Opinión

Pequeñas historias sobre la basura aprovechable

En materia de reciclaje hace falta mucho por hacer en términos de planeación del desarrollo industrial.

  • 29/06/2017
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México ha sido un buen botón de muestra para muchas cosas, por ejemplo, para desaprovechar tanto el agua de lluvia como el potencial de la basura. En el primero de los casos, la infraestructura hidráulica de las ciudades sigue construyéndose de manera que el agua de lluvia se desperdicia totalmente y se mezcla con las aguas grises o residuales, sin aprovecharla para algunos usos en los que podría sustituir al agua entubada o a la que es llevada en pipas, y saturando torpemente las redes de drenaje.  

En el segundo caso, si bien es cierto que el desperdicio no ha sido total pues desde siempre ha habido pepenadores que han sacado provecho del reciclado de algunos residuos como el papel y cartón, el vidrio y las latas, la verdad es que durante décadas se ha desaprovechado el gran potencial que tienen tanto los residuos urbanos como los industriales.

Ese potencial abarca varios procesos distintos, como el reciclaje, la elaboración de compostas, el aprovechamiento energético, la formulación de combustibles alternos, la recuperación de biogás y la incineración, la cual, después de años de titubeos burocráticos y luchas intestinas en los gobiernos de la ciudad, afortunadamente será utilizada en la gran planta térmica que se está construyendo al oriente de la Ciudad de México. Esta tecnología permitirá reducir el volumen de residuos y generar electricidad en un sistema que controla emisiones tóxicas como las dioxinas y los furanos.

Pero el abanico del aprovechamiento de la basura es más amplio, como se comenta a continuación. Un proceso sencillo y de muy bajo costo es la elaboración de compostas, lo cual se hace con residuos orgánicos para utilizarse como abono o como material para recuperación de suelos. Es una práctica común en escuelas y universidades como parte de los programas de educación ambiental.

Hay algunos procesos que permiten el aprovechamiento de la biomasa, conjuntamente con los plásticos, papel y cartón, entre otros residuos, mediante transformaciones fisicoquímicas que aprovechan el contenido energético de dichos materiales para producir vapor o electricidad.

En lo que se refiere a la formulación de combustibles alternos, éstos se constituyen con residuos como llantas, estopas y aceites gastados para ser utilizados como sustitutos de combustibles fósiles en hornos que operan a altas temperaturas, como los de la industria cementera.

El reciclaje permite reutilizar y reinsertar los residuos a manera de insumos en diferentes procesos de producción, y si bien esta práctica es la que más se ha utilizado, lo cierto es que se ha ido organizando en función de los intereses y las presiones de organizaciones, o mafias para decirlo sin tapujos, que controlan la pepena y la venta de materiales reciclables en todos los rellenos y tiraderos del país.

Pero en materia de reciclaje hace falta mucho por hacer en términos de planeación del desarrollo industrial. Por ejemplo, el concepto de sinergia de subproductos utilizado en países desarrollados, permite planear la localización de establecimientos industriales considerando los procesos que usan los subproductos o residuos de otros establecimientos, lo que permite reducir los costos económicos y ambientales, así como elevar la productividad de las empresas.  

Y también están los métodos que permiten aprovechar el gas metano que se genera en los rellenos sanitarios y tiraderos a cielo abierto, y que puede ser recuperado para aprovechar su poder calórico como carburante en automotores o en calderas y turbinas para generar electricidad.

Esto último es lo que me recuerda una pequeña historia sobre un proyecto que funcionó encomiablemente en un pequeño rastro del norte del país, hace unos 15 años, y que la necedad, las envidias y la reticencia al cambio de las autoridades municipales no permitieron que éste se mantuviera en operación y que no se pudiera reproducir en otros lugares.

Se trataba de un sistema basado en un biodigestor en el que se introducían el estiércol, la sangre y el contenido ruminal de los animales que pasaban por el rastro, desechos que antes de la instalación del sistema, se aventaban en el tiradero municipal. El biodigestor producía biogás, que en ese caso era utilizado en un soplete para quemar el pelo de los canales de cerdo, pero que podía aprovecharse también para generar energía eléctrica, agua caliente o vapor para otros procesos internos.

El proceso de aprovechamiento energético del biodigestor deja residuos orgánicos, los cuales en ese caso se aprovechaban como alimento de lombricultura, esto es, en la producción de lombrices que eran utilizadas como biabono y como insumo en la producción de alimentos para animales. El mismo municipio podía utilizar el bioabono en sus camellones y jardines.

Aún más, era un rastro curiosamente limpio y sin moscas porque se había implantado una especie de pequeña avispa cuyo principal objetivo era buscar y consumir las larvas de las moscas, y que no generaba consecuencias colaterales.

Ese proyecto era un buen ejemplo de sustentabilidad económica y ambiental: entre otros aspectos positivos aprovechaba todos sus residuos y por lo tanto eliminaba la necesidad de contratar camiones que los llevaran al tiradero municipal, reducía costos de operación, generaba ingresos adicionales a la empresa, contribuía con el municipio ofreciéndole bioabono para sus parques y jardines y reducía emisiones atmosféricas contaminantes. Pero la historia no tuvo un final feliz: con las elecciones municipales hubo cambio de partido político y el entrante consideró que el proyecto era, antes que nada, un proyecto partidista y por lo tanto había que eliminarlo a como diera lugar. Lástima, era demasiado bueno para ser verdad. 

@lmf_Aequum


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