Opinión

Pacificar al país

Alcanzar la paz es un bien arduo y una vez que se alcanza es un bien incluso frágil y riesgoso si no descansa sobre sólidos principios. | Marco Antonio Adame

  • 01/06/2018
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La paz es fruto de la justicia, es la tranquilidad en el orden –como enseñaron los clásicos de la patrística latina, en especial Agustín de Hipona– y no solo es la ausencia de conflictos, sino que es una de las más profundas aspiraciones de los pueblos a lo largo de la historia, en nombre de la cual se ha hecho la guerra y a partir de la cual se han construido los grandes imperios y civilizaciones hasta nuestros días.

Sólidos principios

Alcanzar la paz es un bien arduo y una vez que se alcanza es un bien incluso frágil y riesgoso si no descansa sobre sólidos principios de verdad, justicia y sobre la fuerza de instituciones estables que representen la identidad y los intereses superiores de un pueblo. Es un bien preciado al grado de que su ausencia constituye una amenaza para la vida y la preservación de la sociedad.

Tomar justicia por propia mano

La sensación de falta de seguridad es abrumadora en todos los sondeos de opinión y la inseguridad real es latente en todos los ambientes. Para confirmarlo, las autoridades han declarado, a través de la Secretaría de Gobernación, que existe “un crecimiento inusitado de los índices delictivos en diversas regiones del país” y han adelantado un diagnóstico que no llega al fondo de las cosas ni convoca a la respuesta que el país necesita. La situación es tan grave que no hay lugar para consideraciones secundarias ya que, al margen del proceso electoral, lo que está sucediendo lastima a millones de mexicanos y es un asunto de estado que pone en riesgo la seguridad nacional y el orden público. Del punto en que estemos a la barbarie híper violenta, a la justicia por propia mano ya experimentada en distintos lugares, o a la inestabilidad social ya queda un tramo muy corto a pesar de los mensajes de tranquilidad de las autoridades.

Las propuestas de los candidatos

Pacificar al país es un asunto de sobrevivencia. Hay que decir que las propuestas de los candidatos algo incluyen a propósito, aunque la mayor de las veces a nivel de declaraciones de buena voluntad o fantasiosas como las que ha expuesto López Obrador.

En honor a la verdad, hay que señalar que la propuesta más acabada y realista que se ha conocido es la que ha presentado el candidato de la coalición Por México al Frente, Ricardo Anaya. Así quedó acreditado en distintos foros, de manera especial en el encuentro del Colegio de México, donde los representes de la coalición expusieron las propuestas de seguridad”.

El tema de la violencia está a la vista, o de las violencias como recientemente lo ha comentado Diego Fernández de Ceballos, cuando se refiere a distintas modalidades de violencia como la institucional, tristemente ejemplificada por la actuación de la Procuraduría General de la República en contra de Ricardo Anaya, causando daños a los derechos humanos de un candidato presidencial y afectando gravemente el proceso electoral con acciones ilegales de desvío de poder, como ya se ha declarado. La violencia del crimen organizado, con atentados y ejecuciones en contra de líderes sociales como periodistas, sacerdotes, políticos y candidatos que buscan minar la voluntad política de paz y justicia de la población; la violencia en las redes sociales con contenidos violentos, “fake news” y mensajes de odio que enervan a la sociedad; la violencia verbal de muchos candidatos que confunden la contienda electoral con una guerra que a nadie beneficia y que perjudica a todos, incluso ganando elecciones; y la violencia pasiva de la sociedad que por temor se muestra indiferente haciendo que su silencio sea cómplice de un sinnúmero de agravios destinados a la impunidad.

Es necesario actuar

Pacificar al país es un imperativo, de esto depende el futuro de la nación y la vida de las personas y comunidades. Lograr la anhelada paz a través de las instituciones, fortaleciendo los sistemas del civismo activo, de la participación social y política de los ciudadanos y las organizaciones sociales, nunca por la vía del caudillismo mesiánico o del liderazgo autoritario de un iluminado.

Por cierto, cada día cobran mayor relevancia las palabras del premio Nobel de la Paz y ex secretario general de Naciones Unidas Kofi Annan, al señalar que “el clima de violencia e inseguridad es caldo de cultivo para el surgimiento de líderes autoritarios”. México no necesita un profeta iluminado que absuelve a las masas ante conductas antisociales a nombre de obispos y pastores, a un caudillo que para llegar al poder perdona a los delincuentes y pacta con lo peor del PRI para darle impunidad a los corruptos. México necesita a un presidente que se comprometa con los ciudadanos y que se dedique a pacificar al país con la fuerza de las instituciones y en el marco de la ley, un líder que sirva a la nación asumiendo la agenda del cambio del país a partir de una agenda verdadera de paz, de orden, de tranquilidad en bien de los ciudadanos, sus familias y comunidades, un presidente como Ricardo Anaya, el único que puede vencer al caudillismo violento de López Obrador.

Espiral violenta

@MarcoAdame | @OpinionLSR| @lasillarota

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