado exhortando de manera reiterada a los gobiernos de Sudamérica y a México a romper relaciones con el gobierno de Corea del Norte para aislar al régimen de Kim Jong-un. Todo ello, en el marco de la segunda ronda de renegociaciones del TLCAN, de igual forma, señalábamos que México se encuentra inexorablemente condicionado por el gobierno estadunidense, situación que en definitiva marca el rumbo de la política exterior del gobierno mexicano, postura y acciones que no necesariamente son congruentes con nuestras necesidades e intereses como nación.

La declaración de persona non grata con respecto al embajador de Corea del Norte, se circunscribe a lo dispuesto en el artículo 9 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961, en donde se establece que: "El Estado receptor podrá, en cualquier momento y sin tener que exponer los motivos de su decisión, comunicar al Estado acreditante que el jefe u otro miembro del personal diplomático de la misión es persona non grata, o que cualquier otro miembro del personal de la misión no es aceptable. El Estado acreditante retirará entonces a esa persona o pondrá término a sus funciones en la misión, según proceda.", circunstancia que necesariamente implica la pérdida de privilegios e inmunidades que se reconocen a los funcionarios extranjeros acreditados en nuestro país y que se traduce en la práctica a un nuevo conflicto diplomático innecesario para ambas naciones.

El preámbulo de dicha convención establece que las normas del derecho internacional consuetudinario deben continuar rigiendo las cuestiones que no hayan sido expresamente reguladas en las disposiciones de la Convención de Viena, como ejemplo de ello tenemos el principio de reciprocidad, lo cual significa, que si México expulsa al embajador de Corea del Norte, la medida correspondiente resultaría irremediablemente en la declaración de persona non grata del embajador mexicano en aquél país, sin embargo, el Embajador de México ante la República de Corea, es al mismo tiempo el que concurre en funciones ante la República Popular Democrática de Corea y de Mongolia. Por tanto, no se actualizó la medida de reciprocidad correspondiente y las acciones de Corea del Norte por dicha afrenta, todavía no las conocemos, salvo por las descalificaciones provenientes de Pionyan, que nuevamente, no dejan bien parada a la diplomacia mexicana. 

Ahora bien, tomando en cuenta todos estos aspectos, tendríamos que reflexionar en torno a la cuestión sobre la decisión del gobierno mexicano, en el sentido de establecer ¿si esta medida en particular reditúa beneficios para el país?, o siendo más crédulos , ¿si esta decisión permitirá entrar en razón a las autoridades de Corea del Norte en torno a su escalada armamentística?, o pareciendo más ambiciosos, ¿si tal postura, nos permite intervenir en la configuración del orden internacional?, sino encontramos respuesta en uno u otro sentido, valdría la pena sostener la máxima de "no pelear guerras ajenas", debido a que las implicaciones inciertas no se dejan esperar.

En este orden, hemos sido testigos en las últimas semanas de la política exterior estadunidense, misma que no otorga ningún tipo de beneficio a nuestro país, está por finiquitar el DACA, programa que daba respiro y esperanza a los dreamers de regular su situación jurídica en Estados Unidos, la confirmación, no sabemos todavía cómo y a través de qué medios, pero el muro va y la amenaza constante de que los Estados Unidos se levantará de la mesa de renegociación del TLCAN.

@OpinionLSR | @lasillarota



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