Parité!! esa humanidad de dos con todos los derechos

Las comisiones unidas de Puntos Constitucionales y Para la Igualdad de Género del Senado aprobaron el Dictamen de reforma del artículo 72 constitucional y otros relacionados, así como varios artículos de la Ley Orgánica del Congreso General de los EUM y reglamentos asociados. El objeto de las reformas es "garantizar la paridad de género a nivel ejecutivo, legislativo y judicial, tanto a nivel federal como de las entidades federativas" y, se entiende por extensión a los municipios, como se deduce de la mención al artículo 115 entre el articulado incluido en la Minuta.

Este es quizá el paso más trascendental que se ha dado en materia de igualdad entre mujeres y hombres de los últimos cien años. Se trata de un efectivo reparto 50/50 de los cargos públicos y puestos de poder entre estas dos mitades de la ciudadanía mexicana, que se incluye a toda clase de mujeres: por razones de preferencia, condición sexual, étinica, etaria, o cualquier otra condición y situación. Tal Iniciativa pretende -según se señala- "fundar un nuevo contrato social", "un nuevo equilibrio entre hombres y mujeres donde quede erradicada toda exclusión estructural hacia las mujeres y las niñas".

Aludir a un nuevo contrato social entre hombres y mujeres, es hacer referencia a un cambio profundo de ese contrato sexual que según Carole Pateman (1988) existe en la base de las sociedades patriarcales modernas. Según ésta autora hubo o hay todavía en las sociedades occidentales u occidentalizadas, un pacto entre varones considerado "natural" y por tanto previo al Contrato Social del orden civil y político roussoniano o lockiano, que coloca a las mujeres en el plano de la domesticidad y la reproducción sexual, como un plano regido por "leyes de la naturaleza" previo al orden civil o político. Este contrato sexual en términos de Carole Pateman, implicó distribuir el poder político y los derechos civiles solo entre varones y distribuirse entre ellos el acceso al cuerpo femenino en una tripleta de servicios que son la base estructural de la desigualdad entre mujeers y hombres aún hoy dia: el control de la reproducción biológica a través del control del cuerpo y la sexualidad de la mujer, en orden al deseo masculino y la reproducción y, la exclusiva dedicación de las mujeres al trabajo de cuidado para ellos y su prole.

La "naturalización" de la diferencia sexual femenina que conllevó a su subordinación y subjeción, fue cifrada en los códigos civiles, las leyes matrimoniales e incluso en las cartas constitucionales de modo que ya en plena modernidad la lucha de las mujeres en primera instancia consistió en cuestionar esta exclusión proclamando su igualdad con los hombres y demandando su inclusión en la universalidad de los derechos a partir de exigir la indiferencia del derecho (Agacinski, 1998).

En palabras de Joan Scott (1996) las mujeres reclamaron para sí los derechos de los hombres. En el mismo tenor que lo hicieron en su momento los colonizados negros y de diversas razas, condiciones y colores de piel, reclamando los derechos de los hombres blancos y propietarios.

Sin embargo el universalismo en materia de derechos fue cuestionado por sus sesgos etnocéntrico, colonialista, patriarcal y heteronormativo a partir de las luchas sociales de los años sesenta y setenta, tanto como las de los y las jóvenes; las luchas por la liberación nacional de países colonizados del siglo XX, las de minorías étnicas dentro de estas mismas naciones, así como las luchas culturales de la población LGBTQ, etc., dando orígen a un debate entre lo particular y lo universal; entre el derecho de las minorias y las mayorías.

La crítica más corrosiva al universalismo fue que este patrón omniabarcativo de derechos borraba todas las diferencias de lo particular ofreciendo solo dos opciones, ambas con resultados excluyentes, ya que o bien ceñía lo particular a subsumirse en lo universal al cual no pertenecía, o bien lo expulsaba negando su existencia, provocando desigualdad y discriminación por los dos costados.

En el feminismo el debate se centró en la vieja cuestión de la igualdad y la diferencia entre hombres y mujeres atisbada por la misma Carole Pateman en el texto de Mary Wollstonecraft (1792) En este texto Wollstonecraft proclamaba la extensión de los derechos ciudadanos a las mujeres, a partir de que son distintas a los hombres y la ley debe reconocer estas diferencias. Con ello según Pateman se instala un dilema o disyuntiva en las luchas feministas entre la igualdad y la diferencia que todavía pervive.

En este marco en la misma cuna del universalismo, Francia, surge entre 1992-1998 un debate a favor de la paridad de las mujeres en los cargos de elección, retomando la propuesta hecha por el Partido Verde alemán unos años atrás. En este debate destacan las ideas de una triada de autoras, diputada, periodista, feministas: Françoise Gaspard, Claude Servan-Schreiber y Anne Le Gall, participantes de la Red Europea de expertos sobre las mujeres en la toma de decisión que miraban con preocupación las bajas tasa de participación femenina en cargos de elección.

En la publicación del libro Au pouvoir citoyennes. Liberté, égalité, parité (1992) escrito por aquellas, se afirma que el individuo abstracto de la universalidad ya no puede ser sólo hombre, sino también mujer, por lo que habría la necesidad de "asexuar la representación de la ciudadanía, es decir eliminar la universalidad del abstracto masculino, sexuando al individuo abstracto"; es decir reconociendo la diferencia sexual en la abstracción de la ciudadanía. Como habría de sintetizar Joan Scott (2006) recogiendo años después esta experiencia.

De esta manera, desvinculaban la diferencia sexual de la dualidad anatómica, afirmando la dualidad de la especie humana, negando la diferencia de sexos en el ámbito de la representación política. Así las mujeres podrían ocupar justamente la mitad de la representación porque el conjunto de los individuos ciudadanos se divide en dos sexos.

La voluntad de repartir el poder entre hombres y mujeres -diría Agacinski – solo puede ser legítima si admitimos que el sexo no es una seña de identidad social o cultural -como lo es una lengua, religión, o característica comunitaria- sino una diferencia universal, es decir que el género humano solo existe en esta doble forma: masculino y femenino.

Por tanto, el derecho a la igualdad debía ser implementado por ley, en forma de paridad en la cual las mujeres deberían ocupar la mitad de los cargos para asegurar la igualdad plena. La Ley por la cual el Estado francés establece la participación femenina del 50 por ciento se aprobó el 6 de junio del 2000. El dictamen que se votó ayer por unaminidad en el Senado, pasará a sus pares en la Cámara y de ser aprobada sin modificaciones, en breve tendremos igualdad plena de mujeres y hombres en México.

Imágenes de la violencia entrópica

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