Pemex, la ingenuidad y la cuarta transformación

Según Petróleos Mexicanos del periodo que comprende enero a octubre del pasado año existieron 12,581 tomas clandestinas Incluyendo ductos de terceros operados y mantenidos por Pemex, un gran porcentaje de ellas se encuentran en los estados de Puebla, Hidalgo, Guanajuato, Veracruz y Jalisco.

En la administración pasada fueron contabilizadas cerca de 40,000 tomas clandestinas, lo cual significó un aumento de 262% en referencia al sexenio anterior del presidente Felipe Calderón. Según datos presentados por la paraestatal significa un costo anual que ronda cerca de los 7 mil millones de pesos, para tener una idea, las acciones del estado mexicano en el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto llevaron a la detención de 1,600 personas, de las cuales 189 están en prisión preventiva a octubre del 2018.

Para entender el asunto, Pemex cuenta al día de hoy con una infraestructura de ductos con una longitud operativa de 17 mil kilómetros, conformado por cerca de 48 oleoductos, para la transportación de hidrocarburos, petrolíferos y petroquímicos, para, según la empresa dar "la garantía del abasto oportuno" de los hidrocarburos en el país.

Esta es una de las razones por las que Pemex y sus instalaciones se consideran instalaciones estratégicas de seguridad nacional, según la Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública en su Artículo 146: "Se consideran instalaciones estratégicas, a los espacios, inmuebles, construcciones, muebles, equipo y demás bienes, destinados al funcionamiento, mantenimiento y operación de las actividades consideradas como estratégicas por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, así como de aquellas que tiendan a mantener la integridad, estabilidad y permanencia del Estado Mexicano, en términos de la Ley de Seguridad Nacional".

Derivado de esto, es que las fuerzas armadas, es decir la Federación, están facultadas, según el marco jurídico aplicable, a hacerse cargo de las instalaciones de Pemex, sus ductos y toda su infraestructura.

Huachicol como modus vivendi

El negocio del huachicol se ha convertido en un modus vivendi para muchas comunidades con pocas posibilidades para el desarrollo, empleo y progreso, este fenómeno también se ve auspiciado por cárteles de la droga y bandas del crimen organizado que han diversificado sus actividades delincuenciales con el propósito de tener más dividendos. Hay quien dice que ha sido mucho más redituable el negocio del huachicol que el de la droga, pues no se necesitan tantos insumos, ni riesgos aparentes para su consolidación, además que en la colusión con los pobladores estos mismos se han convertido en sus principales defensores.

Este negocio ha logrado generar redes muy amplias de protección y poder tanto político como económico, pues en un cálculo muy somero si todas las ordeñas hubieran existido en un mismo momento, habría habido una toma clandestina por cada 400 metros de la red de ductos, respecto a los 40 mil señalados con anterioridad.

Bandas como los Zetas, el Cártel de Jalisco Nueva Generación, Cártel del Golfo, Beltrán Leyva, Cártel de Sinaloa, la Familia Michoacana, muchas de ellas en plena decadencia, han sido relacionados con la distribución ilegal de gasolina se han involucrado en este tipo de actividad sin mayor problema para sus operadores.

Mucho se ha hecho con muy pocos resultados, de manera aparente para revertir este gran problema que lastima duramente las actividades económicas del estado. Según lo advirtió el presidente López Obrador -lo cual era evidente para todos- la red de corrupción trastocaba incluso los adentros de la paraestatal, razón por la cual tomó la decisión de llevar a cabo acciones drásticas para disminuir significativamente el problema.

Es evidente que a los ladrones no se les va a decir qué se va a hacer, sin embargo, la estrategia en un inicio debió haber iniciado con la posibilidad de brindar rutas de distribución secundarias para el abastecimiento oportuno, es decir garantizar el abasto y la programación que ya no iba a ser llevado de la manera tradicional, subsecuentemente a ello detener el robo vía ductos de parte de las organizaciones criminales.

Sin embargo, esto no ocurrió y se creó un ambiente que está cerca de convertirse en un problema de mayores magnitudes al generar, el mismo gobierno, una sensación de pánico y miedo por escasez, teniendo como consecuencia que los consumidores salieran a comprar en emergencia gasolina. Ante una reserva de día y medio que aproximadamente tienen las gasolineras, y las compras masivas de los consumidores, necesariamente se generará un eventual desabasto de manera más rápida.

Sin que esta situación haya escalado en temas de violencia, el crecimiento de esta problemática podría terminar siendo la crispa que haga la hoguera en esta crisis, incluso convertirlo en un tema de seguridad nacional. La estrategia del Gobierno Federal es "secar" los ductos para frenar la ordeña, sin embargo cabe la pregunta, ¿Cuánto tiempo deberán estar sin abastecimiento lo ductos para que no se reactive el huachicoleo? Y ¿qué va a hacer el gobierno para abastecer de manera puntual a las gasolineras y evitar el enojo de los consumidores? Quienes, es evidente, fueron la última parte del control de daños de la estrategia del Gobierno Federal.

Pemex por su parte ha pedido paciencia y calma a la población ante los hechos, ha dicho reiteradamente que se tiene suficiencia en hidrocarburos en el país y en la ciudad, sin embargo la frustración y el miedo se ha apoderado de la población haciendo oídos sordos de los dichos del Gobierno. Mientras tanto, los ciudadanos esperamos que se termine o se controle la problemática del huachicol -lo cual se antoja hasta cierto modo iluso- y que no sea el inicio de un problema mayor que involucre a la ciudadanía y la seguridad nacional del país.

¿Necesitamos un Cuerpo Nacional de Policía?

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