Opinión

Pandemia, responsabilidad colectiva

La responsabilidad colectiva se convierte en un factor determinante para mitigar los efectos de la pandemia. | Agustín Castilla

  • 19/03/2020
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Todos los pronósticos advierten que en los próximos días se incrementará exponencialmente la propagación del COVID-19 en nuestro país, lo cual representará un reto mayúsculo para el sistema de salud pública -que en los últimos meses ha evidenciado preocupantes insuficiencias con el desabasto de medicamentos, falta de insumos médicos o de controles como en el caso del hospital de Pemex en Tabasco en que han perdido la vida 8 personas-, y también para la economía que antes de la pandemia ya se encaminaba hacía la recesión. 

Lo ocurrido en China, Italia, España o Estados Unidos anticipan lo que debemos esperar para las siguientes semanas y, aunque quizá en un principio se llegó a pensar que se trataba de una exageración, cada vez existe mayor conciencia de que los riesgos son reales y que es indispensable romper la cadena de contagio. También se ha generado la percepción de que las autoridades no están respondiendo con la firmeza y oportunidad requeridas, e incluso de que puede haber ocultamiento de información o que, contrario a lo que aconseja la OMS, las pruebas para su detección son muy limitadas y por tanto los datos oficiales no corresponden a la realidad. 

Sin duda la falta de coordinación entre dependencias de gobierno que han emitido mensajes desafortunados -como el anuncio de que se adelantaban las vacaciones cuando se trata de una suspensión de clases en escuelas que no es lo mismo- o hasta contradictorios -como el caso de Conade o con la realización del Vive Latino-, la desaparición del secretario de salud, el hecho de que no se haya convocado al Consejo de Salubridad General que es la máxima autoridad sanitaria, y sobre todo la decisión del presidente de seguir participando en giras y eventos masivos manteniendo contacto cercano con los asistentes, contraviniendo con ello las recomendaciones a la población de mantener una sana distancia, contribuyen al desconcierto y alimentan esta percepción. 

Sin embargo es de lamentar que se intente aprovechar la situación con fines de golpeteo político como también lo es que, en un afán por defender al gobierno ya sea de forma espontánea u orquestada, se arremeta contra quienes manifiestan una legítima preocupación y exigen acciones serias para enfrentarla. 

Es inevitable que en muy poco tiempo debamos pasar del distanciamiento al aislamiento social -cuando menos la Suprema Corte de Justicia, órganos autónomos como el INE y algunas empresas privadas ya han implementado medidas en ese sentido-, y si bien el gobierno debe cumplir con su obligación y hacer su parte asumiendo el liderazgo y tomando las decisiones necesarias para salvar vidas -que es lo más importante-, cuidar la salud de la población y atenuar el impacto económico, la responsabilidad colectiva se convierte en un factor determinante para mitigar los efectos de la pandemia y poder recuperar la normalidad lo más pronto posible. 

En este sentido, me parece indispensable que se convoque a una tregua política y se ponga un alto a la polarización -que en buena medida ha sido alentada desde el poder público- para sumar esfuerzos y concentrarnos en superar la crisis, que se evite difundir información falsa o no corroborada que sólo contribuye a provocar pánico en la población, que apliquemos rigurosamente las medidas de higiene personal, nos organicemos para salir de casa lo menos posible, y únicamente se acuda a los hospitales cuando sea estrictamente necesario para no saturar la infraestructura con la que contamos. 

También será muy importante despertar la conciencia social y ser solidarios con quienes se verán más afectados: las mamás que tienen que salir a trabajar y requieren que alguien de confianza cuide a sus hijos, las personas de la tercera edad para que puedan permanecer en casa, con todos aquellos que enfrentarán condiciones sumamente difíciles por la falta de ingresos (empacadores de la tercera edad, meseros, taxistas, prestadores de servicios, comerciantes, vendedores ambulantes etc.), e incluso ante el riesgo de que por el aislamiento se incremente la violencia intrafamiliar. Son muchos los retos que tenemos por delante y únicamente en unidad y con un claro sentido de responsabilidad social los podremos afrontar exitosamente como ya ha sucedido en otras ocasiones.