Opinión

Para no olvidar

Termina el año el gobierno con poco que presumir y mucho que cambiar. | Julio Castillo López

  • 01/01/2020
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El año que termina ha sido uno de los años que más se ha hablado de política, más se ha polarizado a la sociedad y más se han separado los conceptos de “buenos” y “malos” resultados, y aunque el gobierno y su partido se vea en la necesidad de hacer grupos de defensa de su gobierno, hay varias situaciones que son imposibles de defender y que no deberían olvidarse, porque son la antítesis de lo que ofreció López Obrador en campaña.

· En primer lugar, la violencia y la inseguridad. La escalada ha sido notoria y aunque se esfuercen en culpar a otros gobiernos y otros tiempos es evidente el fracaso actual. Mes tras mes hemos sido testigos de cómo se rompen los récords de violencia y no se ve estrategia ni intención de cambiar la tendencia; frases como “abrazos no balazos” o “fuchi” o “acusarlos con sus mamás” podrán resultarles muy simpáticas a algunos, pero negar la violencia y satirizarla es estar del lado de los victimarios. Los decomisos, el “gran operativo” que terminó con la liberación de Ovidio Guzmán y la extraña y selectiva lista de delitos que sí se combaten despiertan muchas suspicacias y ponen en la balanza la posibilidad de un fracaso contra la posibilidad de que simplemente ni siquiera lo estén intentando. No es política es seguridad y si no logran frenar la violencia no importará casi nada más, será un gobierno fallido.

· El fracaso económico. El nulo crecimiento y la pérdida de empleos han sido una constante todo el año. En campaña, López Obrador aseguró dos cosas centrales en materia económica: que bajaría el precio de la gasolina y que se crecería al 6%. Al inicio del gobierno cambiaron a 4% la expectativa y bueno, acabamos en 0% el año. Con excepción del precio del dólar y la inflación, que se debe reconocer se han mantenido, todas las cifras económicas hablan de fracaso; inversión pública y privada, inversión extranjera, generación de empleos, derrama económica y hasta fuga de capitales. México por primera no crece mientras crece EEUU y la promesa de la gasolina ha resultado opuesta porque ya subió, otra vez.

· Por último, la impunidad. El fracaso económico y en materia de seguridad era hasta cierto punto previsible desde la campaña. Sólo un verdadero ingenuo pudo creer la promesa de que con sólo llegar a la Presidencia se reduciría la inseguridad o que se crecería al 6%; la fuerza del discurso de López Obrador siempre estuvo en la honestidad. La exoneración de Bartlett, el fraude en el Senado para elegir a Rosario Piedra, la gran cantidad de plazas y contratos que tienen “amigos y parientes” de Morenistas, los conflictos de intereses evidentes, la vinculación con sindicatos corruptos y personajes con historias negras, la preferencia por la “adjudicación directa”, la clara intención de eliminar contrapesos y la falta de reglas de operación en la erogación de miles de millones de pesos en programas sociales son prueba de que la famosa “honestidad” de López Obrador no existe y la gente ya lo está empezando a notar.

Termina el año el gobierno con poco que presumir y mucho que cambiar. Los errores han sido de muchos tipos y en todos los rubros y es importante no dejar pasar la realidad. Pueden decir que el país se los entregaron mal, pero López Obrador llevaba 18 de campaña en México (no en Suiza o Noruega) y conocía todas sus realidades. No se debe olvidar ni tolerar la diferencia que hay entre lo que prometió y lo que está pasando, no es una narrativa, es un fracaso probado.

Esperemos un mejor 2020 que 2019, no debe de ser muy complicado.

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