Opinión

Otras actividades de las autoridades electorales

Es interesante la amplitud que han alcanzado los organismos electorales administrativos tanto el nacional como los locales. | Fernando Díaz Naranjo

  • 10/02/2020
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Cuando pensamos en lo que hacen las instituciones electorales en este país, lo primero que se nos viene a la mente son elecciones, campañas políticas, candidatos, propaganda, debates, spots publicitarios, impugnaciones, entre otros rubros más.

Analicemos algunos casos que muestran que dichas instancias cumplen otra serie de funciones.

Por ejemplo, con la reforma constitucional de 2014 en materia electoral, al Instituto Nacional Electoral (INE) le fueron asignadas importantes nuevas atribuciones que ha desarrollado con éxito en los procesos electorales federales de 2015 y 2018 respecto a la organización electoral.

No obstante, otras funciones le fueron impuestas y que llevó a cabo con óptimos resultados, como la que realizara, justamente en 2014, relativa a la organización del proceso interno de elección de dirigentes del Partido de la Revolución Democrática, que concluyó con el cómputo nacional de la elección de consejeros nacionales de dicho instituto político.

Sin ir más lejos, en días recientes el INE y la Secretaría del Trabajo y Previsión Social suscribieron un convenio cuyo objetivo es el establecimiento de las bases generales para contribuir a garantizar la representatividad de las dirigencias sindicales.

Este convenio se enmarca en la reforma laboral aprobada en 2017 en razón de que se establezcan nuevas reglas tanto para la justicia laboral como para el sindicalismo en nuestro país, tales como la eliminación de las Juntas de Conciliación y Arbitraje, la conformación de un Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral, la obligación de las dirigencias sindicales de comprobar su representatividad a través de el voto secreto y directo, entre otras.

El INE estaría apoyando, por mencionar sólo algunos, en el uso de herramientas y materiales electorales, y en acciones de capacitación, en la verificación de datos de la credencial de elector de los afiliados con la finalidad de que los trabajadores puedan elegir a sus dirigentes, lo cual rompería un esquema anquilosado del sindicalismo mexicano y permitiría una apertura democrática basado en las directrices de nuestro propio sistema político.

Este tipo de ejercicios abre el abanico de posibilidades que tienen las instituciones electorales en periodos donde no hay elecciones.

A nivel local también tenemos casos muy relevantes.

Algunos institutos electorales llevan a cabo una serie de actividades que no necesariamente corresponden directamente a la organización de procesos electorales, por ejemplo, la realización de ejercicios denominados de participación ciudadana donde la población, bajo la coordinación o tutela del organismo electoral respectivo, registra la opinión de la ciudadanía sobre las necesidades en su comunidad; en otros ejercicios votan por sus representantes vecinales y, en otras, bajo un presupuesto asignado específicamente, de acuerdo a una determinada Ley, votan por diversas obras y servicios que requieren en el lugar donde residen.

Como podemos observar, es interesante la amplitud que han alcanzado los organismos electorales administrativos tanto el nacional como los locales que, con autonomía, se han ido integrando a la planeación, desarrollo y ejecución de esquemas que son parte de la sociedad, por un lado; por el otro, tanto el INE como los institutos electorales locales se han ido ganando la confianza ciudadana necesaria en un sistema democrático como el nuestro.

Seguramente en un mediano plazo, observaremos otro tipo de ejercicios que generen un mayor acercamiento de nuestras instituciones electorales apoyando los quehaceres cotidianos de nuestro México y eso significará que nuestras decisiones, no sólo las electorales, las estamos institucionalizando en entes que nos generan certidumbre.

¡Hasta la próxima!