Opinión

Para romper el silencio (una vez más, dónde están las personas desaparecidas)

¿En qué momento puedes considerar que has encontrado a un familiar que ha desaparecido? ¿Cuándo te dan indicios de sus restos?. | Leonardo Bastida

  • 13/05/2022
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¿En qué momento puedes considerar que has encontrado a un familiar que ha desaparecido? ¿Cuándo te dan indicios de sus restos? ¿Al instante en que te dan partes de sus restos o se necesita el cuerpo completo? ¿El día en que te explican las circunstancias por las que desapareció? ¿De verdad en algún momento reencuentras a tu familiar? Muchas otras preguntas pueden plantearse con respecto a la desaparición de personas, una realidad latente en nuestro país, donde hay casi 100 mil registros de personas desaparecidas. 

El fenómeno es abrumador y la respuesta escasa. El abrasante calor del noroeste mexicano no impidió que hace casi una década, un grupo de mujeres iniciará la búsqueda de sus familiares desaparecidos en las inmediaciones de El Fuerte, Sinaloa. Un ritual semanal, repetido de manera constante, muchas veces fotografiado, innumerables ocasiones reseñado en los medios de comunicación, y ahora, plasmado en el documental “Te nombré en el silencio”. 

Considerado uno de los mejores documentales mexicanos de 2021, nos resulta un acompañamiento visual a Mirna Nereida Medina, una de las fundadoras de lo que el periodista Javier Valdés, nombró como ‘Las rastreadoras de El Fuerte’, quienes, ante la falta de respuesta gubernamental, comenzaron su propio camino para saber qué ocurrió a sus familiares, desaparecidos desde hace años. En el caso de Mirna, su hijo Roberto Corrales Medina, quien tenía 21 años la última vez que se le vio, y después, sólo se encontraron algunos de sus restos. 

De manera muy íntima, José María Espinosa de los Monteros introduce al espectador al cotidiano de una mujer que todos los días recibe a familiares de personas desaparecidas en su oficina; ha desarrollado un sentido de identificación de posibles fosas en yermos y campos; elaboró sus propias herramientas de búsqueda con los instrumentos que tenía a la mano; enfrenta a grupos criminales organizados y muchas otras vicisitudes, tratando de rastrear a un grupo de chicas y chicos desaparecidos, pero ha desenterrado una violencia estructural hacia quienes han perdido a un familiar y desconocen dónde está.

El documental se estrena después del 10 de mayo, día en que más de 80 colectivos de familias de personas desaparecidas de 24 estados de la República Mexicana y tres países de Centroamérica, integrantes del Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México, tomaron el primer cuadro de la ciudad de México para exigir una verdadera política nacional de atención y prevención de las desapariciones que resuelva pendientes como el funcionamiento efectivo de la Ley General en Materia de Desaparición, se instale el Sistema Único de Información Tecnológica e Informática, se cree el Banco Nacional de Datos Forenses y se adopten las recomendaciones del Comité contra las Desapariciones Forzadas de la Organizaciones de las Naciones Unidas. 

Dicho Comité ha señalado que en nuestro país hay una crisis forense, pues hay 52 mil personas fallecidas sin identificar en fosas comunes, instalaciones de los servicios forenses, universidades y centros de resguardo forense, sin tomar en cuenta los cuerpos todavía no localizados, ni los miles de fragmentos de restos humanos que las familias y comisiones de búsqueda recogen semanalmente en las fosas clandestinas.

Un rayito de luz se asoma con la publicación de la reforma a la Ley General en Materia de Desaparición de Personas para crear el Centro Nacional de Identificación Humana, aunque, como lo externa Mirna, a nombre de muchas otras mujeres en situaciones similares, la verdadera calma llegará con el hallazgo de sus familiares y la develación de la verdad sobre lo que les ocurrió. Mientras tanto, continuará el silencio sobre una de las crisis más grandes en materia de derechos humanos vivida en México.

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