Opinión

Percepción remota en evaluación de intervenciones para el desarrollo

Datos geoespaciales y herramientas tecnológicas, una oportunidad para el diseño y evaluación de intervenciones de desarrollo. | Balán Gutiérrez*

  • 31/01/2021
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El escenario post covid-19 impone desafíos para la política pública que se suman a la desconfianza creciente en la evidencia como sustento para su diseño y los cuestionamientos relativos a la medición obsesiva[1]. Por ello, los hacedores de política pública requieren explorar nuevas opciones para contar con datos confiables que permitan obtener y analizar información sobre el uso de los recursos públicos de formas más económicas y eficientes. Y ahí es donde el big data, y en particular los datos de percepción remota tienen una gran valía para utilizarse en evaluaciones de impacto en intervenciones para el desarrollo.

La creciente disponibilidad de datos geoespaciales y de herramientas tecnológicas constituye una oportunidad sin precedentes para su aprovechamiento en el diseño y evaluación de intervenciones de desarrollo. Se calcula que existen 525 satélites operacionales no militares orbitando la Tierra[2] y se puede acceder sin costo a imágenes de sistemas satelitales como Sentinel o Landsat y explotarlos a través de plataformas amigables (por ejemplo, GeoQuery http://geo.aiddata.org/query/#!/) y de software de análisis de datos de código libre como R o QGis.

A través de la percepción remota, es decir, de la recolección de datos de un área geográfica a través de la medición de las ondas electromagnéticas que emite o reflejan los objetos y que se colectan a través de sensores a distancia (fundamentalmente sensores ópticos y de radar), se puede obtener información valiosa que en combinación con otras fuentes de datos obtenidos en campo puede utilizarse para la toma de decisiones basada en evidencias. Esta información contribuye a entender el crecimiento urbano, manejo de desechos, salud de los cultivos, usos de suelos, extensión y calidad de cuerpos de agua, desplazamientos de tierra, daños a infraestructura, detección de incendios, erosión de costas, derrames de petróleo, detección de actividades ilegales, tráfico de recursos, monitoreo de recursos ambientales o incluso estimaciones sobre niveles socioeconómicos.

No todas las intervenciones para el desarrollo son susceptibles de poderse evaluar utilizando datos geoespaciales, pero, incluso en aquellos proyectos en lo que no sea posible, se puede brindar información valiosa sobre el contexto en el que se lleva a cabo la intervención (infraestructura, indicadores socioeconómicos, clima, vegetación, etc.).

Para llevar a cabo una evaluación de impacto con datos geoespaciales se requiere ubicar de forma unívoca el área geográfica de atención (georreferenciar) y combinar los datos levantados in situ con aquellos obtenidos por los instrumentos de percepción remota (siendo los más importantes los satelitales y drones).

Las evaluaciones de impacto con datos geoespaciales pueden constituirse como una buena alternativa al estándar de oro de las evaluaciones de impacto, los ensayos controlados aleatorios (o Randomized Controlled Trial en inglés), pudiendo crear grupos de atención y control, pero sin asignarlos de forma aleatoria[3]. De acuerdo con AidData[4], laboratorio de investigación aplicada enfocado en el financiamiento para el desarrollo, las evaluaciones de impacto geoespacial (GIE, por sus siglas en inglés) se valen de métodos cuasi experimentales comúnmente utilizados como diferencias en diferencias o pareamiento por puntajes de propensión para obtener el contrafactual.

Las ventajas de llevar a cabo este tipo de evaluaciones basadas en datos geoespaciales incluyen la posibilidad de contar con datos por largos periodos, incluso antes de la intervención y después de que ésta concluya (posibilitando evaluar su sostenibilidad en el largo plazo), su obtención a distancia, la identificación de múltiples grupos de control con menores costos y la posibilidad de acceder a localidades remotas o en contextos de emergencia, entre otras.

Algunas de las agencias para el desarrollo internacional como la estadunidense USAID, la sueca SIDA, organismos de evaluación como la Asociación Europea de Evaluación o DEval en Alemania, además de otros actores como la fundación Rockefeller, el Banco Africano para el Desarrollo y agencias del sistema de Naciones Unidas ya han puesto interés en el uso de datos de percepción remota en las evaluaciones de impacto. A esto se suma la trascendencia que representa esta opción para enfrentar los retos globales que enfrentamos, tales como la emergencia climática, la gestión de riesgos por desastres y la disminución de las desigualdades, por lo que seguramente veremos en el futuro cercano nuevos enfoques y metodologías que los incorporan y cuyo uso será cada vez más generalizado.

El aprovechamiento de los recursos y las herramientas citadas puede ayudarnos a explorar el gran volumen de datos disponibles y atender la necesidad de conocer los impactos que tienen los proyectos y las políticas públicas para el desarrollo. Para lograrlo, se requiere que hoy nos dejemos llevar por la curiosidad y aprender sobre ellas, utilizarlas y aportar evidencia útil. Otro ejemplo más de cómo el espacio contribuye a resolver los retos sociales que enfrentamos.

*Mtro. Balán Gutiérrez | Economista y maestro en Cooperación internacional para el desarrollo por el Instituto Mora. Especializado en el diseño, operación y evaluación de políticas públicas y proyectos de desarrollo. Fue director de asuntos internacionales en la Agencia Espacial Mexicana.

 


[1] En 2010 Andrew Natsios publicó el ensayo The Clash of the Counter-bureaucracy and Development, donde aborda las tensiones que existen entre desarrollar proyectos que son fáciles de probar resultados o aquellos que pueden tener mayores impactos pero que son más difíciles de medir.

[2] Estimaciones hecha por UNITAR.

[3] Los CRT son una metodología de evaluación de impacto donde se asignan participantes de forma aleatoria a varios grupos que reciben distintos tipos de intervención (tratamiento) y otros que no reciben nada (control); ha ganado notoriedad con la asignación del premio Nobel en 2019 a Abhijit Banerjee and Esther Duflo, sin embargo, existen críticas a esta metodología por cuestiones éticas, metodológicas y de costos.

[4] De acuerdo a su propia descripción, es un laboratorio de investigación e innovación que busca hacer que el financiamiento para el desarrollo sea más transparente, responsable y efectivo https://www.aiddata.org/

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