Partidocracia inútil

“Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”, dijera el filósofo de Güemes. Y no por decirlo deja de ser cierto en el caso del laberinto político-electoral de México.

Es más: una cosa es que según la ley exista en México un sistema de partidos políticos (los que sirven de hilo conductor en democracia) y otra cosa es que en efecto tengamos partidos políticos en México, lo cual está en muy veremos.

Ya se ha debatido hasta la coronilla que los partidos políticos de México no son los interlocutores entre sociedad y gobierno con base en sus ideales, sus principios, su ideología, su doctrina y su particular proyecto de Nación… Que es decir, la definición ideológica individual y de grupo…

De hecho, en la parte documental de cada uno hay coincidencias muy generales, aquello del bienestar de la Nación, de la justicia, de la igualdad y del “todo cumplido para todos”… Aunque la diferencia estaría en ‘cómo mata las pulgas cada uno’. Pero no la hay, aunque por sus integrantes-dirigentes sabemos cuál es la ruta y la meta de cada uno de ellos… Y sus ambiciones particulares.

Los partidos políticos en México son membrete y pasaron ya a ser puro trámite de registro oficial para obtener las prerrogativas –dinerito, contante y sonante- y para participar en lo electoral y conseguir más dinerito y poder, y los beneficios de ese poder mal entendido…

Porque la médula de cada uno de ellos está en el rejuego político de sus integrantes y la falta de solidez en sus principios, los de los partidos como los de los políticos mexicanos que brincan de un lado para otro buscando acomodo para su vida pública y presupuestal: Un día son priistas, luego perredistas, luego morenistas, luego verdes, luego azul-morado… Lo que sea: no importa…

Se hace muy cierto entre nuestros políticos nacionales aquello de Groucho Marx… “Soy un hombre de principios, pero si no le gustan estos, aquí tengo estos otros”.

Al final de cuentas, la gente con derecho a elegir decide por los hombres y no por sus partidos; deciden en contra de hombres, no en contra de su partido, aunque tengan que tachar o no tachar su etiqueta en la boleta electoral…

En las elecciones de julio de 2018 se votó en mayoría por Andrés Manuel López Obrador para presidente de México. Pero ¿cuántos de esos votantes de veras votaron por el partido que les decía lo que habría de ser el país, o por la coalición Juntos haremos Historia que contenía a otros partidos que no tenían nada que ver unos con otros por su origen y principios?

Y ¿cuántos de esos votos eran para reprobar al gobierno de Enrique Peña Nieto al que repudió la mayoría nacional aun cuando no terminaba su gestión? ¿Votaron en contra del PRI o de Peña Nieto como castigo a su mal-malísimo gobierno? El resto de los partidos quedaron navegando a la deriva, con broncas internas, luchas de poder, confrontaciones entre sus militantes o simpatizantes…

Todos ellos hoy mismo no hacen oposición. Ni se entienden bajo la responsabilidad de ser una oposición seria, congruente, rigurosa y en efecto factor de equilibrio político. Siguen en sus dimes y diretes internos sin asumir –como partidos políticos que reciben recursos públicos—sus culpas y sus perspectivas como oposición, que también le da sentido a la democracia

Partidos políticos: aspirando al poder y la gloria

¿Cuánto nos cuesta a los mexicanos mantener a estos partidos políticos que no lo son y que sí son entidades de interés particular-individual e infra ideológicos? Pero ya se sabe que un partido político en México puede ser una fuente de poder y de grandes cantidades de dinero, en medio de la maraña política nacional. Todos quieren estar ahí y cuando una nave se cae, afilan otra y otra…

Hoy sabemos que el Instituto Nacional Electoral (INE) recibió hasta el 31 de enero la solicitud de 106 organizaciones que manifestaron su interés por convertirse en partidos políticos nacionales.

Pero algo andará mal por ahí en tanto calidad política de cada uno de ellos pues el INE acepta el registro y sus propuestas ideológicas, doctrinarias, de gobierno, de Nación… y todo eso que los constituye como entidades de interés público, pero lo lamentable está no en la calificación de estos contenidos y las similitudes o exactitudes con otras organizaciones ya existentes o en la lucha por ser partidos políticos…

El requisito será que cumplan con un número determinado de firmas de simpatizantes o militantes que les permitirá acceder a las prerrogativas y a todo eso que se llama proceso electoral…

Y de nuevo la vuelta a la noria. ¿Cuántos de estos partidos que se registraron (106 menos 4 que al final se echaron para atrás) son en verdad una novedad? ¿Cuántos de ellos de veras representan las aspiraciones de un grupo importante de mexicanos por cambiar las cosas en democracia y libertad? ¿Cuántos de ellos son organizados por cartuchos quemados en la política y que se acercan al fogón para recalentar sus vidas luego de sus propios fracasos?

Ahí están Felipe Calderón y la señora Margarita Zavala con su “México Libre” –o como se llame-, los mismos que dejaron a su histórico instituto político el Partido Acción Nacional (PAN) por pleitos entre su cúpula de la que por mucho tiempo ellos formaron parte y contendieron.

¿Y qué hace por ahí un deplorable señor Quadri que sin pudor alguno luego de sus agraviantes declaraciones con su Cambiemos por México?… Y Luis Cobo Obregón, ex dirigente del fallecido PANAL ahora con su “Grupo Social Promotor de México”… ¿Cuántos por ahí de la misma catadura?...

Pero ya están ahí. Aspirando al poder y la gloria. El país es lo de menos. Y es así. ¿Hasta cuándo?

Venezuela… ¿Y México?

@joelhsantiago  | @OpinionLSR | @lasillarota



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