Opinión

¿Perfectos desconocidos?

La mayoría de las candidatas y candidatos de las Elecciones 2021 han sido, son y serán unos #PerfectosDesconocidos. | José Antonio Sosa Plata

  • 05/05/2021
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A un mes de que se realicen las elecciones más grandes de nuestra historia, un alto porcentaje de la población no sabe –ni sabrá– quiénes son las y los candidatos que están contendiendo. El tema no es nuevo. En prácticamente todas las elecciones sucede así, a pesar de los esfuerzos que las autoridades electorales hacen, junto con otras instituciones, para que nuestro voto esté mejor razonado.

Las encuestas lo confirman. Pero el hecho es que, en las elecciones intermedias, a muy pocos les interesa conocer a sus representantes, sobre todo los que tendrían que estar más cerca de la ciudadanía. Es el caso de quienes aspiran a un cargo como concejales o en los congresos locales y el congreso federal. En contraste, quienes más llaman la atención de la gente son los que buscan una posición en el poder ejecutivo local o estatal

Para las y los consultores políticos, dar a conocer a estos candidatos es un reto de enormes proporciones. Aunque los medios digitales y redes sociales han facilitado un poco la labor, existen diversos obstáculos para que la ciudadanía esté bien informada sobre este tema tan importante. El más destacado es que aún se minimiza la relevancia que tiene el Congreso en nuestra democracia.

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Explicar a la ciudadanía lo que realmente hace un legislador parece una tarea sencilla. Con unas cuantas frases se responde. El problema de fondo es que un alto porcentaje de la población percibe estas funciones como algo lejano o poco útil en su vida cotidiana. Pero eso no es todo. Sumemos el hartazgo que tiene la gente en la política, el desprestigio que por décadas han acumulado las y los legisladores y la lejanía real que tiene la mayoría con la gente de su distrito (“Solo vienen cuando necesitan el voto. Después, no regresan”).

Por otra parte, se debe tener en cuenta el objetivo del posicionamiento. Ubicar al candidato o candidata y su mensaje en la mente del elector es una labor compleja cuando compiten por las mismas audiencias, en forma simultánea, decenas de personajes en una zona geográfica pequeña y acotada. Y peor aún cuando vemos la difusión desde una perspectiva nacional, con la renovación de más de 21 mil cargos de elección popular. Sin duda, se trata de algo casi imposible de manejar cuando se busca la eficiencia.

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En una elección intermedia es evidente que a las y los candidatos no les alcanzan los recorridos, entrega de volantes, pinta de bardas, contratación de espectaculares, botargas y carteles, entre otros recursos de comunicación directa. En contraste, sus niveles de reconocimiento sí suben con las ridiculeces que hacen, los escándalos en los que se ven involucrados o la guerra sucia con la que se les ataca. Pero esto no les da votos.

Tampoco les sirven de mucho las reuniones que se están realizando a través de las plataformas digitales como Zoom, ni los debates que organizan las autoridades electorales en todo el país, que en su mayoría registran audiencias bajas y muy pocas visitas o likes en las grabaciones que quedan en la web.

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Y qué decir de las y los candidatos independientes, quienes además tienen en contra los pocos recursos que la ley les permite invertir durante sus campañas. Sin embargo, los ejemplos más preocupantes son los de quienes van por la reelección. Es impresionante ver a cientos de personajes que, a pesar de haber legislado o gobernado durante casi tres años no lograron los niveles de reconocimiento que debió darles su gestión.

En una elección presidencial, la atención principal la acaparan unos cuantos personajes. El resto, pasan a segundo término y la gente emite su voto en forma pareja o diferenciada no por los nombres que aparecen en la boleta. La decisión la toma el elector como un castigo o para dar –o no– un mayor poder al próximo presidente de la República. En las elecciones intermedias, el fenómeno se repite en menor proporción, pero solo en las entidades donde se elige a gobernadores o presidentes municipales.

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Las plataformas electorales de los partidos y coaliciones contienen sus diagnósticos, narrativas, elementos diferenciadores y propuestas. Pero una vez más, se trata de documentos que no siempre son el mejor referente para las y los candidatos. En consecuencia, el ecosistema de comunicación se satura convirtiéndose en esa Torre de Babel amorfa, obesa e ineficiente, en la que no solo se desperdician los recursos sino que va en contra del voto razonado.

Ante esta situación, partidos y coaliciones concentran una gran cantidad de recursos en la realización de campañas genéricas, de manera particular los millones de spots que se insertan gratuitamente en radio y televisión. Hasta ahora, solo unos cuantos aspirantes logran colocarse en estos mensajes. Son quienes tienen un valor táctico de la mayor importancia dentro de las estrategias generales de los institutos políticos.

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Como no se ha logrado cambiar este modelo de comunicación política, en las elecciones más grandes de la historia el presidente de la República tomó la decisión de “emular” una elección presidencial. Para mantener la abrumadora mayoría que logró en 2018, la búsqueda del voto parejo es uno de sus objetivos principales. 

En muchas candidaturas, la decisión estratégica del primer mandatario podría ser un lastre. Pero en otras tantas, a las candidatas y candidatos les dará la comodidad de no hacer grandes esfuerzos para ganar, pues al votar por Morena y sus partidos aliados se estará apoyando, “al cien, a ya sabes quién”.

Recomendación editorial: Benito Taibo, Rosa Beltrán, Antonio Malpica y Jorge Vargas B. Uf, ¿Y para qué votar? México, Alfaguara, INE, 2018.

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