Opinión

Pemex: De caja chica a hoyo negro

El principal problema para Pemex, será hacer frente a su deuda financiera.

  • 07/02/2016
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Pemex inició 2016 en un entorno totalmente desfavorable. La reforma energética que prometía ser una solución a sus múltiples problemas, se revertió en los últimos meses. Para el primer semestre del año, la paraestatal tendrá vencimientos de deuda por 8,640 millones de dólares y hasta este momento, el precio del barril de petróleo se ha reducido 70% en dos años; mientras que el dólar, apunta a rebasar los veinte pesos en el transcurso del año.

 

Su titular Emilio Lozoya Austin, asumió hace tres años la dirección de Pemex con la misión de transformar al coloso energético y modernizarlo. Hoy, el panorama es totalmente opuesto al imaginado y Lozoya Austin, ha comenzado a implementar recortes al gasto, anular o disminuir inversiones y reducir la plantilla laboral.

 

Por largo tiempo, Pemex fue considerada la caja de flujo del gobierno federal, quien aportó el 40% del presupuesto público de los últimos cuatro sexenios. Apenas hace 30 años, todavía era considerada una pieza estratégica para elegir al presidente de la república y la relación con el líder del sindicato petrolero en turno, determinaba el derrotero de las elecciones; quizás Carlos Salinas fue el último presidente arropado por esa relación, quien al poco tiempo de asumir la presidencia, mando detener en enero de 1989, al entonces líder petrolero Joaquín Hernández Galicia alías La Quina, acusado de tráfico de armas y corrupción.

 

Salinas de Gortari además de romper con el sindicato, propone la apertura del sector energético a la inversión privada; a partir de ese momento, el tema de la apertura será una constante durante los siguientes cuatro sexenios. El escándalo de corrupción y desvío de fondos a la campaña presidencial de Francisco Labastida Ochoa en el año 2000 de por lo menos mil millones de pesos, por parte del sindicato petrolero dirigido por Carlos Romero Deschamps y el entonces titular de Pemex Rogelio Montemayor, se sumaron a la lista de fundamentos para justificar aún más la apertura del sector energético.

 

Así, desde 1990 y hasta el 2014, la apertura energética de México, se convirtió en una tarea sistemática tanto de los gobiernos en turno como de los diversos sectores empresariales nacionales e internacionales interesados en invertir en el sector energético mexicano. Durante este tiempo, Pemex entró en un proceso de estancamiento tecnológico, técnico y operativo que ahondó las deficiencias laborales y recrudeció los actos de corrupción minando sus finanzas, pese a que los precios del petróleo, se mantuvieron arriba de 100 dólares por barril por varios años.

 

Aunque parecía cuestión de tiempo, quizás pocos hubieran imaginado que antes de celebrar un año de la aprobación de la reforma energética, Pemex se encontraría en un escenario de profunda crisis financiera, con miras incluso a ser rescatada por el gobierno federal debido a las ineficiencias operativas y compromisos deuda contraídos por la empresa, que se conjugaron con la caída de los precios internacionales del petróleo.

 

Bajo este escenario, Pemex deberá hacer frente a vencimientos de deuda durante 2016 y 2017 por 8,640 millones de dólares, cifras reportadas al tercer trimestre de 2015. Dicho monto, corresponde al 74% del total de la deuda financiera de corto plazo, que corresponde a diversos préstamos bancarios y vencimientos de colocación de bonos en los mercados internacionales.

 

En total, la deuda de Pemex, asciende a 190,549 millones de dólares (3.2 billones de pesos); el pasivo financiero representa 45.8% del total de la deuda, mientras que el pasivo laboral significa 47.5%. A lo anterior, se debe agregar, que el 76% del pasivo total de la paraestatal, está en dólares, lo que hace suponer que en el reporte anual que se dará a conocer el próximo mes de marzo, estaremos observando un incremento de los pasivos por efectos de la devaluación del peso durante 2015. Quizás, demás está decir, que desde noviembre y hasta el primero de enero de 2016, fecha en que Juan Pablo Newman, asumió la dirección financiera de Pemex, el área permaneció acéfala, mientras la paraestatal, continuó colocando bonos de deuda.

 

Pemex además, deberá hacer frente en el corto y mediano plazo a los retos de adaptarse a los requerimientos y modelos de negocios de las empresas con las que se estará asociando. Sin embargo, el principal problema para Pemex, será hacer frente a su deuda financiera debido a que la empresa continúa emitiendo deuda. Al corte del tercer trimestre de 2015, la deuda financiera total de Pemex ascendía a 87,317 millones de dólares.

 

El pasado 27 de enero, el secretario de hacienda Luis Videgaray, anunció que se inyectarían recursos públicos a Pemex para sanear su situación financiera y develó que los compromisos que mantiene con sus proveedores por 69 mil millones de pesos, serán cubiertos vía Nacional Financiera mediante el programa al desarrollo de cadenas productivas, lo que podría interpretarse como una primera fase de rescate de Pemex.

 

Aún así, bajo estas condiciones, Pemex colocó apenas hace unos días un bono por 5 mil millones de dólares a diez años. Moody´s puso a revisión la calificación de Pemex al rebajarla a (Baa1), un escalón antes de considerarse nota especulativa; no obstante, las otras dos calificadoras de riesgo no han modificado la calificación de la petrolera.

 

Por muchos años, mientras la empresa fue cien por ciento paraestatal, toda la deuda emitida en los mercados financieros por Pemex, estaban respaldados por los activos financieros del gobierno federal, ahora con la reforma energética, el único aval de Pemex, será su palabra y la promesa de que los contratos firmados con sus socios serán rentables, lo que coloca a la petrolera en una posición vulnerable y que podría propiciar que todos los mexicanos terminemos pagando una versión de rescate que bien podría convertirse en un hoyo negro o llamarse el Pemexproa.

 

Twitter:  @ijm14

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